Rozalén, sobre las víctimas de la Guerra Civil: «Hay que remover las heridas porque si no las curas, se pudren»

EL MUNDO | PEDRO DEL CORRAL | MADRID | 18-10-2017

La unión de Rozalén con su abuela no se puede medir sólo con un puñado de letras y sentimientos a flor de piel. María de los Ángeles, de 87 años, le ha educado, le ha hecho replantearse la vida en varias ocasiones y, ante todo, le ha hecho feliz. «Es de los seres más bestias, más sabios, más potentes, más empoderados que conozco», dice su nieta que, en su último disco, Cuando el río suena… (Sony, 2017), ha intentado encontrarse a sí misma a través de su figura. En definitiva, historias de piel y de memoria que la han hecho transitar por el dolor y por la felicidad a partes iguales.

«Ha sido un viaje de volver a creer en fantasmas porque son historias muy potentes de mi familia que no podía imaginarme», explica Rozalén, quien durante le proceso de creación del disco se ha centrado en entrevistar a sus padres y a su abuela materna para indagar en su esencia. «Recuerdo sus frases matadoras. Sólo con un ratito de conversación con ella te planteas mil cosas y abres la mente porque, aunque tenemos mucho que nos une, somos muy diferentes». De ahí que, tras esas lecciones de vida, se considere una persona con menos prejuicios, más cercana al mundo que le rodea y menos preocupada por el qué dirán.

Respecto a esto último, sabe de primera mano lo que es que te miren y te juzguen sin apenas conocerte. Por un lado, está la historia de sus padres, el cura del pueblo que se enamoró de una feligresa. «Nunca me habían hablado de esto porque creo que se avergüenzan un poco», explica la cantante quien, con la letra de Felipe Benítez Reyes, les ha hecho este regalo en Amor prohibido. «Fue una historia de amor muy dura, llena de contradicciones y tabúes, pero que te acaba haciendo más fuerte».

Por otro lado, la de Miguel, uno de los desterrados del País Vasco. Aquel joven que tras el primer atentado de ETA, en 1968, fue detenido y deportado a Letur, su pueblo materno. Su abuela lo acogió sin prejuicios y acabó siendo uno más de la familia. «Su mayor crimen era pensar cosas contrarias al Régimen, pero, aún así, nadie más lo acogió», recuerda. Su intuición fue cierta y Miguel era un hombre que nunca utilizó armas violentas. Una historia que, como recoge El hijo de la abuela, acabó uniendo a dos familias: «A ella le trajo un hijo más. Fue muy duro lo que vivió, pero no sé si lo podría haber hecho yo. El dar una oportunidad a la gente que no conoces me parece súper bestia».

Pero también para aquellos que conoces y no vuelves a reconocer nunca más. Es el caso de Justo, el hermano mayor de su abuela, desaparecido de la Guerra Civil. Poco se supo de su muerte y nada de su paradero. La cantante de Girasoles ha crecido escuchando su triste historia pero algo especial le unía a él: Justo también cantaba. «Se lo llevaron del pueblo a la Quinta del Biberón y fue el único que no regresó». Por eso, lleva casi dos años entrevistando a su familia para escribirle una canción. La música y la Asociación de la Memoria Histórica le han llevado, finalmente, a descubrir la fosa común donde se encuentra desde hace casi 80 años: en Arganda del Rey, con otros más de 200 soldados.

«El no saber dónde están sus restos, pensar que están en cualquier cuneta y ver el sufrimiento de tu madre es una cosa que no se cura nunca». Por eso, después de vivir lo que ha supuesto para su familia encontrar su nombre en un registro, saber dónde llevarle una flor o rezarle una oración, no puede dejar de preguntarse el por qué de esta situación en la que se encuentran muchas familias españolas. «Es un error de este país no hablar de ciertas cosas y no poder nombrar ciertas cuestiones. Hay que remover las heridas porque si las dejas sin curar se pudren y te acaban amputando el brazo».

Con todo ello, no puede parar de preguntarse por qué no se ha resuelto este problema, por qué no se ha puesto fin al dolor y por qué se ha establecido como un tabú del que nadie quiere hablar. «A lo mejor, el problema es que, en algunas cosas, siguen mandando los mismos, pero hay que normalizarlo todo. Debemos preguntar más». Su abuela, desde que tuvo conocimiento del paradero de su hermano, lo primero que pensó fue cómo le hubiera gustado contárselo a su madre. «Si se habla con normalidad, ahora que estamos vivos los nietos de los que lucharon, podemos evitar que se repita la historia».

Esta purga espiritual le ha permitido a María de los Ángeles Rozalén, conocer sus orígenes, porque sólo viajando al pasado y sabiendo de donde viene uno, aprendes a conocerte mejor. «Ya no se trata de lo que cuento de mí, sino por donde voy a dar mis siguientes pasos. Ahora, quiero ser más comprometida, hablar con respeto y sin prejuicios». Ellos se lo han enseñado. Ellos se lo han permitido. «Mi abuela ha experimentado cosas muy bestias y, claro, alguien que ha vivido todo eso siempre te va a dar los mejores consejos. Sin duda».

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