Morón de la Frontera (Sevilla). Antonio Cuevas. La exposición «El ADN de la memoria»

«Había que sacar el dolor de la mesa camilla, de las velas de recuerdo, había que elaborar el dolor y sacarlo a la calle, transformado en lucha. Había que contarlo».

sábado, 24 de junio de 2017

Breve introducción

No hace mucho tiempo, asistí a una didáctica conferencia sobre la Memoria Histórica y escuché a un vecino de Morón octogenario -ya fallecido- manifestar con amargura:

«Que a su padre lo fusilaron en Morón durante la Guerra Civil de 1936, siendo trasladado a una fosa común existente en cementerio de la vecina localidad de la Puebla de Cazalla donde se conoce perfectamente su ubicación. Se preguntaba emocionado el motivo que le impedía enterrar dignamente a su padre en un denominado «Estado de Derecho» y hasta ahora las “circunstancias” se lo habían impedido. Tan sólo pretendía enterrar en paz a su ser querido y así poder cerrar un círculo personal y hasta eso se le negaba»…

Es evidente que la Guerra Civil  continúa polarizando sentimientos. Un conflicto fratricida entre españoles que acompañado de su posterior represión ha sido uno de los episodios más traumáticos de la Historia de España. Pasados más de 81 años de aquella tragedia entre españoles sigue pesando como una gran losa en la Memoria Colectiva, proyectándose hasta nuestros días.

La Memoria Histórica no trata de recuperar ningún sentimiento ni de reabrir viejas heridas como pueda pensar esa parte de la España, rancia, cutre y deprimente sino de recuperar la Memoria que dote de dignidad a todas y cada una de las víctimas inocentes que cayeron en el más absoluto de los olvidos y que padecieron persecución, represalias, exilio o asesinatos en las tapias del cementerio, cunetas o paladas de cal viva permaneciendo en primer lugar, en la retina del recuerdo de sus seres queridos y posteriormente, en la Memoria Colectiva de los pueblos. 
Ahora, son los hijos de sus hijos -ya sin miedo- los que se atreven a exigir con toda la fuerza de la razón una reparación que rescate la «Memoria» con mayúsculas de la amnesia colectiva que nos inculcaron los centinelas del miedo y así poder cerrar dignamente un capítulo fundamental en la historia reciente de nuestro país para que de esta manera, el proceso de cicatrización de aquéllas heridas mal suturadas sea definitivo.

Sólo así, se podrá afrontar con ilusión los sueños de futuro por parte de las nuevas generaciones para que nunca más a ningún «españolito que venga al mundo, ninguna de las dos Españas les vuelva a helar el corazón», como manifestara nuestro gran poeta, don Antonio Machado.

Alguien dijo una vez con acierto que un pueblo que no conoce su historia, está condenado a repetirla. En Andalucía, pasados 81 años de la Guerra Civil española, aún existen 641 fosas comunes, lo cual contribuye a que España siga encabezando esa desafortunada, y trágica clasificación. 

Ha tenido que ser la justicia argentina la que investigue la causa sobre las víctimas del franquismo durante la Guerra Civil española y posterior represión, porque la justicia española en este aspecto, ni está ni se le espera. En ese contexto, uno de los magistrados españoles con mayor prestigio, respetado y valorado del mundo, Baltasar Garzón abre una investigación sobre la Memoria Histórica y se declara competente para investigar los crímenes del franquismo con el objetivo de intentar dar respuestas a las víctimas. Pero las ascuas de las dos Españas de don Antonio Machado que creíamos apagadas, comienzan a echar humo en un incendio que entendiamos ya extinguido pero, nada más lejos de la realidad. 

El juez Garzón posiblemente sin pretenderlo, se ha convertido en la «Voz de la Memoria» porque ha sido el único juez español que ha intentado esclarecer los crímenes contra la Humanidad durante la Dictadura y su posterior represión. Pero ha sido cuestionado por una parte de la genética española anclada en tiempos pretéritos y con cierta nostalgia del régimen anterior, lo que demuestra nuestra gran inmadurez como país al no ser todavía capaz de afrontar nuestras asignaturas pendientes. Posiblemente porque la Ley de Amnistía de 1977 silenciaba el pasado para garantizar una Transición hacia la Democracia «sin traumatismos» impidiendo investigar tales hechos.

Decía Rafael Alberti en su “In Memoriam” que la actual Democracia le debe mucho al dolor de esas heridas. Es obvio que el juicio al magistrado Garzón impedirá a otros jueces seguir el camino iniciado por éste, aunque se tenga que pedir amparo al Tribunal Constitucional, al Tribunal de Estrasburgo o la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, lo que volvería a situarnos de nuevo en el punto de mira internacional al carecer de la madurez suficiente para afrontar definitivamente las páginas de nuestra historia. Lo contrario sería un insulto a la propia historia, al Estado de Derecho y a la razón.

