SEVILLA. El Campo de concentración del «colector» de Heliópolis: ¿proyecto nazi con presos sevillanos?.

Sucesivas revelaciones consolidan la influencia nazi hispalense entre 1934 y 1944. A la llegada de militares y espías se sumaron proyectos implantados durante la IIGM

En julio de 1936 no sólo cambió en Sevilla el gobierno republicano por el poder absoluto del General Queipo de Llano. La ya influyente comunidad alemana local desplegó sus tentáculos y engrasada maquinaria para movilizar ayuda militar y financiera a Franco en una guerra fratricida que tardó demasiado, tres años, en laminar la legitimidad de las urnas. En febrero de aquel año el Frente Popular, que congregó siglas izquierdistas y republicanas, dobló en votos a formaciones conservadoras, monárquicas y falangistas.

Según el Profesor Juan Ortiz Villalba en su libro Del golpe militar a la guerra civil (RD Editores, 2006) el Cónsul, empresario y jefe en Andalucía del espionaje nazi Gustav Draëger entregó a Queipo un listado de antinazis y aliadófilos sevillanos. Uno de los primeros que acabó detenido fue el popular y prestigioso Ingeniero Otto Engelhardt. El 14 de septiembre lo arrojaron a una fosa del cementerio de San Fernando tras una rutinaria alta hospitalaria.

La dura represión de Queipo desbordó la cárcel de La Ranilla, inaugurada en 1933 y prevista para 300 reclusos. Los miles de detenidos, interrogados, torturados y ejecutados que sufrieron la asonada franquista en Sevilla fueron posteriormente recluidos en improvisados espacios (Cines, comisarías, escuelas, cuarteles o el navío Cabo Carvoeiro atracado en el puerto hispalense). La antología Lugares de la Memoria (Aconcagua, 2014), coordinada por Ana Sánchez-Barriga y Rafael López, los cuantifica y ubica en distintos recintos y espacios de la metrópolis andaluza.

Después, se crearon colonias penitenciarias, depósitos de presos o de soldados trabajadores en los alrededores de la capital: pantano Torre del Águila, Los Merinales-Corchuela y El Arenoso-Dos Hermanas, pinares de Oromana-Alcalá de Guadaira, fincas La Jarilla-Brenes y Gañanía-Isla Mayor, estaciones de Alcolea, Villanueva y Alcalá del Río, Cortijos de Casavacas-La Rinconada, Caballero-Guillena o en Sanlúcar la Mayor.

En Sevilla se habilitó un anexo provisional de La Ranilla en lo que hoy conocemos como barrio de Los Remedios-Parque de Los Príncipes llamado Corral de las Moscas y un Campo de concentración que se denominó oficialmente ‘Prisión habilitada de Heliópolis’. Este último recinto se ubicó en una parcela de la Junta de Obras del Puerto contigua al tramo final de la actual Avenida de las Razas, junto a la cabecera del recién inaugurado Parque del Guadaira.

Gracias a la labor documental del Archivo Recuperando la Memoria de la Historia Social de Andalucía (RMHSA/CGT-A) y el incansable Cecilio Gordillo plasmada en la web www.todoslosnombres.org se conoce que esta Prisión habilitada acogió trabajo esclavo para más de 500 reclusos.

Una carpeta del proyecto original, depositada en el Ayuntamiento sevillano, incluye rúbricas y sellos del Cuartel en Burgos del Generalísimo. El plano del Campo es idéntico a los que, posteriormente, implantaron los nazis durante la Segunda Guerra MundialIIGM (1941-1945). Tal concordancia se explica por la presencia de asesores civiles y militares alemanes en el Cuartel General de Franco en Burgos. Allí trabajaba Paul Winzer, Jefe español de la GESTAPO. También, diseñó un macro-Campo de prisioneros en Mirada de Ebro (Burgos) inaugurado en octubre de 1937. Es muy llamativo que sea el Ayuntamiento de Sevilla beneficiario del trabajo-esclavo que desarrollaron presos republicanos. Mucho más llamativo fue que conocidos terratenientes fueran agraciados en sus fincas del Bajo Guadalquivir por el trazado del denominado popularmente ‘Canal de los Presos’. Esa magna obra pública sería parte del retorno de Franco a sus financiadores sevillanos; se cobraron así espléndidamente su ayuda al General multiplicando el valor de sus fincas al trasformar en regadío lo que antes era secano.

