El relato mediático sobre la memoria histórica en España y Argentina

Manu Levin / Madrid / 22.11.2022

Lo primero, decir que yo, por suerte o por desgracia, conozco un poco ambos lados de la comparación que estamos haciendo hoy en este programa. Conozco la situación que hay aquí en España, porque soy de Madrid y es donde vivo y donde además hago política y hago estos análisis cada día en La Base, pero conozco también un poco el proceso memorialista que ha ocurrido en Argentina, porque como ya he mencionado aquí en alguna ocasión, mis padres y abuelos, toda mi familia, vamos, son argentinos, y además fueron, y son, militantes.

De hecho, yo nací en Madrid pero digamos que soy un hijo del exilio argentino, porque la familia de mi padre se exilió escapando del fascismo en Argentina y se vinieron a vivir a España. Y creo que puedo decir que, al menos a mi modo de ver, la clave de la diferencia entre el proceso memorialista sucedido en Argentina y la impunidad que sigue existiendo en España no son tanto los juicios y las condenas a los genocidas que hubo allí y no aquí (que también); la clave no son tanto por las pensiones y las indemnizaciones que cobran a día de hoy en Argentina pero no en España los presos políticos reconocidos como víctimas del Estado (que también); la clave no es tanto lo que significan para los familiares de exiliados y de asesinados, los homenajes y placas en el espacio público que hay allí y no aquí (que también).

La clave de la diferencia es el relato oficial sobre la historia al que todo eso da lugar. Porque ese relato es lo que permite construir una identidad democrática, en la que los imaginarios y las ideas que se activan, son los de la justicia social, la soberanía, la solidaridad, la libertad y la democracia. Y eso condiciona por completo el presente y el futuro. Porque cuál sea el relato sobre la historia activa unos u otros elementos de la identidad de un pueblo, y la identidad es la palanca clave de la conducta política.

Vamos a empezar con algunos ejemplos de cuál sigue siendo el relato oficial a día de hoy en España. Ana Rosa Quintana en Telecinco, habla de la nueva Ley de Memoria Democrática.

Primeros elementos del relato oficial: esto no es un tema político, es un tema «de historiadores», que tiene que ver con el pasado, por lo tanto, y además, no tiene sentido abordarlo porque ya «han muerto todos» los protagonistas (del golpe de Estado y la guerra civil, claro, que es la etapa a la que Ana Rosa circunscribe todo esto, y obvia los 40 años de dictadura y también la transición, que claro, se ve que ahí no hubo víctimas).

¿Se imaginan una Fundación Hitler en Alemania? No, ¿verdad? Claro, es que esto de la Fundación Franco que les preocupa tanto a estos pesados de la memoria histórica en realidad es solo un pobre señor «y el del tambor», dicen en la tele de Berlusconi. No hay que hacerles caso y ya está, que no son nadie.

Bueno, ya veis que en España el presidente de la Fundación Franco tiene voz en las televisiones (que se la dan para que no se nos olvide que no hay que hacerles caso porque no son importantes, claro). En fin. Un elemento más del relato oficial sobre la memoria histórica en España enunciado también por Ana Rosa: no es un tema importante, hay otras prioridades. Como diría José Mota: «hoy no, mañana». Y así llevamos décadas y décadas.

Ese es el relato. Es lo que en Argentina se llama la «teoría de los dos demonios». Básicamente: que la dictadura militar y el fascismo están mal, sí, pero es que claro, lo que había enfrente (el socialismo, el comunismo, los sindicatos, la izquierda, los revolucionarios) estaba muy mal también. Y que no hubo un golpe de Estado y una dictadura genocida, sino que hubo una «guerra» entre «dos bandos equivalentes» en la que «ambos cometieron crímenes y atrocidades». Y que por lo tanto, la democracia, lo deseable, lo sensato, la virtud que está en el equilibrio, consiste en decir que «ni fascistas ni antifascistas, ni nazis ni judíos, ni racismo ni negros, ni homofobia ni homosexualidad».

