María Teresa Fuentes Caballero. «Quiero dar voz a esas mujeres que no aparecen en la historia oficial»

► María Teresa Fuentes Caballero presenta ‘El vuelo de la memoria’ en el Ateneo de Jerez, un trabajo de investigación basado en 14 historias de mujeres del pueblo onubense de Alájar.

► El libro, editado por la Diputación de Huelva, refleja cómo era la vida cotidiana de la mujer en el mundo rural de la posguerra.

LA VOZ DEL SUR | JUAN CARLOS GONZÁLEZ GARCÍA | 11-3-2017

En el acto de presentación del libro El vuelo de la memoria, Teresa Fuentes Caballero, la autora, estuvo acompañada por Ana Herica Ramos, miembro de CEAIN, y María Gutiérrez, vicepresidenta del Ateneo de Jerez. Fue una presentación muy especial, ya que esta semana se celebraba el día de la mujer.

Ana Herica llevó a cabo un esbozo biográfico de Teresa. Nos encontramos ante una investigadora con intereses vitales e intelectuales muy variados. Nacida en Bedmar (Jaén), emigró con 15 años a Cataluña, donde transcurrió la mayor parte de su vida. Luego volvió a Andalucía y se estableció en Jerez. Es Licenciada en Historia Contemporánea por la Universidad de Barcelona, con formación en antropología, ética y resolución de conflictos. Tiene publicados trabajos sobre cuestiones éticas, históricas y pedagógicas en revistas especializadas. En 2008 publicó su primer libro de historias de vida sobre mujeres rurales de La Barca de la Florida: Al hilo de la conversación. Voz, memoria y vida cotidiana de las mujeres del campo. Es coautora de Mujeres en el espejo, una antología de relatos cortos. Actualmente, su actividad está centrada en la recuperación de historias de vida de mujeres y colectivos olvidados por la Historia oficial. Colabora en lavozdelsur.es y tiene el blog: La ventana de Teresa.

Para que comprendiéramos en qué consiste la esencia de este libro sobre Alájar, Ana Herica nos leyó la dedicatoria con que Teresa abre El vuelo de la memoria: “A las mujeres mayores del mundo rural, porque ellas son las supervivientes de un modo de vida a punto de desaparecer. Y porque sus relatos tienen la virtud de devolverme a la infancia y recordarme lo más genuino hay en mí”. La próxima publicación de Teresa que verá la luz será un trabajo sobre los testimonios vitales de un grupo de personas que emigraron a Cataluña en los años 60. Gracias a las preguntas de María Gutiérrez, Teresa nos habló de cómo ha elaborado el libro, de su metodología, y de los temas que abordan las 14 mujeres de Alájar, en la Sierra de Aracena.

El feminismo, tanto liberal como socialista, que Teresa conoció en los años 70 en Barcelona se centraba en alcanzar derechos. Pero a ella ese feminismo se le quedaba corto. Porque era un feminismo de clases medias: liberación de la mujer era sinónimo de trabajar y tener una profesión. Ese feminismo dejaba a un lado a un gran colectivo de mujeres. Había un discurso de las mujeres intelectuales, profesionales, pero las mujeres sencillas carecían de voz. Menos mal que en los años 90 aparecieron ciertos movimientos que hablaban de “las otras mujeres”. Y en las escuelas de adultos empezaron a tener voz. “Las otras”, las llamadas “marujas”, comenzaron a hablar de sí mismas, a contar sus experiencias de mujeres. “No es lo mismo liberarse trabajando como abogada o profesora que fregando suelos, trabajando en una fábrica o siendo ama de casa”. El trabajo de Teresa con las mujeres del campo ha tenido esa orientación: dar voz a esas mujeres olvidadas por el feminismo burgués. “Son mujeres que han tenido una vida que es digna de ser enseñada a los demás”. Todo lo que no nos cuenten estas mujeres hoy, se perderá para las próximas generaciones.

Había un discurso de las mujeres intelectuales, profesionales, pero las muSon historias de vida. Se trata de una metodología de trabajo utilizada por los antropólogos para conocer la vida cotidiana de los colectivos que han sido olvidados por la Historia oficial. El libro habla de 14 mujeres de Alájar, un pueblo de 800 habitantes en la Sierra de Aracena. Fueron 14 mujeres dispuestas a hablar sin miedo. “Otras no quisieron porque pensaron que las entrevistas iban a tratar de la memoria histórica, de la guerra, y no querían hablar más de ello”. Fue lo que se pudo conseguir, dice Teresa, pero representan a todos los estratos sociales del pueblo.

El libro recoge las transcripciones de las voces de esas catorce mujeres, ordenadas por temas, recorriendo los ciclos vitales, y completado con documentos y fotografías de los años 40-50 de la posguerra. Teresa no podía desplazarse cada semana a Alájar, así que formó a varias mujeres del pueblo para que realizasen ellas mismas las primeras entrevistas. Luego, Teresa las transcribió y revisó. Y al hacerlo comprobó que ese material era insuficiente. Eran entrevistas muy planas, sin alma. Entonces decidió visitar a las mujeres para completar la información y conocer cara a cara a todas las entrevistadas. Una vez redactado el libro, se lo leyó a las mujeres para que se corrigiese lo necesario y diesen el visto bueno.

A modo de ejemplo, Teresa nos habló de dos de ellas, muy diferentes: la más pobre y triste, frente a la más alegre y con más recursos económicos. Son dos historias vitales del mundo rural. Teresa pudo habla con ellas, ver sus casas, las cocinas, las habitaciones, las calles, la escuela… En el libro se describe cómo eran sus vidas cotidianas, el cuidado de los hijos, las labores del campo, el lavadero, la maestra, los juegos, la iglesia, la comunión, la higiene,  la matanza, los novios… Teresa nos muestra formas de vida muy reconocibles por todos, porque es la vida que llevaron nuestras madres y abuelas en todas las zonas rurales durante la posguerra.

“Me levantaba temprano… con unos cinco o seis años… Mi tarea era apañar bellotas pa el guarro. Ni me acuerdo si se desayunaba, la verdad. Se comía tortillas de bellotas, potaje de habichuelas de esas de color. Si comprabas un huevo, una tortilla pa las dos, pa mi abuela y pa mí. Si comprabas un trozo de tocino, se usaba pa varios pucheros…, mucha hambre, mucha hambre… Entonces… luego también tenías que buscar el estiércol de los animales pa sembrar papas. Pero mira, pienso que antes no sufrían los niños como ahora. No teníamos ropa, ni de na. Los muchachos iban descalzos, no teníamos una bata pa hacer la Comunión ni pa celebrar nada. Como estábamos igual no sufríamos por eso. Si teníamos algo mejor, una bata la dejábamos pa venir al pueblo… Los ricos comían, los pobres no teníamos na. Estuve trabajando once años sulfatando, acarreando heno, trigo, cebá, y la leña que usábamos, era la que yo traía de carga. Me pagaban tres pesetas al día. Lo más que gané fueron siete pesetas”. (María López)

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