Aunque existe una Ley sobre la Memoria Histórica, es necesario dotarla de los recursos suficientes de tal manera que los descendientes de las víctimas de la Guerra Civil puedan «revertir» el dolor sufrido mediante la Verdad, Justicia y Reparación que permita recuperar la Memoria, para de este modo cerrar su duelo con dignidad. 

Es necesario que la Administración dote de todos los medios necesarios para que el proceso de estas exhumaciones siga su curso aunque gracias a los arqueólogos y antropólogos desinteresados se siguen buscando los restos de los familiares para darle una sepultura digna.

La pasada tarde del 21 de junio, a las 20 horas, tuvo lugar en el Espacio Cultural Santa Clara de Morón la inauguración y posterior visita guiada a la exposición “ADN de la Memoria”, organizada por la Asociación por los derechos de las víctimas del franquismo “Nuestra Memoria”. 

La Mesa sobre el «ADN de la Memoria» estuvo presidida por Alejandro Romero, representante de la Asociación de afectados de Morón y La Puebla de Cazalla, Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica «Romance de Juan García», Gracia Maqueda, secretaria de la Asociación «Nuestra Memoria», el escritor e investigador local, Miguel Guardado, autor del libro «Morón, Consumatum Est», y Cristóbal Guerrero.

Alejandro Romero hizo referencia a José Saramago sobre que “la historia hay que estudiarla de hoy hacia atrás” para responder a la pregunta de “a cuanto de qué levantar viejas heridas, puesto que no están cerradas”. “Un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla. Eso es lo que por todos los medios habría que evitar”.

Por su parte, Gracia Maqueda y Cristóbal Guerrero leyeron algunos testimonios de sus seres queridos fusilados.

Por último, Miguel Guardado reconoció que “los testimonios leídos me han recordado un poco los muchos que escuché en su momento cuando estaba haciendo la investigación para el libro. Fueron más de 300. En muchísimos de ellos estaba oyendo esa voz de estas personas que habían estado silenciada durante décadas y que por fin encontraban la oportunidad de aflorar esos recuerdos trágicos”.

En este sentido, aseguró que esas personas “hablaban en principio desde el agradecimiento por ponerle voz, pero nunca desde el rencor. Simple y llanamente pedían reconocimiento. Pedían ese lema de verdad, justicia y reparación”. Sin embargo, “mientras los archivos de la Guardia Civil y de Falange con respecto a Morón no estén disponibles no se podrá saber el alcance de la represión aquí, pero con todo han salido los nombres de 451 personas como mínimo que sufrieron la represión y que pagaron con su vida el haber hecho uso de una libertad que por aquel entonces la sociedad se la permitía y la ley también”.

Al entrar en la sala de la exposición, nuestra retina se detuvo un instante para leer un panel ilustrativo con el título:

La Exposición “EL ADN DE LA MEMORIA”. Fosas del franquismo: semillas de la memoria.

La Asociación por los Derechos Humanos de las víctimas del franquismo “Nuestra Memoria”, es una asociación sin ánimo de lucro que se creó con fines, entre otros de:

1. Apoyar a todas las víctimas del franquismo en la reivindicación y consecución de sus derechos de Memoria, Verdad, Justicia y Reparación.

2. Impulsar el estudio y la difusión de los conocimientos sobre las víctimas del franquismo.

3. Promover, estimular y apoyar cuantas acciones culturales, en los términos más amplios, tengan relación con la misión y actividad.

La Asociación, con motivo del 80º aniversario del Golpe Militar el 18 de julio de 1936, ha organizado esta exposición consistente en fotografías de personas desaparecidas tras el golpe de estado de 36 y cuyos cuerpos están en fosas comunes, y de los familiares de estas personas que a día de hoy forman parte del movimiento de Memoria Histórica. 

El objetivo de esta exposición, de carácter itinerante, es visibilizar la lucha contra el OLVIDO y el constante trabajo que desde las asociaciones memorialistas realizamos, en pos de la VERDAD, LA JUSTICIA Y LA REPARACIÓN que aún hoy se les debe a las víctimas del franquismo. Con la exposición de estas fotografías generacionales, queremos transmitir un mensaje: los familiares hemos recogido el testigo de los nuestros, para que sus historias no caigan en el olvido.