Es un relato, en definitiva, que demoniza determinadas ideas (el comunismo, el anarquismo, el sindicalismo, las aspiraciones de justicia social y de reparto de la riqueza) y las saca de lo aceptable socialmente presentándolas como ilegítimas al mismo nivel que el asesinato, el robo de niños, la tortura y el fascismo.

Ese es el marco mental de los dos demonios, por fortuna hoy superado en Argentina en términos de lo que es el relato oficial (aunque hay sectores que lo discuten, pero son minoritarios) pero que sigue siendo por desgracia el relato oficial en España. No es una cosa que dice la derecha, sino el relato oficial, el que está en los medios de comunicación y muchas veces también en la educación, en las manifestaciones culturales, en las canciones canónicas de la transición, o en el cine (incluso en buena parte del cine progresista, que muestra la guerra civil y el franquismo también como una desgracia que dividió a las familias y que hizo que hermanos no volvieran a hablarse y todos esos relatos, todos ellos dentro del marco mental de «los dos demonios»).

Escuchar a Marhuenda hablando de memoria debería bastar para darse cuenta, efectivamente. Y fijaos que dice otra cosa que es clave: que lejos de una memoria democrática, lo que hay que construir es una ley «de reconciliación» basada, por lo tanto, no en la memoria, sino en el olvido. Porque el relato oficial en España sigue siendo ese: que la condición para la «convivencia», para que esta gente acepte la democracia y no dé otro golpe de Estado, no es la memoria, verdad y justicia, sino el olvido, la negación, la impunidad y el desprecio a las víctimas de la dictadura.

Bueno. Os cuento ahora un par de ejemplos del relato que creo que es el relato oficial en Argentina. Que repito una vez más que no es monolítico, hay sectores que lo discuten, lógicamente, por ejemplo esa nueva ultraderecha que representa Milei y que ha conseguido hacer crecer un relato antidemocrático.

Frente al relato que seguimos teniendo aquí, en el que el consenso tiene que ver con el olvido, el que se ha construido en Argentina tiene que ver con la memoria, la verdad y la justicia. Y por eso todos los años en las marchas del 24 de marzo hay cientos de miles de personas de todas las edades. Porque ese relato oficial democrático lo posibilita. Prueba de ello es que eso no siempre fue así: cuando el relato oficial vigente en Argentina seguía siendo el de los dos demonios, quienes se movilizaban pidiendo verdad y justicia eran unas pocas madres de plaza de mayo. Hoy son multitudes.

Y esto es así, al menos en gran medida, porque son los relatos colectivos los que dan sentido a las historias personales y activan toda esa identidad y toda esa pasión política. Cuando falta ese relato, falta un sentido, una dirección, a todas esas historias personales, y uno incluso puede no saber muy bien qué es lo que uno mismo ha vivido.

Sin embargo, cuando se construye un relato colectivo que da sentido a millones de violencias individuales, eso tiene un poder movilizador brutal. Por eso la construcción en España de un relato colectivo y político sobre la violencia machista, sobre las violencias que han sufrido y sufren por separado miles de mujeres, ha permitido a muchas mujeres entender lo que ellas mismas habían vivido y entender que era violencia machista, y eso ha sido condición de posibilidad de un movimiento feminista que ha transformado culturalmente España.

Por eso la construcción de un relato colectivo y político sobre los desahucios, que dio una explicación a todas las violencias individuales contra miles de familias que fueron expulsadas de sus casas (que no lo fueron por un fracaso personal sino como resultado de una estafa a gran escala, de un problema estructural), permitió que muchas de esas familias entendieran lo que ellas mismas estaban viviendo y eso estuvo en la base de que en España hubiera un movimiento como la PAH y el 15M que cambió la política española.

Y por eso en Argentina la conquista de un relato democrático sobre la dictadura ha permitido que hoy haya multitudes movilizándose por la memoria, la verdad y la justicia. Ese es el poder del relato, y quienes construyen relato en el siglo XXI son sobre todo los grandes medios de comunicación. Por eso, conquistar un relato democrático sobre la historia en España también pasa por conquistar poder mediático.

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