«Emprendió veloz carrera…»: así liquidó la Guardia Civil al maquis en la guerra sucia del 42

El régimen franquista dio por terminada la guerra el 1 de abril de 1939, pero se recrudeció entre 1942 y 1952 bajo el secretismo, las torturas y los asesinatos, aplicando la Ley de Fuga

«Tras el interrogatorio, confesó que conocía el paradero de algunos sujetos que en el norte se hallaban refugiados (…) al dirigirse a los citados montes en unión del detenido convenientemente esposado, al llegar al alto de la carretera nueva de Arteijo y monte de Teijeira, sobre las 4 horas de la madrugada de hoy, el individuo en cuestión emprendió veloz carrera, dándose a la fuga, sin que se contuviese a pesar de las voces de alto dadas por la fuerza, que salió en su persecución, teniendo esta que hacer nuevamente fuego, cayendo el perseguido muerto a unos doscientos metros».

El informe de la Guardia Civil que recoge Arnau Fernández Pasalodos en ‘La Ley de Fugas durante la lucha antiguerrillera en España (1936-1952’, ejemplifica la actuación de la benemérita en la lucha contra el maquis: resulta que se les fugaban siempre todos después de detenidos y había que acribillarles. Se repiten a centenares, como explica el experto. Un ‘modus operandi’ para atajar a los guerrilleros que ciertamente cometían crímenes emboscados en los montes para subsistir y combatir al bando vencedor, el de Franco.

El maquis libró con la benemérita la guerra sucia, los años de plomo, mucho antes de ETA

¿Quiénes eran esos guerrilleros? ¿Acaso bandoleros, como decía el régimen, desperdigados en zonas aún no del todo controladas? ¿O luchadores antifascistas? El 1 de abril, con el célebre parte del general Franco, se había dado por terminada la Guerra Civil y se decidió además que el «frente de la sierra», como lo denominaba Queipo de Llano, «había dejado de existir». Así lo explica el experto en el Maquis, Julián Chaves Palacios, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Extremadura y autor este año de ‘Historia del Maquis’. ¿El frente de la sierra? ¿No estaba cautivo y desarmado el ejército Rojo? ¿No había acabado todo con la huida en barcos desde Castellón y Alicante?

Excombatientes huidos

La realidad es que, aunque totalmente derrotada, una masa aún importante de combatientes no se montaron en barcos hacia el exilio, sino que se subieron a los montes, especialmente en las últimas zonas en caer en manos del bando nacional, desde donde organizaron la guerrilla. El franquismo no quiso saber nada de ellos al principio, ignorando casi que pudiera existir algún problema y volcándose después, cuando sus acciones fueron brutales, en una guerra sin cuartel. Una guerra sucia antes de los años de plomo de ETA, con la que hay bastantes coincidencias por desagradables que parezcan.

El Maquis, la última resistencia de la guerrilla republicana primero, directamente comunista después, a partir de 1944, dio guerra hasta 1952. La Guardia Civil, que fue quién lucho arduamente contra la guerrilla antifranquista, se los quitó de encima aplicando un método y una consigna muy concretos: disparar sin preguntar, evitar cualquier juicio y aplicar con triquiñuelas una ley de Fugas vigente desde el siglo anterior y que sirvió exactamente para exterminar la última resistencia contra Franco, según los prometedores estudios de Andreu Fernández, ‘La Ley de Fugas durante la lucha antiguerrillera en España (1936-1952)’.

Hay un renovado interés por la guerrilla antifranquista que el régimen trató de ocultar

Un renovado interés por la Historia del Maquis, que el franquismo trató de ocultar siempre y que en años más recientes, en cambio, se ha desbordado entre la fantasía y el romanticismo, con decenas de cientos de novelas sobre sus guerrilleros y andanzas en las sierras y montes de media España, una visión que en la primera época de esas publicaciones de los años 50 y 60 recurrían al bandolerismo y el romanticismo que se ajustaban en algún caso, pero que distorsionó también en ocasiones la realidad de una lucha a cara de perro en la que el régimen franquista echó toda la carne en el asador. Según Chaves, esas ediciones basadas en el bandolerismo de los años 50 beneficiaban al régimen que desmontaba así el componente de lucha política, de resistencia tras la Guerra Civil.

Sus historias nunca dejaron de excitar las mentes de escritores y periodistas que siguen ahondando en sus vidas, como la reciente ‘Cuento del Norte’ de Alfonso J. Ussía, sobre Juan Fernández Ayala, ‘Juanin’, legendario líder de los maquis de Cantabria. Una colección de biografías porque los personajes de esas bandas del Maquis han interesado siempre en España,

Dura Represión

La cuestión es que los partisanos españoles, al igual que en el resto, fueron distintos a sus camaradas europeos, por más que las guerrillas partisanas de la Segunda Guerra Mundial en los países ocupados por los nazis sirvieran de vaga inspiración tanto para las agrupaciones reales como para su posterior representación en novelas.

