¡¡LAS OTRAS «DESBANDADAS». Valencia del Ventoso (Badajoz). La triste historia de La columna de los ocho mil, septiembre de 1936.

Valencia del Ventoso y la triste historia de La columna de los ocho mil, septiembre de 1936

Hace ahora 85 años, a mediados de septiembre de 1936, sucedieron uno de los hechos más trágicos y menos conocido de la Guerra Civil española. Unos terribles sucesos cuyos comienzos tuvieron lugar en Valencia del Ventoso. Estamos hablando de la triste historia de la “Columna de los ocho mil”.

Pocos días después de la sublevación militar del 17 de julio contra el legítimo gobierno de la República española, a primeros de agosto de 1936, salen de Sevilla, con dirección a Mérida y dispuestas a llegar a Madrid, dos columnas de tropas rebeldes dirigidas por el teniente coronel Asensio y el comandante Castejón. Las tropas rebeldes avanzan siguiendo el trayecto de la antigua carretera Sevilla-Mérida.

Estas columnas, formadas mayoritariamente por legionarios y regulares, van sembrando el terror por las poblaciones que pasan: asesinatos, violaciones, saqueos, vejaciones, son los espantosos sufrimientos sometidos a la población civil simpatizante de la República de las localidades por donde pasan las columnas rebeldes en su avance. El pánico desatado por este planificado terror lleva a muchas personas al abandono de sus pueblos y a la huida hacia las zonas aún en poder de la República.

En pocos días y sin apenas resistencia son ocupadas las poblaciones de El Ronquillo, Santa Olalla, Monesterio, Fuente de Cantos, Zafra, Los Santos de Maimona, Villafranca de los Barros, Almendralejo, Torremejía, Mérida, llegando a mediados de agosto a las puertas de la capital, Badajoz, que es tomada el día 15.

A medida que las columnas rebeldes avanzan en dirección a Mérida y Badajoz, son ocupadas también la mayoría de las poblaciones adyacentes a la ruta: Montemolín, Calzadilla de los Barros, Villagarcía de la Torre, Llerena, Puebla de Sancho Pérez, Medina de las Torres, Ribera del Fresno, Puebla de Prior, Casas de Reina, Reina, Usagre, Bienvenida, Hinojosa del Valle, Hornachos. En la segunda quincena de agosto, después de la toma de Badajoz, los sublevados van ocupando los pueblos de al sur de la capital: Santa Marta, Feria, Almendral, Barcarrota, Villanueva del Fresno, Salvatierra de los Barros. En la provincia de Huelva durante el mes de agosto son ocupada: Aracena, Cortegana, Zalamea la Real, Nerva, Riotinto.

El terror y la barbarie desatada por las tropas rebeldes en las poblaciones ocupadas producen un éxodo imparable de refugiados que huyen despavoridos desde la cuenca minera de Huelva y desde Badajoz, Mérida y las poblaciones tomadas en la línea de la carretera Sevilla-Mérida, hacia la zona del suroeste de la provincia. En los primeros días de septiembre varios miles de refugiados, se agolpan en la zona de Jerez de los Caballeros y Fregenal de la Sierra.

En Valencia del Ventoso se congrega un gran número de estos refugiados de tal forma que el Comité de Defensa con la colaboración de los vecinos se ve obligado a organiza comedores sociales para alimentar a este desbordado cauce de personas, hombres, mujeres, ancianos y niños, que van llegando a la localidad.

Junto a esta gran masa de refugiados llegan también a Valencia del Ventoso un nutrido grupo de significados dirigentes republicanos, socialistas y sindicalistas, entre quienes se encuentra el dirigente campesino y diputado socialista por Badajoz José Sosa Hormigo, el secretario del ayuntamiento de Almendralejo José Francisco Gómez, el valenciano y alcalde socialista de Zafra José González Barrero y el alcalde de Fuente de Cantos Modesto José Lorenzana Macarro, quienes junto con el alcalde de la localidad Ricardo Gala Peinado, deciden convocar a los representantes de los Comités de los municipios de la comarca a una reunión en Valencia del Ventoso con el fin de buscar una salida a la cada vez más grave situación de estos refugiados ante la inminente llegada de las tropas rebeldes a la zona.

En esta reunión se decide emprender una marcha organizada hacia las líneas republicanas. También se determina la ruta a seguir: el objetivo era llegar a la zona republicana de Azuaga cruzando la carretera Sevilla- Mérida por un punto entre Monesterio y Fuente de Cantos. El plan era moverse siempre por caminos secundarios con el fin de pasar lo más inadvertido posible en los casi cien kilómetros de distancia que tendrían que atravesar hasta llegar a la zona republicana de Azuaga. A nadie se le escapaba el gran riesgo que suponía la operación ya que todo el territorio a recorrer estaba en poder de las tropas sublevadas.

La mañana del 16 de septiembre un grupo de tropas rebeldes al mando del capitán Navarrete toman Valencia del Ventoso. Unos días antes, el 11 de septiembre, cerca del Ardila, había sido brutalmente asesinado un guardia civil. En los siguientes días, finales de septiembre y primeros de octubre, más de cuarenta valencianos, mujeres y hombres, simpatizantes de la República, son vilmente asesinados ametrallados junto a la tapia del Cementerio.

Sobre mediados de septiembre los diferentes grupos de refugiados van concentrándose en las inmediaciones de la estación de ferrocarril de Fregenal de la Sierra. La tarde del 16 de septiembre sale desde la estación de tren de Fregenal una gran masa humana compuesta por unas seis mil personas a las que se le unen poco después unas dos mil personas más procedentes de Bodonal de la Sierra y el norte de Huelva. Esta ingente columna formada por unas ocho mil personas, la llamada columna de los ocho mil, pasa por las inmediaciones de Segura de León hasta alcanzar la carretera de Sevilla a Mérida unos pocos kilómetros al sur de Fuente de Cantos.

