San Fernando (Cádiz). Decir su nombre en público

Amede rescata los nombres propios de la represión franquista en La Isla en un acto celebrado en el Centro de Congresos y arropado por el gobierno

DIARIO DE CÁDIZ | MARÍA ESQUIVEL | SAN FERNANDO | 19-7-2017

En el día de ayer se recordaba el alzamiento militar que hace 41 años acabó en una Guerra Civil que destrozó hogares a lo largo y ancho del país. En el caso concreto de San Fernando cerca de 640 personas fueron represaliadas de alguna forma desde el comienzo de la guerra. Un número aproximado ya que la falta de datos más concisos resulta difícil realizar un balance completo. «Lo que sí es cierto es que cuando empieza el año 1937 la sociedad de San Fernando está descabezada», explicaban desde AMEDE, la Asociación por la Recuperación de la Memoria Democrática, Social y Política de San Fernando, antes de comenzar a nombrar uno a uno a los represaliados.

Víctimas -recordaron- que durante años las familias se vieron forzadas a ocultar su pena y, en ocasiones, hasta su parentesco en la medida de lo posible. Ayer, en el Centro de Congresos se nombraron esos nombres, durante tanto tiempo malditos y las penas que cumplieron. Los encargados de recordarlos fueron entre otros, familiares de las víctimas, nietos y bisnietos emocionados ante la oportunidad; miembros de la asociación memorialista y algunos políticos isleños, entre los que se encontraban varios concejales del gobierno local.

Fusilados, encarcelados, desaparecidos o sometidos a la pena de «inhabilitación absoluta y perpetua» eran las causas que se repetían una y otra vez a lo largo de la lista de personas a las que la suerte abandonó a partir del 18 de julio de 1936. En cuanto a quiénes eran, a lo qué se dedicaban o de dónde venían resulta imposible de resumir. Militares, políticos, jornaleros, médicos, estudiantes, salineros o maestros son solo algunos ejemplos de lo que hacían esas personas antes del alzamiento.

De edades dispares y con formas distintas de participar y de entender la vida pública y política de La Isla dejaron a sus familias con una herencia de silencio y miedo que poco a poco se va disipando. «Un día como hoy mi abuelo fue arrestado por no sacar las tropas a la calle. Era un excelente músico y es un orgullo para mí y para mi prima poder decir su nombre en público por primera vez», explicaban las dos mujeres que sostenían un pequeño retrato de su abuelo represaliado.

Otros familiares que subieron al estrado también agradecieron la posibilidad de poder participar del evento y de nuevo poder decir sus nombres en público sin los temores que los acompañaron antes.

Muchos se presentaban explicando de quién eran familia. Algo que resultaba innecesario ya que cuando tenían que leer su nombre la voz se les quebraba y las palabras tardaban en pronunciar esos nombres que tantos años atrás fueron silenciados y que padecieron sus familias.

La emoción, incluso algunas lágrimas llenaban el ambiente del Centro de Congresos en el que se concentraron medio centenar de personas para participar del homenaje.

También hubo un momento para recordar que no se han acabado los trabajos de exhumación en la fosa común del cementerio de San Fernando. Una labor que se espera poder seguir realizando hasta que sus familias, además de poder nombrarlos puedan despedirse de ellos como no tuvieron la oportunidad de hacerlo cuando desaparecieron.

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