Informe sobre la localización de los restos óseos de las víctimas del franquismo fusiladas y enterradas en el cementerio de San José y Santa Adela, Almería

"No lo abran y me digan ésta es la localización. Se abre, se mira y no hay nada
no cesaré. Y cuando me demuestren que no hay nada, entonces diré: pues dónde
están y voy a reclamar y a pedir responsabilidades políticas, personales o civiles al
que haya exhumado eso. Porque eso no se puede hacer con las personas, sean del
bando que sean y sean las personas que sean, sean alcaldes, sean payeses o sean
charcuteros” 1

Con esta declaración de intenciones comienza nuestra charla con Manuela
Márquez y Ana Márquez. Unas palabras que reflejan no sólo la firme determinación en
llegar hasta el final en la búsqueda de sus familiares sino también desconfianza.
Desconfianza en todas aquellas respuestas que no se ajusten a sus expectativas de
encontrar, de una vez por todas, los restos óseos de su abuelo: Martín Márquez Navarro.
No es para menos, la búsqueda de Manuela Márquez y Ana Márquez comenzó hace ya
más de catorce años. Una búsqueda que, en principio, únicamente pretendía saber qué
había ocurrido con su “Yayo” e incluso perfilar quien era esa persona de la que, durante
tanto tiempo, en su familia se temía hablar: “¿sabes aquello que dices: hay una puerta
que nunca puedes abrir? Es que en principio no se podía hablar…”.

Ese fue el ánimo que, en 2002, llevó a las hermanas Márquez a emplear su tiempo
libre y sus propios medios económicos en buscar a su abuelo. Para ello no dudaron en
viajar desde Barcelona al pueblo natal de sus padres a fin de perfilar la figura de su
abuelo. Por aquel entonces únicamente sabían que habían tenido un “abuelo campesino
que era muy bueno y muy alto” y que, tal y como les había narrado su padre, había sido
ajusticiado poco tiempo antes de que ellos decidieran emigrar a, o exiliarse en,
Cataluña.

“Mi padre vio cómo llevaban a su padre preso del Castillo. Fue la última vez
que lo vieron lo llevaba la policía preso.

(Pregunta). Y se marchó con…
(Respuesta) (1). Con mi abuela, en estado de mellizos y con cinco hermanos
más. Mi tío el Alfonso ya se había ido, ya se había marchado porque al ser hijo de
rojo, como decían, tenía que ir evitando a la gente.
(Respuesta) (2). Tenían muchos problemas en el pueblo. Mi abuela sufría
muchos registros y las últimas veces ya la habían hecho hasta desnudarse, estando
embarazada…

(Pregunta). O sea que, de alguna manera, el exilio fue forzado por la
represión política.
(Respuesta) (1). Yo creo que sí
(Respuesta) (2). Suponemos porque mi padre sigue sin hablar de muchas
cosas…”

Una vez en Cuevas del Almanzora visitaron las dependencias del Ayuntamiento a
fin de obtener datos sobre su abuelo. La búsqueda fue infructuosa ya que les dijeron que
debían pedir una solicitud para poder consultar los libros del Ayuntamiento. También
visitaron Almería capital a fin de consultar en el Registro Civil si estaba inscrito su
abuelo. El resultado también fue negativo. El azar y la escasa sensibilidad de algún
trabajador ante sus requerimientos impidieron que en ese viaje pudieran ver que
efectivamente su abuelo estaba inscrito allí. La dificultad estribaba en que ellas
preguntaban por Martín Márquez Navarro y, sin embargo, su abuelo fue inscrito
erróneamente en el Registro Civil como Martín Vázquez (sic) Navarro. Esa visita
también sirvió para entrevistarse con diferentes personas que podían tener datos sobre
su abuelo: Las hijas del maestro que dio clase al “Yayo”, un señor de Villaricos que era
“de la época del abuelo”, si bien, era “del otro bando”… 3

De vuelta en Barcelona continúa su búsqueda telefónicamente. Así se decide a
llamar al PSOE de Almería, a la UGT, a diferentes asociaciones de Memoria Histórica
andaluzas, a Emilio Silva, a Cecilio Gordillo… Finalmente también se dirigió a la
Generalitat de Catalunya y, a través de ésta, al Defensor del Pueblo Andaluz. La idea de
referirse a la Generalitat surgió de la esperanza de que a ésta, al ser una institución, le
“hicieran más caso” que a ella. Todos estos organismos e instituciones les refirieron que
se dirigieran a las asociaciones de Memoria Histórica de Almería. Sin embargo la
respuesta que se encontraron con estas asociaciones no fue satisfactoria. Éstas, en
principio, no estaban tanto por la labor de solicitar la exhumación de las fosas de
postguerra como por reivindicar que se construyera un monolito que recordara a las
víctimas de la represión franquista.4

Paralela a esa búsqueda también desarrollaron otra encaminada a encontrar datos
sobre la persona de Martín Márquez ya que el desconocimiento de su figura en esos
momentos era más que notable. Así se dirigieron al Centro Documental de la Memoria
Histórica de Salamanca, a los archivos militares de Ávila y Guadalajara, a los archivos
de las fundaciones Largo Caballero y Pablo Iglesias. Pero fue en el Archivo Histórico
Provincial de Almería donde obtuvieron mucha información. Gracias a la
documentación del Tribunal de Responsabilidades Políticas descubrieron que su abuelo
había sido alcalde de Cuevas del Almanzora. Más tarde y gracias a una trabajadora del
Archivo Municipal de Almería también descubrieron que, efectivamente, su abuelo
había sido fusilado en el Cementerio de San José de Almería. Estos descubrimientos les
animaron a realizar un nuevo viaje a Almería a fin de agradecer la ayuda de estos
trabajadores. Ese viaje también se aprovechó para visitar Cuevas del Almanzora. Una
vez allí, esta vez sí pudieron consultar las Actas del Ayuntamiento de la localidad. En
ellas pudieron ver intervenciones en los plenos del Ayuntamiento de su deudo.

