Exposición "Todos (...) los nombres". PANEL19. Provincia de Málaga

(…) «¡Sí, canalla roja de Málaga, espera hasta que llegue ahí dentro de diez días! Me sentaré en un café de la calle Larios bebiendo cerveza y por cada sorbo mío caeréis diez» Queipo de Llano (Radio Sevilla) (…)

El avance de las tropas rebeldes sobre la provincia de Málaga dibuja el mapa de la represión (número de fosas, número de víctimas, modalidades represivas...) en toda su magnitud. El 12 de agosto de 1936 inician una ofensiva que en poco más de dos meses da como resultado la ocupación del arco norte-oeste de la provincia. El 5 de febrero de 1937 comienzan un nuevo ataque con un movimiento de tropas envolvente que culmina el 8 de febrero de 1937 con su llegada a la capital. Dos son sus consecuencias inmediatas.

El desplazamiento de población, primero procedentes de Cádiz y Sevilla tras el golpe de estado, y que culmina con la huída hacia Almería por la carretera de la costa. Familias enteras dejaban atrás sus hogares para enfrentarse a los bombardeos desde barcos y aviones. La huida se convirtió en un infierno; el miedo y el dolor marcaron el camino. Nadie sabe cuántas personas perdieron la vida en aquella carretera; cuerpos mutilados, cadáveres abandonados y familias separadas han marcado la memoria de quienes tuvieron la fortuna de llegar a Almería.

Para quienes se quedaron debieron enfrentarse a la represión que castigó a la población malagueña con toda su crudeza: más de 7.600 personas fueron ejecutadas. Pero no sólo, también se sucedieron detenciones arbitrarias, torturas, expolios, vejaciones… Ni el género ni la edad (entre 15 y 70 años) fueron obstáculo para los ejecutores; tampoco la no participación «en política» suponía garantía alguna: se trataba de una represión sistemática.

El mapa de fosas de la provincia de Málaga (Asociación Guerra y Exilio Memoria Histórica de Andalucía) refleja la huella de la represión en la provincia de Málaga con un total de 76 fosas en 54 localidades, a las que hay que sumar 18 fosas localizadas en la capital, en el cementerio de san Rafael, y una estimación aproximada de 7.640 víctimas. El mayor número de ejecuciones se registra entre agosto de 1936 y finales de 1937. A medida que se institucionalizan los procesos, las ejecuciones se concentran en las cabeceras de partido judicial y a partir de 1940, hasta 1957, en Málaga. En el cementerio de San Rafael, la Asociación Contra el Silencio y el Olvido por la Recuperación de la Memoria Histórica de Málaga en colaboración con la Universidad de Málaga ha documentado hasta ahora 4.471 ejecutados, y llevan exhumados 2.840 restos.

Durante la huída, se produjo la intervención del doctor Norman Bethune quien con su unidad de transfusión de sangre estuvo socorriendo a la población civil que estaba siendo masacrada. Suyos fueron los principales testimonios de la matanza recogidos en el relato «El crimen de la carretera Málaga-Almería». Y las únicas fotos que se conservan de aquellos hechos: «…Lo que quiero contaros es lo que yo mismo vi en esta marcha forzada, la más grande, la más horrible evacuación de una ciudad que hayan visto nuestros tiempos (…). Aunque menos conocido que otros, fue el hecho más criminal de la Guerra Civil: más que las matanzas de Badajoz, más que el bombardeo de Guernica».

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