La fotografía, la imagen, ha tenido una importancia vital en todo lo relacionado con la Recuperación de la Memoria Histórica y el movimiento memorialista desde su nacimiento “oficial” en el año 2000. La visualización de los huesos de los “nuestros” en los procesos exhumatorios de las fosas comunes, junto a los propios rostros de esas víctimas que por primera vez salían del interior de nuestras casas han roto, de hecho, los silencios de miles de ciudadanas y ciudadanos, más allá del ámbito familiar y local.

La exposición consta de un total de 39 fotografías de 70×50 cm. sobre soporte de cartón pluma. Así mismo, esta serie de fotografías se acompañan de un video con testimonios de los familiares. Este proyecto ha sido posible gracias al trabajo desinteresado de más de 30 profesionales de la fotografía y de medios audiovisuales de Sevilla y provincia.

Antes de finalizar el acto con un vídeo sobre los testimonios de algunos familiares, Gracie Maqueda leyó un texto que comparto no dejando indiferente a ningún asistente a tan emotivo acto.

VALORACION DE LA EXPOSICION

Las reivindicaciones de los colectivos memorialistas son a día de hoy sobradamente conocidas por la sociedad española. Hemos logrado romper el silencio familiar y llevar a las calles, a las plazas, nuestras peticiones. A pesar de las mentiras que hemos oído sobre el movimiento memorialista (nos acordamos de sacar a nuestro padre de la fosa cuando hay dinero, queremos levantar viejos odios y rencillas pasadas, pretendemos ganar la guerra civil después de haberla perdido), de la ausencia de políticas públicas de Memoria Histórica en las instituciones (aunque se está avanzando algo en determinadas comunidades autónomas), del incumplimiento sistemático de la Ley de Memoria Histórica por parte de los sucesivos gobiernos y administraciones, de las agresiones sufridas, de los insultos soportados, de la negación del pan y del agua, a pesar de todo, seguimos adelante. En el año 2015, la asociación “Nuestra Memoria” se planteó la posibilidad de conmemorar los 80 años del inicio de la guerra civil en el estado español. 

Pretendíamos unir dos ideas fundamentales: denunciar el estado de impunidad en el que se encuentras las víctimas de desapariciones forzadas después de transcurridos esos 80 años y proclamar públicamente que los familiares no las olvidamos. Nuestro compromiso con la memoria de nuestros familiares y conciudadanos es un ejercicio de amor hacia ellos, las víctimas, y un deber con la sociedad civil. Y se nos ocurrió realizar una foto donde la vieja fotografía de la persona desaparecida, (amorosamente guardada por la familia) estuviera sostenida por los descendientes del desaparecido. Con una premisa: estos familiares debían militar en las filas del movimiento memorialista. Y se nos ocurrió hacer esa foto a 38 familias. Y se nos ocurrió ofrecer a un colectivo de fotógrafos este proyecto, para que colaboraran de forma altruista con él. Y el fruto de esta idea ha cuajado en la exposición “El ADN de la Memoria: fosas del franquismo semillas de memoria”, exposición que va y viene de un lugar a otro. 

Desde la inauguración en abril de 2016, hasta hoy, son numerosos los colectivos, asociaciones de memoria histórica, ayuntamientos, etc. que han solicitado a nuestra asociación que la exposición acompañe jornadas y encuentros de memoria histórica. A día de hoy, contamos con una larga lista de peticiones. Nos sentimos orgullosos de este trabajo. Muy orgullosos. Hemos sabido plasmar el sufrimiento por la desaparición de un ser querido y también la dignidad de la lucha por su memoria, encarnado en los familiares que posan en las fotos. Aquellos que hemos tomado el relevo. En algunas aparecen, a pesar de la avanzada edad de muchos, los hijos de las personas que un día desaparecieron de sus hogares y que después de 80 años, aun no se sabe qué pasó con ellos. Los arropan en el dolor y el orgullo, los nietos, los bisnietos y en algunas fotos, los tataranietos. Unos sonríen al fotógrafo; otros lloran de emoción. Muchos se abrazan alrededor de la foto de su familiar. En algunas no aparece la foto del desaparecido, porque ni ese recuerdo le queda a la familia. En otras aparecen 17 personas de una misma familia, en bloque, unidos en el reclamo de la figura familiar. Muchas han sido tomadas en el lugar donde fueron asesinados las personas desaparecidas o donde se suponen reposan sus restos: fosas comunes, paredones, campos, parques, lugares de memoria que no debemos olvidar. 

