Salustiano Gutiérrez. Benalup-Casas Viejas. El misterioso secuestro de Eduardo Pérez Ruiz. Continúa el misterio. Y 11

El misterioso secuestro de Eduardo Pérez Ruiz. Continúa el misterio. Y 11

Nota de TLN

Durante varios meses el blog desdelahistoriadecasasviejas ha incluido una serie de entradas sobre los intentos de secuestro de un vecino de la la localidad gaditana por la guerrilla. Son once que proporcionan una completa mirada a lo ocurrido en esa comarca gaditana. Reproducimos el que cierra el ciclo y recomendamos la visita a los diez anteriores.

El misterioso secuestro de Eduardo Pérez Ruiz. Continúa el misterio. Y 11

 
En la entrada anterior vimos las consecuencias nefastas que tuvo esta “guerra que nunca se acaba” entre la Guardia Civil y el maquis para la población que vivían en la sierra. A principio de los cincuenta el mundo del maquis está completamente derrotado en España. La Voz de Cádiz da para la provincia de Cádiz las siguientes cifras: 3 guardias civiles muertos, 74 maquis muertos  y 490 colaboradores encarcelados. Esas 490 personas pertenecientes a la población civil son una muestra de la verdadera importancia que este tipo de represión tuvo y explica que la mayor parte del sumario de Eduardo Pérez Ruiz se dedique al encarcelamiento de los tres carboneros por dar comida bajo amenaza a los maquis.
A modo de balance podemos establecer como los hombres de la Agrupación Fermín Galán prodigaron los secuestros en esta zona más que en otros lugares, muriendo Luis Correro en el transcurso de uno de ellos en agosto de 1945, teniendo gran impacto y consecuencias posteriores este desenlace. También murió Eduardo Pérez Ruiz, caso al que posteriormente volveremos. Dos muertos entre los rancheros y una docena entre los maquis. En cuanto a los maquis murieron el “Porruo” en el Cermeño a manos de un enlace de la Guardia Civil mientras que se encontraba durmiendo en compañía de Pedro Moya. O la muerte de los dos José Fernández Cornejo, uno en Monte Carmelo y otro en Charco Dulce, la de Antonio Córdoba Herrera y Diego Vázquez Durán en los alrededores del Monasterio del Cuervo o las muertes de miembros de la agrupación Fermín Galán como Garnacha, el Capitán o el mismo Bernabé López Calle. También fueron encarcelados por «colaboración con bandoleros» Cristobal Moreno Peña y Antonio Vieras García, muriendo ambos en la cárcel. Francisco Fernández Cornejo, Largo Mayo (se va a publicar un libro sobre el caso que estoy deseando leerlo), salva su vida a cambio de delatar a sus compañeros y colaborar con la Guardia Civil. Manolo “El Rubio”, el maquis proveniente del PCE, abandona la vida de maquis y pasa a la de topo, en la que estaría escondido hasta 1976 que es descubierto por la Guardia Civil tras una delación del estanquero de Genalguacil. Tanger, Francia o esconderse al estilo «topo» fue el destino mayoritario de los maquis que no murieron en la sierra o terminan en la cárcel. Miguel Fernández Tizón “Cartucho” y Pedro Moya Paredes, “Moyita” tienen parecida evolución. Los dos huyen a Tanger y se ven implicados en un asalto a mano armada a una gasolinera. Estarían en la cárcel hasta bien entrados los sesenta.
 
