Iñaki Uriarte. Gasteiz, 3 de marzo de 1976. Memoria y monumento

El testimonio íntimo de recuerdo del 3 de marzo se manifiesta en un discreto monumento inaugurado en el décimo aniversario en 1986, hecho por compañeros de los fallecido, trabajadores de Forjas Alavesas en un proceso pleno se sigilo, sencillez y cariño que se transmite en una expresiva y emocionante obra de arte cuya autoría podría decirse que es de tradición popular.

Iñaki Uriarte

naiz.es 03.03.2019

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Un año más, nunca serán bastantes y desde diferentes análisis es preciso recordar el trágico 3 de marzo de 1976, uno de los más repugnante episodios del terrorismo policial español. Un atentado perpetrado contra derechos humanos elementales como el de reunión, expresión y reivindicación laboral y con enorme ensañamiento al ser en Euskal Herria.

Afortunadamente en Gasteiz se ha creado en septiembre de 2018 una iniciativa popular y plural, Memoria Gara, que como su nombre anticipa responde a una voluntad ciudadana: Memoria eta Giza-Eskubideen Zentroa, un Centro de Memoria y Derechos Humanos, para desarrollar y perpetuar valores humanos, sociales y laborales entorno a aquel trágico día que constituyen un vital legado inmaterial.

A esta iniciativa va asociado el propósito presentado en el Departamento de Cultura de Eusko Jaurlaritza de solicitar la incoación de expediente para declarar la Iglesia de San Francisco de Asís de Gasteiz-Vitoria, su entorno y los conocidos hechos acontecidos como Conjunto Monumental y Sitio Histórico. Los elementos de este conjunto cuyos valores se justifican son: la iglesia, dos esculturas en su entorno y el mural de un edificio de la plaza 3 de Marzo como bienes tangibles, inmuebles y muebles respectivamente, además de otras referencias documentales y memoriales como intangibles o inmateriales.

La iglesia de San Francisco de Asís promovida por el Obispado de Gasteiz y proyectada por el gran arquitecto vasco Luis Peña Ganchegui inaugurada en 1968 que por su autoría ya merece una atención patrimonial. De planta cuadrada, como la neoclásica Plaza Berria de Gasteiz de la que toma referencia ocupa una manzana en el barrio de Zaramaga. Interiormente está cruzada por una diagonal que vincula los dos accesos opuestos y sobre esta línea, bajo el lucernario, el singular altar. Su cubrición muestra una identidad estructural industrial con los tirantes de las cerchas rojizas a la vista, quizá con voluntad de relacionar el espíritu religioso con un espacio fabril, asimismo los paramentos y elementos de hormigón quedan vistos con un contundente lenguaje muy expresivo definido como brutalista.

Su exterior es un reflejo de su condición estructural y se presenta en el paisaje urbano como una arquitectura peculiar con su volumetría relativamente baja y su textura matérica dominante, placas de pizarra negra en cubierta y fachadas. Una referencia muy significativa ya que esta iglesia se convirtió en un símbolo de modernidad en un barrio eminentemente obrero.

Desde hace tiempo el testimonio íntimo de recuerdo del 3 de marzo se manifiesta en un discreto monumento inaugurado en el décimo aniversario en 1986, hecho por compañeros de los fallecido, trabajadores de Forjas Alavesas en un proceso pleno se sigilo, sencillez y cariño que se transmite en una expresiva y emocionante obra de arte cuya autoría podría decirse que es de tradición popular. Cinco barras de acero que sobre un pequeño pedestal de piedra se elevan verticalmente soldadas a modo de brazo para luego doblarse perpendicularmente y en dos direcciones separadas, en cuatro y una, a modo de puño cerrado de una mano izquierda. Escultura sumamente simbólica con el hierro como referencia de fuerza y el puño que apela a un rebelión que por su entereza, dignidad obrera y dolorosas consecuencias asombró al mundo y cuyas reivindicaciones siguen presentes. A lo largo de los años supone el punto de encuentro, homenaje y el recuerdo a la muerte de las cinco personas.

Más recientemente el 16 de noviembre de 2013 en Martxoaren 3a Plaza frente a la Iglesia se inauguró financiada por el Ayuntamiento la escultura «Arrazoiaren Indarra» (La Fuerza de la razón) obra del artista Iñigo Arregi configurada con dos estrechos paneles de tres metros de altura de acero inoxidable mate. En uno, las fotografías de los siete trabajadores asesinados, los cinco de Gasteiz más los de Basauri y Tarragona en posteriores manifestaciones de solidaridad, y en el otro se explica el relato y destacan las palabras «Oroimena, Egia, Justizia» (Homenaje, Verdad, Justicia), que durante esto años transcurridos constituye una constante reivindicación no resuelta.

Patrimonio inmaterial

Asimismo, como patrimonio intangible hay una extraordinaria referencia, un monumento sonoro, vocal-musical: «Campanades a morts«, obra de Lluís Llach, una bellísima cantata fúnebre cuya escucha aún hoy produce respeto, dolor y emoción. Describe una multitud exigiendo sus derechos y clamando sus razones. Enfrente, las armas, la represión, miles de intencionados disparos y muertos.

En un clamor de coros y orquesta que añade eco solemne con el valor del grito de la condena emitido con dolido acento por Llach en rotunda exclamación de incontenible ira: «Assassins de raons i de vides que mai no tin-gueu repós en cap deis vostres dies i que en la mort us persegueixin les nostres memóries» (Asesinos de razones y de vidas que nunca tengáis reposo en ninguno de vuestros días y que en la muerte os persigan nuestras memorias). Una de las frases más desgarradoras que ha escrito la música, inapelable sentencia plena de sensibilidad.

Otro imprescindible documento sonoro, es la conocida grabación de los criminales mensajes que se emitieron para propiciar la matanza y que junto con algunos testimonios gráficos constituyen un trascendental legado histórico. Todos estos testimonios poseen los suficientes valores que justifican la declaración solicitada. La memoria colectiva es la esencia de la identidad de un pueblo. No podemos olvidarnos de recordar.