Nuestro corazón siente un especial agradecimiento al colectivo de fotógrafos que de forma desinteresada han colaborado en este proyecto, así como al documentalista que ha elaborado el vídeo. Para algunos de nosotros forma parte ya de nuestra familia. Porque para realizar la fotografía ha sido necesario que bucearan en nuestras historias, en nuestras vidas. Alrededor de una mesa, les hemos contado nuestros recuerdos, les hemos enseñado la foto familiar, les hemos presentado a nuestros padres y madres, abuelos y abuelas, a nuestros hijos. Han escuchado con respeto el porqué de nuestro dolor y el sentido de nuestra lucha. Y con esos trozos de nuestras vidas en sus retinas, emocionados, han sabido captar lo más profundo de nosotros. Han sabido plasmar en una foto de 50 por 70 el amor, el orgullo, la dignidad, el dolor, el desafío, la fuerza, la ternura, la constancia y como no, la alegría de cada una de las 38 familias. 

La alegría de seguir vivos, juntos, rodeados del recuerdo de nuestros familiares y conciudadanos y dispuestos a seguir batallando. Porque estamos convencidos de que esta batalla, la de la MEMORIA y la DIGNIDAD, la ganaremos. 

Salú!

 

Algunos relatos leídos:

Relato 1

Mi nombre es Ramona Navarro Ibáñez. Tengo 24 años. Nací en Zufre pero el destino me condujo hacia Guillena donde formé una familia junto a mi marido y mis dos hijas. En mi familia somos de izquierdas. Algunos activos en política, mi esposo uno de ellos. En noviembre de 1937, fui asesinada y vejada junto a otras vecinas de mi pueblo. ¿Motivo? ¿A caso existe motivo alguno Antes de matarme en Gerena, me mandaron a mi pueblo, Zufre, pero me volví. Tenía que volver con mi familia. Volví a Guillena y encontré la cárcel y la muerte lo mismo que le ocurrió a otras rosas en Zufre y de otros pueblos de la comarca en esos días. Las mismas órdenes, los mismos asesinos. ¡Maldita guerra! ¡Malditos asesinos!

Dicen que Franco fue el culpable, Queipo de Llano, General Carranza, los falangistas de mi pueblo, los asesinos de mi pueblo. Y yo digo que todos fueron culpables, apretaran gatillo o no, en estos días, hasta con las palabras o un gesto condenaban, mataban.

Ay Antonia, hija mía. Con 4 añitos te dejaré huérfana de madre. Corta edad para comenzar una vida de sufrimientos. Carmen, mi pequeña. Tu vida será corta. Tan corta que dejarás a tu hermana Antonia aún más sola. No tendrá su compañera de juego porque con 3 años dejarás el mundo de los vivos y una España en guerra donde las enfermedades y el hambre matarán a miles de niños.

Y a ti, ¡qué decirte! Te llamaré Libertad. Esa que tanta falta nos hizo.

No podré verte tu carita, besarte, abrazarte. Contigo en mis entrañas, no me dejarán ser madre de nuevo y ver hecho realidad mi sueño, ver a mis tres hijas jugar en el Prado San Sebastián. Porque en estos tiempos no existe razón, ni libertad. Sólo miedo, muerte, hambre y guerra. ¡Maldita guerra! ¡Malditos asesinos!

Mi biznieta me encontró en 2012. Mis huesos estuvieron bajo tierra 75 años. Ahora descanso en paz en el Cementerio Municipal de Guillena. Le dirán que era una mujer que no me callaba, que me metía en camisa de once varas, que tenía mucho carácter… pero no hay explicación alguna para mi asesinato. Y ella lo sabe. Cómo también sabe que debe seguir en la lucha, con esa buena gente que se ha encontrado en el camino. Tu bisabuelo Gabriel, y el resto de tus familiares asesinados y desaparecidos te darán el empujen y la fuerza para que no ceses en conseguir justicia, dignidad y respeto que merecen todas las víctimas de la dictadura franquista y sus familiares.

Desde aquí seguimos pidiendo VERDAD, JUSTICIA Y REPARACIÓN!

MI FAMILIA ES EL ADN DE LA MEMORIA.

PARA QUE MI NOMBRE NO SE OLVIDE.

PARA QUE NO SE BORRE DE LA HISTORIA.

 

Relato 2                                     

Mi nombre es Juan Rodríguez Tirado. En Carmona, mi pueblo, soy conocido como “el cubero”. Tengo 62 años. Estoy detenido, junto con un grupo de hombres y mujeres, en “la casilla”, lugar que hace funciones de cárcel del pueblo. Fui detenido días después de que las tropas franquistas tomaran el pueblo, el 24 de Julio de 1936.