Pero me interesa para ir terminando esta historia del misterioso secuestro observar que pasó con los personajes que aparecen en el sumario. De los seis maquis que intervienen de la partida de Bernabé López Calle, sabemos el nombre de los dos que eran de los Barrios y se habían unido a los malagueños. «El Garnacha» y «El Toledo». Los dos mueren en los próximos años. Juan Toledo Martínez «El Toledo»,  lo mató la Guardia Civil el 18 de diciembre de 1950 en un caserío de Algatocín (Málaga) junto a otros cinco hombres. Ya hemos visto que esta partida deambulaba entre la subbética de Cádiz y Málaga, en este caso muere en Algatocín, el pueblo del valle del Genal, el cual es el origen de muchas familias benalupenses. Garnacha (Andrés Lobato Dorado) muere el 23 de noviembre de 1949, la GuardiaCivil de Benalup lo mató cerca de la laguna de La Janda. Su cadáver se entierra en la zona no consagrada del cementerio católico de Benalup. Hoy se encuentra junto a las victimas de los sucesos en la bóveda  que se realizó para ellas en el nuevo cementerio.
Tras los tres secuestros, la familia Pérez Torres vende la Herrumbrosa y se traslada al pueblo. Cuatro de sus hijos se dedican a la actividad comercial: Isabel Pérez (que casa con Juanito “la Carne”) adquiere toda la manzana que ocupa hoy desde la Madriguera hasta el Cañuelo;  ella abre una tienda y él una carpintería. En la carpintería le ayudaba su hermano Manolo Pérez, que después fue taxista, hasta que montó la tienda al lado de lo que luego será el Dornillo. Luis fue toda su vida tratante, corredor de granos y ganado, y Antonio también aunque más tarde abrirá otra tienda en la calle Cervantes y posteriormente la trasladaría (en 1959) a la calle Medina; El otro hijo, Miguel, tras trabajar de listero en las Lomas, emigrará a Montmeló. Evidentemente «esta guerra que no acaba nunca» marcó negativamente para siempre a esta familia. Como vimos los caseros Manuel Mateos Estudillo y Antonia López Estudillo al vender la finca se van a Albarianes y después a las Gargantillas. La experiencia vivida con los maquis no se les olvidó nunca, al igual que el miedo y la presión con lo que la vivieron. Todavía los hijos cuentan el caso a sus actuales nietos. No he conseguido localizar a José Romero Torres, ni a los tres carboneros de Los Barrios; Juan Cózar Tocón, Alfonso Andrade Tineo y Salvador Andrade Rodríguez, pese a que lo he intentado. Tampoco a los guardias civiles Manuel Marín Galindo, Antonio Márquez Pilares y José Guirado García. No obstante, si sabemos que ocurrió  con el personaje central de esta serie Eduardo Pérez Ruiz. Manuel Pérez Regordán en su libro El maquis en la provincia de Cádiz dice:
 
«Ahí está la Guardia Civil, por eso te vamos a dejar escapar, pero con el compromiso de que nos tienes que entregar el dinero exigido lo más pronto posible.
– Tratare de hacerlo en el término de tres meses
– Muy bien; hasta mayo tienes de plazo
El secuestrado se apartó del lugar y los guerrilleros se dispersaron en la maleza de la sierra, sin que la Guardia Civil, a pesar de haber estado tan cerca del lugar de los hechos, se diese cuenta de nada.
Cuando llegó el plazo fijado, Eduardo Pérez Ruiz se acercó con unos mulos a darle de beber en una fuente cercana a Benalup. Cuatro hombres armados se le acercaron para hablarle: eran los guerrilleros. Nunca se sabrá el contenido de aquella conversación porque, de la fuerte impresión que nuestro hombre llevó, le sobrevino una congestión cerebral que le impidió contarla, falleciendo a los ochos días. El no saber escribir y haber quedado privado del habla hicieron infructuosas todas las tentativas que sus familiares pusieron en práctica para enterarse de lo ocurrido.
 

Marzo de 1948
 

También en la finca “La Herrumbrosa” secuestraron a Miguel Pérez Torres, hijo del anterior, al que exigieron 100.000 pesetas de las que su padre entregó 90.000. Estuvo secuestrado dos días y nos contó que le trataron bien. En la actualidad vive en Barcelona. Otra versión, la de Manuel Sánchez Caro habla de que el encuentro se produjo en el entierro de un hombre de Benalup. Allí se encontró con uno de los que le habían amenazado. Le entró una descomposición que cuando llegó a casa ya no hablaba y murió a los pocos días. Unos días antes habían secuestrado a su hijo Miguel, que se ofreció voluntario para que no se llevaran a  Luis, hermano de Miguel.

