Sevilla. Inicio de las obras para rehabilitar el último vestigio de la cárcel de La Ranilla .

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Las vallas en la fachada principal del pabellón indican el inicio de las obras. / José Angel García

Los trabajos han comenzado en el pabellón de ingresos, un edificio que se prevé destinar al Centro de la Memoria Histórica de Andalucía

María José Guzmán 15 Septiembre, 2021 - 06:00h

Trece años después de la demolición del complejo carcelario de La Ranilla, las obras para rehabilitar el único vestigio que ha quedado, el pabellón de ingresos, han dado comienzo. El proyecto consiste en la consolidación de dicho edificio para que, en una segunda fase, se convierta en el Centro de la Memoria Histórica de Sevilla. Éstos son los planes y fueron anunciados hace tres años, una espera en la que este patrimonio ha seguido deteriorándose.

De momento, los trabajos previos de limpieza y acondicionamiento se han iniciado hace unos días y las vallas ya son visibles en el edificio, que es el único de la antigua cárcel provincial que permanece en pie. El resto se transformó en un gran espacio para acoger un parque público, un centro cívico y una comisaría de policía hace ahora hace ya un lustro.

El pabellón donde se intervendrá está declarado Lugar de Memoria Histórica de Andalucía desde 2012 e incluido en el Catálogo General de Patrimonio Histórico y la intención del Ayuntamiento de Sevilla es garantizar su conservación como legado de aquel tiempo y de su significado en la historia reciente de la ciudad.

La Ranilla, denominada posteriormente Centro Penitenciario Sevilla 1, se inauguró en mayo de 1933 durante la II República y tras la guerra civil se convirtió en un centro de detención donde se encarceló y torturó a miles de represaliados y presos políticos. Hasta el siglo XXI la prisión no fue abandonada y derribada. El proyecto de rehabilitación de último vestigio se impulsó en 2018 por el gobierno de Juan Espadas, pero el convenio de colaboración para el desarrollo del centro de memoria histórica se remonta a más de una década antes, a 2006 y el acuerdo fue ratificado por el alcalde Alfredo Sánchez Monteseirín. Pero hasta ahora, las obras de rehabilitación previas a esta iniciativa memorialista no son una realidad.

El edificio fue sometido en 2010 a estudios patológicos que pusieron de manifiesto la necesidad de intervenir en las cubiertas y estructura. En 2014 se realizó una primera intervención de urgencia con una inversión de 70.000 euros para sanear cornisas, cubiertas aleros y particiones interiores, fundamentalmente. Ahora, las obras previstas en esta primera fase de actuación son estructurales y cuentan con un presupuesto de 1.153.000 euros, cantidad en la que se han adjudicado los trabajos a la empresa Alberto Domínguez Blanco Restauración de Monumentos S.L.

En concreto, se ejecutarán una serie de forjados unidireccionales, similares a los actuales, que son capaces de soportar las nuevas cargas del edificio y que se anclan a los muros existentes. Para las cubiertas se plantea la colocación de una nueva estructura auxiliar, paralela a la actual, que no asumiría ya misión resistente, con el fin de soportar mejor los esfuerzos. Conjuntamente con ello, se trazará e instalará una nueva red de saneamiento para asegurar el perfecto funcionamiento de este servicio en un futuro, de acuerdo con el uso que finalmente se asignará al edificio.

Esta propuesta de intervención de la Gerencia de Urbanismo ya fue refrendada previamente por la Comisión Provincial de Patrimonio Histórico de la Junta, el proyecto pudo adjudicarse finalmente el pasado mes de junio y tiene un plazo de ejecución de doce meses. La actuación prevista se enmarca en el plan extraordinario de inversiones a partir de la venta de suelos del Patrimonio Municipal del Suelo aprobado por el Ayuntamiento de Sevilla.

La edificación tiene forma rectangular y está desarrollada en dos plantas sobre una parcela de 1.538 metros cuadrados. Cuenta con una superficie construida de 1.982,44 metros cuadrados y en su interior dispone un patio central ajardinado de otros 420. Su estilo es regionalista y se proyectó en el entonces nuevo barrio de Nervión por el arquitecto Aníbal González, junto al Matadero Municipal.

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