Fernando Padilla de Toro

Fernando nació en Yátor, una aldea de la Alpujarra Baja granadina, el 21 de septiembre de 1904, en el seno del hogar formado por María Trinidad de Toro Vela y Antonio Padilla Cano.

El joven yatero ingresó en la Compañía de Jesús en algún momento indeterminado de los años 20. Su etapa en el instituto religioso habría de servirle para alcanzar un nivel cultural nada común en la España de los estertores de la Restauración, azotada por unas terribles tasas de analfabetismo.

Al convertirse en jesuita, Fernando dejó Yátor, mudándose a Granada capital, probablemente a la residencia de Gran Vía, 28, sita junto a la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, también gestionada por la orden fundada por san Ignacio de Loyola. Sin embargo, nunca dejó de visitar su pueblo en vacaciones y fiestas de guardar, paseándose por sus calles vestido con la sotana negra de la Compañía de Jesús. Los vecinos del lugar le respetaban y estimaban, valorando su capacidad intelectual y su dedicación sincera a la comunidad de Cristo, manifestada mediante sus enfrentamientos verbales con los caciques y propietarios de la zona, defendiendo siempre los derechos retributivos de jornaleros y peones.

Su compromiso con el Evangelio le fue acercando progresivamente a la causa socialista, entendiendo que una de sus obligaciones cristianas era ayudar a hacer realidad el reino de Dios en la tierra. Paralelamente, la evolución ideológica que estaba experimentando le empezó a granjear problemas dentro de la orden jesuítica.

El 23 de enero de 1932, la II República, el régimen democrático que sustituyó a la corrupta y caduca Monarquía alfonsina, ordenó la disolución de la Compañía de Jesús, en función de lo establecido en la Constitución de 1931. Las órdenes religiosas con voto de obediencia absoluta al papa de Roma, un jefe de Estado extranjero desde la firma de los Pactos de Letrán (1929), no tenían cabida en el nuevo ordenamiento jurídico español. Los jesuitas tuvieron que abandonar el país para seguir ejerciendo sus ministerios en otras partes del mundo.

Parece ser que Fernando aprovechó la coyuntura para dejar la Compañía y regresar a la vida seglar. Sus superiores le ofrecieron un traslado a Argentina, pero él prefirió salir de la orden y volver a Yátor con su familia (sus últimos tiempos como «soldado de Dios» no habían sido cómodos y ahora necesitaba emprender otro rumbo, esperanzado por el cambio político en marcha).

Tras retornar a la Alpujarra, el muchacho se afilió al PSOE y fue elegido secretario de la agrupación socialista de Yátor. Seguía siendo muy querido entre sus paisanos, algunos de los cuales confiaron en él para encabezar la izquierda local, liderando la oposición al Ayuntamiento, gobernado por las derechas (Yátor conservó su independencia municipal hasta 1972, cuando se incorporó a Cádiar). A la vez que dirigía el socialismo yatero, Fernando faenaba en el campo como jornalero.

El 9 de noviembre de 1933, con motivo de las elecciones generales cuya primera vuelta se iba a celebrar pocos días después, el jesuita exclaustrado participó en un mitin en su pueblo, presentando a distinguidos oradores del PSOE, como Antonio Pretel Fernández, futuro diputado a Cortes en representación del PCE (y padre del también dirigente comunista Damián Pretel Martínez). Ideal publicó una reseña del acto en su edición del 14 de noviembre, resaltando la intervención en el mismo del «ex afiliado a la Orden de los Jesuitas, hoy secretario del Centro socialista local, camarada Fernando Padilla». El periódico, portavoz provincial oficioso de la CEDA, señalaba públicamente al antiguo clérigo, en el marco de una crónica despectiva y jocosa sobre el evento izquierdista. La derecha católica no olvidaba ni perdonaba su «traición» a la Santa Madre Iglesia.

El alzamiento franquista del 18 de julio de 1936 selló el destino de Fernando Padilla de Toro. El día 24, ante las preocupantes noticias que llegaban de Granada, los partidarios del Frente Popular asaltaron el Ayuntamiento de Yátor y destituyeron al alcalde, miembro del partido derechista Acción Popular, una formación integrada en la CEDA y que se había sumado al golpe de Estado contra la democracia. A continuación, los republicanos, constituidos en Comité de Guerra, eligieron alcalde interino a Fernando. Su mandato sería corto y accidentado.

Desde su nombramiento como regidor provisional, lo sucedido con Fernando resulta un misterio difícil de explicar. Los testimonios orales que hemos recabado cuentan que viajó a la ciudad de la Alhambra en busca de armas y de alimentos, engañado por los caciques locales, que le aseguraron que la rebelión había fracasado en la capital de la provincia. Lo cierto es que se presentó en Granada como alcalde de Yátor, siendo inmediatamente detenido por las autoridades golpistas y encarcelado en la antigua prisión de la avenida de Madrid.

En la madrugada del 25 de agosto del 36, a requerimiento de un juez militar, lo sacaron de su celda, lo subieron a un camión y lo llevaron al Barranco de Víznar, en donde fue fusilado por un piquete de guardias de asalto, junto a otros dieciséis compañeros de infortunio, casi todos también militantes del PSOE. Uno de sus hermanos de muerte sería el histórico líder socialista y ugetista José Raya Hurtado, un personaje fundamental en la secuencia de acontecimientos que llevaron a la proclamación de la República en Granada.

Fernando fue enterrado en una fosa común del Barranco por un grupo de presos masones. Sus restos mortales nunca han sido encontrados, a pesar de los intentos de su familia por recuperarlos.

Fuentes

Primer apellido: 
Padilla
Segundo apellido: 
de Toro
Nombre: 
Fernando
Municipio: 
Yátor
Provincia: 
Granada