 

Con todos estos datos que nos dan los sumarios y las fuentes orales que recopiló Pérez Regordán y Mintz sabemos que el secuestro se produjo, que estuvo tres días en el Aciscar y que lo soltaron porque entendieron que la familia no iba a pagar. Eso sí con la amenaza de que secuestrarían posteriormente a un hijo suyo. Cosa que hicieron al mes siguiente. Resultó ser cierta la amenaza que relata Eduardo en el sumario: «pero a sus hijos los tenemos que coger aunque sea dentro del pueblo, porque nosotros entramos a los pueblos cuando nos da la gana» tanto el secuestro del hijo como que entrarían al pueblo, pues todas las fuentes coinciden en que el infarto se  produce en su encuentro con los secuestradores. Lo de que fue en mayo no es cierto, pues murió un 26 de marzo de 1948 (según el archivo parroquial), por tanto el encuentro se produjo poco después de haber pagado el secuestro de su hijo Miguel. 

Lo que no sabemos, y posiblemente no sabremos nunca, si del Aciscar liberaron a Eduardo Pérez con la promesa por parte de este de que en mayo le pagaría el rescate. Mi hipótesis es que no hubo tal promesa y que el miedo y la desesperación sufrida hizo que pagará el rescate de su hijo Miguel y el reencuentro con ellos le produjera la angina de pecho. La verdad es que después de 11 post no he resuelto el misterioso secuestro de Eduardo Pérez Ruiz, si hubo promesa de pagar el rescate posteriormente y cual fue la conversación en Benalup de Sidonia entre él y sus secuestradores. Pero sí tengo claro que el infarto es producido por el miedo que le provoca el reencuentro con los secuestradores. Según el libro de defunciones del archivo parroquial murió de Arteria Coronaria, arteriosclerosis (infarto o angina de pecho me dice mi amigo José Martínez Gracia). 

En el fenómeno del maquis, todos los que participaron en él; huidos, guardias civiles, gente que vivía en el pueblo y en la sierra, etc salieron perdiendo. Sólo hubo un ganador, el régimen franquista que consiguió hacer desaparecer los últimos vestigios de oposición y consiguió su consolidación. Es verdad que no he conseguido desvelar el misterio del secuestro, pero gracias al sumario hemos podido profundizar en un episodio de nuestra historia que tuvo tremendas consecuencias para el desarrollo posterior, pues fue el inicio del vaciamiento de la sierra y todos los cambios que se consolidarían en los años sesenta y que tampoco se conocía, sobre todo en lo que respecta a los rancheros y carboneros, una gente que sin tener parte en el conflicto fueron implacablemente afectados por él. Los finales de los cuarenta produjeron en esta zona más muertes que finales de los treinta, lo que ocurre es que todo se escondió, y se envolvió de un manto de silencio y de miedo que todavía no hemos conseguido retirar. De hecho ahora hemos conocido que la familia de José Aguilar Salvatierra busca datos sobre su muerte en 1948. Según parece fue  y enterrado en la huerta de Mari Nieves (debajo del merendero) en el transcurso de unas pequisas en el que se le acusaba de ayudar a los maquis. No sabemos si el caso tiene relación con este secuestro. Tengo claro que el infarto de Eduardo Pérez Ruiz es todo un símbolo, una metáfora, un modelo que nos sirve para ejemplificar las consecuencias que trajo para los rancheros y carboneros de la sierra  esa «guerra que nunca se acaba». A finales de los cuarenta se produjo en esta zona una guerra, aunque soterrada, que produjo tantos muertos y miedo como la del 36, lo que ocurre es que nunca nos han permitido que conociéramos lo que pasó. Después de once post, el misterio no se ha aclarado, pero yo he disfrutado rodeándolo y marcándolo mucho. Espero que a los lectores que llegan al final de estos post les haya interesado este mundo de los maquis que para mí es tan transcedente y emocionante.

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