Aguilar de la Frontera (Córdoba). La cruz de la polémica, en una escombrera tras ser derribada.

La cruz derribada por la alcaldesa que luce su nombre en árabe y las 19 cruces andaluzas para la ira

Carmen Flores, alcaldesa de Aguilar, ha logrado dividir a un pueblo en el que «hasta los comunistas son capillitas».

ÁNGELES ESCRIVÁ / Domingo, 24 enero 2021 – 22:34

La imagen que puso los clavos definitivamente a la alcaldesa de Aguilar de la Frontera es una imagen silente pero capaz de despertar en muchos la ira: la de la Cruz del convento de las Descalzas, con la base de mampostería arrancada y tirada con descuido por los funcionarios municipales en una escombrera a 10 kilómetros del pueblo. Hasta ese momento, Carmen Flores había sido la mujer más popular entre sus vecinos, una comunista votada incluso por quienes en su día habían respaldado al Partido Popular. Alcaldesa también a finales del siglo pasado, la gestión de esta maestra jubilada, de educación católica, convertida al comunismo a los 20 años, pero afable y dialogante con gentes de toda ideología había sido tan competente a juicio de sus conciudadanos -«en el pueblo se vota a la persona», señala la propietaria de una panadería- que, a su regreso, en las elecciones de hace año y medio, sencillamente arrasó y proporcionó a IU la mayoría absoluta.

De repente, esta semana, en seis días intensos, con 24 horas traumáticas como colofón, Aguilar de la Frontera se levantó dividido y enfrentado, crispado, con amigos que han dejado de hablarse, y con los vecinos preguntándose extrañados, qué ha pasado.

No está claro que, explicando las cosas de forma razonada, Carmen Flores se hubiese librado de la polémica al quitar una cruz en un lugar en el que, al decir de una de sus vecinas, «hasta los comunistas son capillitas» pero el modo en el que la alcaldesa ha aplicado la Ley de Memoria Histórica ha teñido de tensión un proceso que apenas empieza a andar en Andalucía. El Defensor del Pueblo ha instado a las localidades a informar de los elementos que, en su exaltación del franquismo, vulneren la ley para poder elaborar un listado con el que empezar a actuar. La CGT se le ha adelantado y ya tiene recopiladas las historias de 19 cruces andaluzas, en poder de Crónica, cuyo origen fue ensalzar la memoria de los caídos por el franquismo, de las que va a pedir la retirada. La primera de ellas, la ubicada en la localidad sevillana de Peñaflor, cuya alcalde tambien es de IU.

El destino de la Cruz de las Descalzas quedó marcado cuando en 2017, los representantes de Podemos en Aguilar de la Frontera -duraron apenas un año-, coincidiendo con la aprobación de la la normativa andaluza sobre memoria histórica, solicitaron la retirada de la Cruz de las Descalzas. La cruz, erigida por el régimen franquista en 1938 a las puertas de un convento declarado después monumento histórico y bien de interés cultural, había sido redimida en los años ochenta con la retirada de la inscripción que homenajeaba a los caídos franquistas y la aclaración de que se trataba de un recuerdo para todos los muertos de la Guerra Civil. De modo que la propuesta podemita quedó en barbecho.

Hasta el pasado 22 de octubre, cuando, tras la solicitud de una asociación memorialista, el ayuntamiento presentó ante la Comisión Provincial de Patrimonio Histórico un proyecto de adecentamiento del Llanito de las Descalzas en el que se pedía la retirada de la Cruz como solución a un problema de filtraciones de agua que perjudicaban al Convento. El departamento de Cultura de la Junta dio su visto bueno porque la cruz está en la zona municipal y no forma parte del monumento, pero nada se trascendió.

El pasado viernes 15, se filtró la existencia del proyecto del Ayuntamiento y comenzó un tsunami que no se pudo parar. «Se hizo un acto jurídico en el que se empezó un expediente y se ha tratado en varias reuniones de Memoria Histórica, pero ella lo ha tramitado finalmente como un decreto de la alcaldía, sin explicarlo y sin transparencia», asegura a Crónica la concejal del PP, Censi Pérez.

Ella y una buena parte de la población -también el diputado socialista originario de Aguilar, Antonio Hurtado-, veían en la Cruz, con el paso de los años, un mero símbolo religioso, incluido en los trayectos de Semana Santa, «utilizada en el vía crucis que se lleva a cabo en las ermitas de Córdoba en recuerdo de los cristianos perseguidos por razones religiosas», según ha recordado la Asociación de los amigos de las Ermitas. Pero en la alcaldesa pesó más el pecado original de su construcción y así lo explicó el lunes.

La alcaldesa Carmen Flores, con el cuadro en árabe a sus espaldas que ha desatado las suspicacias tras sus decisiones sobre la cruz. La oposición asegura sin embargo que, hasta ahora no se le había visto ningún comportamiento contra los símbolos católicos.