Fue a partir de entonces cuando las iniciativas de la familia Márquez tomaron
impulso. A partir de entonces se decidieron a solicitar la exhumación de Martín
Márquez Navarro iniciativa que en principio no obtuvo respuesta. Sin embargo meses
más tarde el Ayuntamiento de Almería se decidió a levantar un templete en homenaje a
las víctimas de la Guerra Civil. Así, ante la posibilidad de que ese templete se hubiera
edificado en el lugar dónde estaban los restos de las víctimas de postguerra la familia
Márquez denunció los hechos en prensa ya que la legislación prohibía que se edificara
en un sitio donde estaba solicitada una exhumación. A esta circunstancia se añadía que
el templete levantado no era del agrado de las asociaciones de Memoria Histórica de
Almería que ya venían desde hacía tiempo solicitando otro tipo de monolito.5
Esta polémica facilitó el contacto de la familia Márquez con otros colectivos y
asociaciones de la Memoria Histórica y gracias a éste empezar los trámites para llevar
su caso a la ONU. La causa que se inicia partió de la denuncia a la ONU de cinco
familias de la desaparición de sus familiares. Esta iniciativa tenía un sólido fundamento
jurídico ya que hasta que se encontraran los cuerpos las víctimas seguían siendo
desaparecidas y ese delito es un delito de ejecución continuada y por tanto ni prescribe
ni puede ser anulado. Así la familia Márquez fue recibida en Ginebra por la ONU. hecho no sólo dio relevancia nacional al caso sino que supuso un cambio en la actitud de las instituciones:

“Y a partir de ahí esto da un vuelco, como un vuelco. Porque siempre
pedíamos al alcalde que nos recibiera, que nos diera permiso para la exhumación,
ya que si no nos daban permiso no podíamos exhumar. Y a través de esto de la
ONU, nos llama el Partido Socialista y nos dice que nos vamos a reunir con la
Junta de Andalucía y entonces nos juntamos con Juan Gallo. […]

Entonces nos reunimos con Juan Gallo, con el Ayuntamiento. Fuimos al
Ayuntamiento y nos dio su palabra y yo le dije: por favor ¿nos lo puede firmar?
Pero se pusieron a hablar como políticos… Y yo le dije: fírmamelo. Entonces se
pusieron a hablar como políticos y no me lo firmó. Salimos de allí y yo le dije a
Juan Gallo: ¿seguro que nos lo va a exhumar? Y Juan Gallo nos dijo: no se
preocupe que todo lo que esté en mi mano yo lo voy a hacer” 

Es a partir de ese momento cuando otros deudos de víctimas del franquismo de la
provincia de Almería se suman a la iniciativa y solicitan que sus familiares también sean
exhumados de la fosa del cementerio. Este hecho, que encarecía y volvía más compleja
la acción, la demora de los propios trámites judiciales y el propio cambio de gobierno
en la Junta de Andalucía provocó que los trabajos para llevar a cabo la exhumación se
retrasaran unos años. Años en los que la familia de Martín Márquez no cesó de solicitar
premura a las instituciones mediante llamadas telefónicas, periódicos e, incluso, una
página de Facebook.

Mas no será hasta el verano de 2013 cuando la situación se desbloqueó. Así el 2
de junio de 2013 los periódicos locales informaban de que la Junta de Andalucía a
través de la Dirección General de Memoria Democrática autorizaba para que se
iniciaran los trabajos de exhumación si bien todavía era necesaria la luz verde por parte
del Ayuntamiento. Una luz verde que se producirá cinco meses después, en noviembre
de 2013. Por esas fechas el Ayuntamiento daba el visto bueno a todos los trámites de
tipo administrativo que requería el caso y, cumpliendo su compromiso con las familias
de las víctimas, autorizaba el inicio de los trabajos de exhumación.

Todo ese tiempo de espera y algunas malas interpretaciones de la situación y de la
propia coordinación de los trabajos entre asociaciones de Memoria Histórica,
instituciones, arqueólogos y familiares facilitaron, por otro lado, que existieran algunas
suspicacias entre los familiares de Martín Márquez que al llevar esperando más de diez
años por la exhumación esperaban que el proceso fuera mucho más corto y que los
trabajos de excavación y exhumación se iniciaran con su deudo. Como veremos más
adelante, dadas las dificultades técnicas, esto no acaeció así, de modo que el sentimiento
de frustración generado en la familia Márquez fue más que notorio. Una frustración que
se agravó aún más con el resultado final infructuoso de los sondeos arqueológicos.
 

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Fecha publicación: 
Miércoles, 13 Octubre, 2021