La columna de refugiados cruza de noche la carretera para evitar encontrase con las patrullas rebeldes. Para hacer frente a estos posibles encuentros la vanguardia de la columna estaba compuesta por quince o veinte milicianos armados de fusiles a quienes le seguían varios hombres armados con escopetas de caza y algunas bombas de mano de fabricación casera. Este era el escaso armamento que disponían para proteger del enemigo a la interminable columna.

La enorme nube de polvo que levanta la columna de refugiados sobre el reseco paisaje de mediados de septiembre facilita a la aviación rebelde su localización. En el cuartel del general Queipo de Llano en Sevilla manejaban información precisa sobre los movimientos, la composición civil y el escaso armamento de que disponía la columna de refugiados. A pesar de ello, el ejército rebelde se prepara para el ataque a la columna como si fueran a enfrentarse a todo un ejército bien pertrechado.

El desigual enfrentamiento tiene lugar el 18 de septiembre. Tras dos largos días y noches de marcha la columna de refugiados se mueve por el sur de Llerena disponiéndose a cruzar entre Reina y Fuente del Arco con la intención de seguir recto en dirección a Azuaga.

Una unidad del ejército rebelde compuesta por más de 500 efectivos bien armados, bajo el mando del comandante Gómez Cobián planificó la emboscada. Se apostaron en un pequeño monte entre Reina y Fuente del Arco conocido como el Cerro de la Alcornocosa, instalando las ametralladoras camufladas entre los árboles al acecho del paso de la columna de refugiados.

Cuando tuvieron a tiro la columna, los rebeldes abrieron fuego, ametrallando a los indefensos refugiados. Muchos murieron por las descargas de ametralladora y fusilería. A más de dos mil se los llevaron presos a Llerena. Algunos cientos consiguieron seguir adelante en medio de la atrocidad y llegar a la zona republicana. Otros pasaron semanas vagando por los campos. Muchos de ellos fueron abatidos por las patrullas que se organizaron para capturar a los huidos. Otros se arriesgaron a regresar a sus pueblos donde les esperaba un trágico desenlace. Algunas familias se separaron durante la emboscada y no volvieron a verse nunca.

Los más de dos mil prisioneros capturados fueron concentrados en Llerena. Muchos de ellos fueron asesinados en el Cementerio de Llerena donde al amanecer y durante un mes entero se sucedieron las ejecuciones. A veces les obligaban a cavar sus propias tumbas antes de ametrallarlos. Algunos prisioneros fueron reclamados por las nuevas autoridades locales nombradas por los golpistas en sus pueblos de origen para ser fusilados allí. Muchos prisioneros andaluces fueron trasladados a Sevilla y encarcelados en el barco-prisión “Cabo Carvoeiro” atracado en el puerto sevillano, donde muy pocos sobrevivieron.

El barco-prisión «Cabo Carvoeiro»

Los dirigentes republicanos que organizaron la asamblea de Valencia del Ventoso corrieron distinta suerte. Del dirigente campesino y diputado socialista José Sosa Hormigo sabemos que alcanzó la zona republicana en Castuera, donde será elegido secretario general de la Federación Provincial Socialista de Badajoz instalada en esa localidad, capital de la Extremadura republicana; al final de la guerra cruza los Pirineos, en julio de 1939 zarpa del puerto de Burdeos en el buque “Mexique” camino del exilio en México donde permanecerá hasta su fallecimiento en septiembre de 1977. El alcalde de Fuente de Cantos, Modesto José Lorenzana Macarro, después de vagar unos días por los campos tras la desbandada, fue hecho prisionero por una patrulla de falangistas y trasladado a su pueblo donde fue atrozmente torturado, apaleado y finalmente fusilado delante de la iglesia, su maltrecho cadáver fue indignamente abandonado en la plaza del pueblo durante toda la noche.

El valenciano y alcalde socialista de Zafra, José González Barrero, tras cruzar las líneas republicanas, llega a Madrid el 21 de septiembre de 1936. Un par de semanas después, el 8 de octubre, se encuentra en Alicante comisionado por las autoridades republicanas con el objetivo de localizar a los compañeros de la columna de refugiados evadidos del sur de Badajoz que se hubieran internado en esta zona republicana del Levante. Suponemos que el objetivo no era otro que reagruparlos y trasladarlos a la zona republicana de Extremadura, ya que poco tiempo después vemos a José González en Castuera ejerciendo cargos de responsabilidad en estos territorios de la Extremadura republicana. Finalizada la guerra José González, creyendo ingenuamente la propaganda de los franquistas de que aquellos que no tuvieran las manos manchadas de sangre no sufrirían represalias, emprende regreso a Zafra siendo detenido en Castuera donde es fusilado la noche del 26 o el 29 de abril de 1939.

La tragedia, muchos años olvidada, de la triste historia de la columna de los ochos mil es uno más de los crueles episodios de nuestra Guerra Civil, un ejemplo de la violencia gratuita que ejercieron los sublevados desde el inicio de la contienda, violencia que se prolongó durante muchos años más una vez acabada la guerra.

Algunos opinan que estos terribles episodios de nuestra historia reciente es mejor olvidarlos, pero es imposible olvidar lo que no se conoce. Esperamos que los conocimientos de atrocidades como estas puedan servir de algún modo para que valoremos como un bien preciado y vulnerable la convivencia pacífica y democrática que venimos disfrutando durante los últimos cuarenta años.

              © Lorenzo Suárez, octubre de 2021

 

Bibliografía consultada

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