Estamos hacinados en un sótano pequeño, al que apenas le llega la luz. Vemos muy poco a nuestros familiares, y casi no tenemos noticias de cuál es nuestra situación y cuál será nuestro destino. Cada noche pasan lista a unos cuantos de nosotros, mujeres, hombres, chicos muy jóvenes, y se los llevan. Nunca vuelven.

Me acusan de haber defendido Carmona ante el avance de las tropas golpistas que venían desde Sevilla. Las mismas tropas que después seguirían sembrando de dolor y muerte otros pueblos cercanos. Por eso van a asesinarme en la madrugada del 22 de Agosto de 1936, en las tapias del cementerio, poco antes de que amanezca. Por eso correré la misma suerte que mis compañeros, a los que nombran cada noche para que jamás vuelvan.

Llega el camión. Aún es madrugada. La hora de la muerte. Mis compañeros, más jóvenes y fuertes que yo, me ayudan a subir a él. Nuestras miradas se cruzan con infinita amargura. Avanzamos por la carretera de Lora del Rio, y pasamos por mi casa, donde duermen mi compañera Dolores y mis hijos de tres y diecisiete años. Cierro los ojos y me despido de ellos. Confío en que mis otros dos hijos, Pascual y Enrique, afiliados a la CNT, que han salido del pueblo con un grupo de hombres para seguir luchando por la República, vean algún dia un país más justo y democrático. Por eso hemos luchado. Por eso hoy me asesinan.

Dentro de unos días le dirán a mi compañera que la casa familiar queda incautada, y que ya no tiene dónde vivir. Esta es la justicia del nuevo régimen, que también le prohibirá vestir de luto por mí.

Siento el frio de la tapia del cementerio en mi espalda. Los soldados cargan las armas. Alguien grita un ¡Viva la república! y el miedo y la incertidumbre se disipan.

Mi familia, después de ochenta años, me busca. Pide VERDAD, JUSTICIA Y REPARACIÓN.

MI FAMILIA ES EL ADN DE LA MEMORIA

PARA QUE MI NOMBRE NO SE OLVIDE 

PARA QUE NO SE BORRE EN LA MEMORIA

 

Relato 3

Me llamo Cristóbal Guerrero Romero. Soy de un pequeño pueblo de la provincia de Málaga, de Teba, y soy jornalero, como casi todos los vecinos de aquí. Los jornales son de miseria, y no siempre hay faena para todos, según le parezca a los señoritos del pueblo. Por todo ello muchas veces no hay ni para dar de comer a las familias. 

Como en el pueblo la mayoría de nosotros no sabemos ni leer ni escribir, nos hemos afiliado a un sindicato, para que nos digan los jornales que tenemos que cobrar y no nos engañen los señoritos.

Yo todavía soy joven, tengo 20 años. Tengo amistad con una muchacha, hija de Diego el de la Justa un hombre trabajador pero que ha tenido muy mala suerte ya que se enfrentó al propietario de unas tierras y durante una fuerte discusión, Diego lo mató. Cumplió años de prisión hasta que la República lo amnistió.

Cuando las tropas franquistas tomaron Teba, Diego tuvo que huir a la sierra de Ronda porque sabía lo que le esperaba si permanecía en el pueblo.

El párroco del pueblo sentía una cierta simpatía por la lucha de los jornaleros, y sabía cuántos de nosotros estábamos afiliados al sindicato. También conocía mi amistad con la hija de Diego. Cuando entraron los fascistas en el pueblo, las simpatías del Párroco cambiaron de bando. Así que un día vinieron a buscarme, para hacerme unas preguntas, dijeron.

En la madrugada del 23 al 24 de Febrero de 1937 me fusilaron en las tapias del cementerio de mi pueblo. Esa noche asesinaron a 81 hombres y a 3 mujeres, la gran parte de ellos gente que huyó a la sierra y que volvió confiando en la promesa de los franquistas de no hacer daño a nadie que no tuviera las manos manchadas de sangre.

La noche ha sido muy larga. Tan larga y dramática que será conocida para siempre en Teba como “la noche de los 80”…Ha sido terrorífico para nosotros esperar en el cementerio en grupo de 10 a que terminaran de ejecutarnos a todos. Algunos hemos llorado y gritado de impotencia, dolor, rabia e incomprensión. Otros permanecían en un hondo silencio Muchos dejaban hijos e hijas muy pequeños, y otros, como yo, comenzábamos a vivir. Lo único que queríamos todos era unas condiciones laborales más justas y una vida mejor para los nuestros. Ninguno merecíamos la muerte.

MI FAMILIA ES EL ADN DE LA MEMORIA

PARA QUE MI NOMBRE NO SE OLVIDE 

PARA QUE NO SE BORRE EN LA MEMORIA