Terminada la Guerra Civil, la dura represión y las partidas de numerosas bolsas de guerrilleros que no se habían entregado facilitaron una lucha antifranquista que, sin embargo, en una primera y larga etapa de 1939 a 1944 no estuvo coordinada y respondía más fácilmente al mito que querían extender las autoridades franquistas: grupos de forajidos, bandoleros y fueras de la ley que amedrentaban al país y ponían en jaque a seguridad nacional con atracos, secuestros y asaltos de todo tipo.

En ese aspecto, tal y como señala el escritor e historiador Enrique Moradiellos, es cierto que sus actos produjeron 953 asesinatos, 5.963 atracos, 8.269 actos delictivos… Todo ello en lo que el régimen consideró una lucha antipartisana en un ambiente «de total reserva y secreto informativo por orden gubernativa». Por otra parte, el carácter fugitivo de los españoles les mantuvo siempre, aún después de organizados en guerrillas en 1944-1945, en un tipo de guerrilla a la defensiva.

Sus actos produjeron 953 asesinatos, 5.963 atracos y 8.269 actos delictivos

Pocas veces tuvieron actividad verdaderamente ofensiva, lo cual era imposible ante un régimen totalitario y policial fuertemente atrincherado en su victoria. Casi nunca provocaban los «encuentros», sino que los esquivaban. No fue, por tanto, una guerrilla convencional, sino muy peculiar y muy condicionada por «la maquinaria represiva del régimen», —F. Moreno Gómez, ‘Huidos, maquis guerrilla: una década de rebeldía contra la dictadura’—. Todos los autores coinciden en determinar dos momentos del Maquis y la lucha antifranquista en los montes.

Invasión del Valle de Arán

El primero, que iría desde el mismo fin de la guerra y hasta 1944, y el segundo entre esa fecha y lo que se considera como el último coletazo, que sería en el año 1952. ¿Por qué esa frontera en 1944? Debido a que en ese momento se produce la operación álgida del movimiento Maquis, cuando aprovechando el desembarco en Normandía y los avances aliados en la Segunda Guerra Mundial, la milicia comunista en el exilio organiza con 5.0000 guerrilleros la invasión del Valle de Arán, un enfrentamiento que, aunque se salda con una gran derrota frente a las tropas de Franco, sirve para aglutinar a las diferentes agrupaciones que actuaban en los montes de Galicia, Cantabria, León, Toledo, Extremadura… y dotarlas de una organización con objetivos comunes y dentro de una estratega y de una propaganda política —Julián Chaves Palacios—, lo que desterraría definitivamente esa visión de malhechores y bandoleros que quería transmitir en todo caso el franquismo.

Hay, sin embargo, otra división, que propone Andreu Fernández Pasalodos, para explicar el proceso de liquidación del Maquis: la aplicación generalizada de la Ley de Fugas a partir de 1942 como método para acabar con los guerrilleros. «Desde el verano de 1936 y durante los 15 años posteriores, los miembros de la Guardia Civil se encargaron de redactar centenares de informes repitiendo incesantemente esa fórmula: ‘emprendieron veloz carrera'».

Presión extranjera

Esta construcción gramatical camuflaba siempre el asesinato de partisanos o civiles mediante el subterfugio de la Ley de Fugas. ¿Subterfugio? Si el estado permitió su aplicación en el periodo de 1936 a 1944, lo que ocurrió a partir de esa fecha es que directamente ordenó su aplicación, dentro de ese esquema de liquidar al Maquis con el menor ruido posible. Incluso los tribunales militares y los juicios sumarísimos, por rápidos que fueran, eran más visibles, tal y como acabó llegando a las embajadas y prensa extranjera, que era justo lo que se quería evitar.

La política franquista que siguieron su ministro de la Guerra, entonces Enrique Varela, y el jefe de la Guardia Civil, Camilo Alonso Vega, fue la de la aplicación fraudulenta de esta Ley de Fugas, por la cual prácticamente todos los guerrilleros que fresaban emprendían una supuesta fuga por lo que acaban muertos con varios disparos. Para entonces, con la Segunda Guerra Mundial ya finalizada a partir de 1945 y cuando se había ya disipado la posibilidad de intervenir en España, se siguió además una política, más que de persecución, de acoso en las poblaciones cercanas y con los familiares y detenidos.

Es decir, el hostigamiento de los colaboradores necesarios de los Maquis, como mujeres e hijos, para obtener la información sobre el paradero de la guerrilla. La crueldad también la ejercieron los maquis con secuestros y ejecuciones varias que serían tristemente el modelo de los terroristas de ETA ya en los 70. Al final, la guerrilla antifranquista del Maquis español fue liquidada por completo en 1952, tras una ardua lucha en la que murieron 2.173 guerrilleros frente a los 257 efectivos de la Guardia Civil.

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