Ese lema nazi (el trabajo libera) que colgaba en las puertas de sus centros de exterminio y trabajo esclavo se anticiparía en Sevilla durante julio de 1937, cuando se llenó de republicanos la prisión de Heliópolis hasta primeros de 1941, fecha de su cierre.

La distribución del campo repartía 4 barracones desde un amplio patio central. Cada esquina de su recinto (78,10m x 68,10m) tenía destinos concretos: (1. Oficiales más tropa vigilante del campo, oficinas y enfermería; 2. Dormitorios de los presos; 3. Comedores de jefes e internos, cocina y capilla; y 4. Aseos, lavaderos, garaje y almacenes). La forma rectangular del campo facilitaba el control interno y externo de los allí confinados.

El proyecto carcelario de Heliópolis lo firmó, a efectos oficiales, el Ingeniero Jesús Iribas. Es el mismo técnico que después se ligó a la construcción del Valle de los Caídos (Cuelgamuros-Madrid) y campos de trabajadores-presos conexos. Llamativamente la cárcel heliopolitana se erigió al lado de un Colector de aguas pluviales y residuales con trazado posterior de 6,5 kms de largo. Las conducía hasta más allá de la esclusa para obviar o minimizar las inundaciones que se daban al sur sevillano.

El complejo estuvo en los alrededores de La Palmera y Heliópolis. El sur sevillano comenzó a ser poblado por aristócratas, militares, ganaderos, cortijeros y dirigentes de la Sevilla que ganó la guerra fratricida. Además, el Colector ‘saneó y corrigió graves defectos de 1929’, según Juan Luis Valenzuela

El campo de Heliópolis fue posible porque el Alcalde, Ramón de Carranza, el Presidente de la Diputación, Joaquín Benjumea, el Gobernador Pedro Parias y el General Queipo de Llano concertaron la ‘construcción indispensable de un colector de alcantarillado para la desviación del vertido al Guadalquivir. Para Cecilio Gordillo este campo de trabajo-esclavo ‘no era más que una prueba para ver cómo funcionaba el sistema’. [de Campos de concentración]. El presupuesto inicial del Campo heliopolitano se desvió al alza. Las obras las ejecutó ENTRECANALES Y TÁVORA (hoy ACCIONA SA). A finales de 1937 el recinto penitenciario duplicó la ocupación inicial prevista de 250 presos.

En julio de 2016 un monumento cuadrangular de hormigón con rejas centrales rotas se inauguró. Fue financiado por donaciones privadas que tributan la memoria histórica recuerda a los cientos de presos-esclavos que trabajaron y murieron allí en el Parque del Guadaira, inaugurado en 2014

La sutileza del poderío nazi

Desde enero de 1933, cuando Hitler llegó al poder en Alemania, los más fervientes nazis sevillanos fueron cada vez menos discretos. La esvástica sólo estaba presente en sus concurridas cenas y actos privados. Desde el verano de 1936 se visibilizaron a los ojos hispalenses mucho más. La Legión Cóndor llenó las 456 habitaciones del hoy desaparecido Hotel Cristina de asesores civiles y militares, tripulantes y mecánicos. Los prototipos llegaron –desmontados- desde los puertos gaditano y onubense. Los Junkers 87-Stukas y Messermichts BF29 probaron su eficacia aérea desde Tablada. Las ‘guardias’ de combate las cubrían desde el mismo aeródromo y Villa Chaboya, el palacete sanjuanero que se incautó al fusilado Otto Engelhardt.

Diversas fuentes consultadas ratifican que Sevilla alojó más que pruebas y experimentos nazis en los primeros meses de la guerra impropiamente llamada civil. No se limitaron a la plantilla y aparatos de la Legión Cóndor antes de la IIGM.