Había humedades, pero en realidad, su retirada respondía a la aplicación de la Memoria Histórica. Apeló a la población para que entienda «mi deber como institución con las personas que han visto como se les quitaba a sus familiares la dignidad como personas quitándoles los derechos» que es lo que, a su parecer, se hizo con la colocación original de la cruz. La alcaldesa «quiso acortar la polémica actuando rápidamente», según uno de sus allegados, y lo que consiguió, al hacerlo como lo hizo, es soliviantar desde el obispado hasta los rojos del lugar. «Yo soy ateo pero esto ha sido una falta de respeto e incomprensible. Yo ni siquiera sabía que era de Franco», señala el propietario de uno de los bares del centro doblemente sorprendido por lo chocante del comportamiento de una mujer que «nunca se había extralimitado», al decir de los vecimos.

Una de las fotos de Carmen Flores la muestra sonriendo en su despacho con un cuadro a sus espaldas con una inscripción en árabe en la que se lee su nombre. Pero ni siquiera la oposición le vió jamás un gesto promusulmán que explicase una aversión explícita al catolicismo. Si eso es así, nunca lo dijo, y estos días ha decidido no realizar más comparecencias públicas. Sin embargo, ahora, la cruz tirada al vertedero, para algunos, dota de contexto a la alcaldesa. «Ese gesto indica revancha ideológica y es un ataque a un símbolo religioso», según Pérez.

Lo cierto es que en la retirada de las cruces convertidas por Franco en un símbolo político -no en el modo ni en la afrenta posterior del vertedero, por supuesto-, la alcaldesa no está sola.

El Defensor del Pueblo andaluz, Jesús Maeztu de Tejada, ha realizado recientemente una recomendación al ayuntamiento de Córdoba para que retire la «Gran Cruz de los Caídos» de la ciudad -la tercera más grande de España colocada por Franco- como «símbolo contrario a la legislación vigente». No es la primera vez que se pide. A esta cruz también se le quitaron las alusiones al franquismo y, alcaldes de diferentes ideologías, han preferido no moverla de allí dado lo contraproducente que podría resultar como consecuencia del fervor religioso de sus propios votantes, pero el Defensor del Pueblo considera que su origen, como la de Aguilar de la Frontera es el que es y es una hipocresía maquillarlo.

Maeztu de Tejada, elegido por mayoría en esta legislatura -con la abstención de VOX-, ha remitido una circular a los ayuntamientos pidiéndoles que remitan informes sobre los elementos de simbología franquista que todavía quedan en sus localidades. También las cruces.

El Defensor del Pueblo está a la espera de que la comisión creada al efecto por el Ejecutivo andaluz y que ha de tomar las decisiones sobre la adecuación o no de dichos elementos, se reúna en los próximos meses, pero mientras, pretende elaborar un catálogo para ir adoptando medidas, algunas de las cuales, no parecen fáciles de ejecutar -en Córdoba, la retirada de determinados nombres del callejero ha sido recurrida por los familiares de los mencionados y sigue en pleito-.

Pero dado que, por el momento nadie en la Administración ha realizado un censo oficial, la CGT ha decidido elaborar su propio catálogo, al que ha tenido acceso Crónica.

Por el momento, Cecilio Gordillo, el responsable de Memoria Histórica de la confederación ha recibido fotografías de 19 cruces, la mayor parte andaluzas, un par extremeñas. Como la de Zahara de los Atunes, trasladada de la muralla al cementerio en los noventa, Montilla o Pedroche -en pleno espacio público-; Porcuna, en el muro de la Iglesia con la inscripción «Caídos por Dios y por España. Presentes.» Y con el nombre de todos los fallecidos en el bando franquista. «El alcalde del PP se declaró incompetente y la Iglesia se limitó a cambiar la cruz en 2012 cuando ésta se rompió», menciona el informe. O la de Dos Hermanas «blanqueada» cuando gobernaba el PCE en 1981 o la de Peñaflor, con el Gobierno municipal del PCE, y próximo objetivo de la CGT, que primero insta al ayuntamiento en cuestión a eliminar el símbolo y, si no lo consigue, acude al Defensor del Pueblo.

«Esa cruz era el símbolo franquista más extendido. Estaba en el 100% de las localidades», señala Gordillo, «y la propia Iglesia debería querer distanciarse de él porque el Régimen mató a muchos católicos. Tendrían que pasar otros 40 años para que no significase nada, para que no recordásemos quién la puso ahí». Pero es una cruz. En tierra de fe. Y con la batalla política abierta. Como bien sabe la alcaldesa Flores, terreno minado.

https://www.elmundo.es/cronica/2021/01/24/600ac902fdddff67ae8b467f.html