Decenas de miles de republicanos represaliados fueron mano de obra forzada en la España franquista

Un poema revela el miedo y el olvido de estos prisioneros del régimen obligados a trabajos forzados para redimir sus condenas

El sistema de Redención de Penas por el Trabajo no se derogó hasta 1995 con la publicación del nuevo Código Penal

Milagros de Diego Cerezo / 14.06.2022

Las ruinas del que fue uno de los once Destacamentos Penales de la línea férrea Madrid-Burgos escondían uno de los episodios más oscuros de nuestra historia reciente: la Redención de Penas por el Trabajo.

DOCUMENTOS TV Estos muros

Fue un instrumento legal que permitió durante el franquismo contar con prisioneros republicanos como mano de obra esclava a las empresas concesionarias de las obras públicas. El recuerdo de un poema escrito en su día por alguno de estos prisioneros ha dado lugar a una investigación que ha roto el silencio y el olvido que estos penados sufrieron toda su vida.

Chozas de la Sierra, hoy Soto del Real

Un poema escrito en el muro de unas ruinas próximas al Puente de los Once Ojos, en la localidad madrileña de Soto del Real, reveló un secreto que había permanecido silenciado y olvidado durante más de ochenta años. Por entonces, Soto del Real se llamaba Chozas de la Sierra y por aquí discurría el trazado ferroviario Madrid-Burgos que Primo de Rivera había impulsado y que Franco puso en marcha, poco tiempo después de terminar la guerra.

Las construcciones derruidas que no sobrevivieron al puente fueron uno de los once destacamentos penales de la línea férrea. Allí confinaron a unos 2.000 republicanos represaliados de la Guerra Civil que fueron obligados a trabajar forzadamente en la construcción de los 19 km correspondientes a este tramo de obra pública.

Formaban parte del sistema de Redención de Penas por el Trabajo, un instrumento legal que permitió al régimen utilizar a este tipo de prisioneros como mano de obra penada en todos los sectores económicos.

Un poema, una historia de sufrimiento e injusticia

En los años 70 del siglo pasado, Alberto Pascual, el director de este documental, jugaba con sus amigos entre estas ruinas, ajenos al secreto que escondían. Pasado el tiempo, «alguien nos comentó que aquí había habido una cárcel», dice uno de estos amigos que Alberto reunió para tirar de memoria y revelar los misterios de aquellas piedras.

«Tan solo un poema anónimo en uno de esos muros alertaba de lo ocurrido allí», asegura Pascual. Su curiosidad le llevó a poner en marcha una investigación para conocer la historia que esas paredes silenciaron durante décadas.

Tan solo un poema anónimo en uno de esos muros alertaba de lo ocurrido allí

Con la colaboración de historiadores, arqueólogos, antropólogos y periodistas expertos en esta materia, buceó por los archivos y bibliotecas para sacar a la luz “informes y memorias que el aparato de la dictadura generó justificando su actuación”, cuenta el director. Una oscura historia que hoy muy pocos conocen.

Trabajar para redimir condena

Las investigaciones desvelaron el sistema de Redención de Penas por el Trabajo que la dictadura utilizaba para castigar a los represaliados de la guerra.

Además del trabajo forzado con el que se reconstruiría la España destruida por el conflicto armado, el régimen franquista perseguía otro interés. «Una de las grandes obsesiones es la reeducación de los prisioneros«, advierte el periodista Carlos Hernández.

En 1939, Francisco Franco explica en una entrevista en El Diario Vasco: «La redención por el trabajo me parece que responde a un concepto profundamente cristiano y a una orientación social intachable».

Para la historiadora Alicia Quintero, simplemente, «es poner forzadamente a trabajar a presos que no han cometido ningún delito». «El pecado era su trayectoria política, su trayectoria sindical», apunta el también historiador Fernando Mendiola. El padre de Luis Sánchez conoció de primera mano lo que fue trabajar para expiar su pena.

El pecado era su trayectoria política, su trayectoria sindical

Este militante de la UGT, cuenta su hijo Luis, fue condenado a muerte conmutable por 30 años de trabajo. Creció con la temerosa sentencia que su madre no dejaba de repetir: «Hijo, cuidado, no se vayan a enterar de lo de tu padre». «Finalmente, acabó redimiendo pena», relata el hijo de este represaliado.

Según los investigadores, en este sistema de trabajo forzado «había cierto deseo de ejemplaridad, que la gente viera qué les había pasado a los rojos», sentencia el historiador Juanjo Olaizola.

Silencio, miedo y olvido

A diferencia de los prisioneros de los campos de concentración alemanes, los reclusos de la dictadura franquista no pudieron hablar una vez liberados.Lo que ha habido hasta ahora ha sido silencio, silencio, silencio

Los testimonios de las familias de estos prisioneros insisten en que muchos murieron sin dar cuenta de todo por lo que pasaron.

«Lo que ha habido hasta ahora ha sido silencio, silencio, silencio», reitera el historiador Mendiola.

Junto al resto de expertos de la investigación determinaron que sobre estos penados se practicaron de forma sistemática la represión, la culpa y el olvido y reivindican la deuda histórica que como sociedad se tiene con todos ellos.

No hubo paz, piedad ni perdón

Las ruinas del destacamento penal de Chozas de la Sierra, la vía del tren y el puente «guardan en su interior la memoria de aquellos que las construyeron», escribe Alberto Pascual. «No hubo paz, piedad ni perdón», prosigue. El mismo mensaje que una mano anónima dejó pintado en uno de los muros del penal donde expiaba sus pecados.

https://www.rtve.es/noticias/20220614/miles-republicanos-trabajaron-forzadamente-franquismo/2355881.shtml