La ‘Prisión Habilitada de Heliópolis’ fue visitada por Draëger y Cristoph Fiessler Bauerle (Delegado español de Graf Zeppelin, también líder andaluz del Partido Nazi-NSDAP y Frente del Trabajo Alamán-FTA) según consta en legajos del Auswärtiges Amt-Politisches Archiv und Historischer Dienst (Archivo Histórico-Ministerio de Asuntos Exteriores-Alemania) en Berlín. Milagrosamente se salvó la documentación consular sobre Andalucía y Extremadura tras el bombardearse ese Ministerio un 23 noviembre, en 1943.

El periodista, escritor e investigador Carlos Hernández de Miguel corrobora en su obra Campos de Concentración de Franco (Ediciones B, 2021) que los casi 300 erigidos en España fueron visitados por mandos militares germanos y jerarcas nazis antes de implantarlos en Alemania y los países que invadió el III Reich.

Otro íntimo colaborador de Draëger fue Franz Liesau Zacharias (Frankfurt 1908-Madrid 1992 Era Biólogo y vivió en Sevilla desde 1935 hasta 1941, cuando se afincó en Madrid. Aunque era empleado de Tabacalera, el espionaje aliado (OSS –agencia previa a la CIA- y el MI6-SOE británico) documentó que importaba monos de Guinea y Marruecos para experimentar sobre humanos, según desveló José María Irujo en su excelente trabajo investigador La Lista Negra (Aguilar, 2003).

En 1947 el Consejo de Control Aliado pidió la extradición de Liesau, rechazada por autoridades franquistas, al igual que la de Draëger y Ludwig Clauss, hermano del espía Adolfo Clauss. Los informes y ensayos de Liesau sirvieron, en parte, para reducir posteriormente la población reclusa en campos de concentración y exterminio nazis que se extendieron por países centroeuropeos.

Sevilla pudo ser, sin imaginarlo mucho, el primer laboratorio del Holocausto judío y su terrible ‘Solución Final’ aplicada en campos como Belzec, Sobibor, Treblinka, Auschwitz-Birkenau, Majdanek, Chelmno….

Otro dato poco casual radica en el mismo barrio de Heliópolis. En varios de los denominados ‘Hotelitos del Guadalquivir’ se alojaron decenas de espías del Abwher (Inteligencia militar) y colaboradores de Kriegsorganisationen (organización de guerra) –KO Spanien– nazis. Todos frecuentaban el Avelino. Allí vaciaban los barriles cerveceros durante las noches de la guerra fratricida (1936-39) y IIGM (1941-1945). Ya se ubicaba en ese barrio una de las ‘zona cero’ bélica que mereció saqueos y detenciones durante el verano de 1936 e inexplicable bombardeo de la aviación republicana, justo al año siguiente. La influencia y presencia nazi en Sevilla fue notoria. Ernst Schäfer, lector de alemán en la universidad hispalense, reputado americanista, historiador y consejero cultural del consulado germano, organizó un concurrida Feria del Libro Alemán en 1938. La inauguró el General Queipo de Llano y su cohorte de autoridades locales.

Por mandato del ministro nazi del ramo, Schäfer acordó con el Ministerio de Educación español un convenio cultural. Trajo a Sevilla películas de propaganda cuyos estrenos los presidían autoridades locales y cientos de espectadores, donaciones de libros a la Universidad hispalense -en 1938 y 1939- más giras de elencos artísticos de Juventudes Hitlerianas que actuaron en estadios y escuelas en la España dominada por Franco.

Tras el declive nazi durante la IIGM, a partir de finales de 1943, las huellas sevillanas de estos alemanes que mandaron en la capital de La Giralda fueron difuminándose. Draëger acabó arruinado y se intentó su extradición. No se descarta si Sevilla fue una de rutas de escape de criminales nazi para la Red ODESSA. El escritor José Manuel García Bautista afirma en Nazis en Sevilla (Absalón 2007) que se traficó con visados en Sevilla que franquearon su huida hacia Tánger, Lisboa y Centro/Sudamérica desde Cádiz

Militares y espías nazis se ‘esfumaron’ de pronto por entonces. La comunidad alemana hispalense proclive al III Reich se calló para siempre, aunque jamás fue molestada. El sevillanismo que acuñó Chaves Nogales para describir lo que hoy se etiqueta como rancio o trasnochado aunque rendido a la cruz gamada practica desde entonces una especie de ‘nadie conoce a nadie’. Como el que describe la novela de igual título que escribió Juan Bonilla.

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