Sevilla. Jesús Despojado, «el Cristo de la cárcel»

Impotencia, dolor, resignación… son rasgos, lecturas, sentimientos que reflejaban el rostro de Nuestro Padre Jesús Despojado, tal y como lo gubiara entre 1938 y 1939 el joven imaginero autodidacta Antonio Perea Sánchez en las dependencias de la enfermería de la cárcel provincial de Sevilla, habilitadas como taller de escultura, donde permanecía preso desde 1937.

ABC | AURORA FLÓREZ | 20-3-2005

La génesis del Señor Despojado, la vida de su autor y los anales de la Hermandad de la que es titular están profundamente marcados por la situación histórica que vivió España durante aquellos años, que desembocaron en la fratricida Guerra Civil y en cuarenta años de dictadura.

En julio de 1936, vecinos del barrio de San Marcos se pertrecharon tras las barricadas para resistir, al igual que otros barrios populares como Triana, San Julián o la Macarena, el avance de las tropas nacionales de Queipo de Llano. Y el delito de Antonio Perea fue auxiliar con agua y comida a sus conocidos y amigos -él vivía en la calle Vergara-. Una denuncia, similar a tantas como se produjeron en aquellos nefastos años, dieron con él en la cárcel en 1937. Tenía 26 años. Antes, Perea había tallado una nueva imagen de la Virgen de los Dolores que sustituyó a la que se perdió en el incendio de la iglesia de San Marcos en aquellos actos vandálicos de julio en los que se destruyeron iglesias e imágenes de incalculable valor devocional, sentimental y artístico. La imagen sería bendecida en diciembre de 1936.

Prisión, terroríficos traslados, declaraciones, amenazantes pistolas, consejo de guerra, diez meses en el patio de la muerte de la cárcel, siete de ellos condenado a la pena capital…

«Perea, hoy te toca a tí». A las cinco de la madrugada, la voz verduga, jugando al juego del terror, resonaría en el silencio de un pasillo de la muerte que se antoja blanco sucio y descascarillado. Allí vio Perea como desfilaban muchos compañeros hacia la muerte a la caída de la tarde y como esa amenaza minaba su espíritu, y la sensación de injusticia sufrida, que nunca lo abandonó, quedaría reflejada en algunos poemas que escribió sobre sus dolorosos recuerdos de la cárcel.

Después de esos diez meses en la antesala de la ejecución, y tras ser revisado su proceso en 1938, Perea fue condenado a 14 años, 8 meses y un día. En la cárcel permanecería hasta ser trasladado el 12 de febrero de 1940 al campo de Concentración de Los Merinales, en la finca La Corchuela, para labores técnicas en el Canal de los Presos. En agosto de ese año, según recoge Romero Mensaque en su obra sobre la Hermandad, le fue concedida la libertad «atenuada». Cerca de cuatro décadas después, con la llegada de la democracia a nuestro país, sería amnistiado.

Entretanto, en la cárcel y por encargo de la Hermandad, talló su Jesús Despojado, que fue bendecido en la iglesia de los Servitas, de la collación de San Marcos, por el provisor de la Diócesis, Jerónimo Armario, el Domingo de Ramos 26 de marzo de 1939, mientras «Franco, con su Ejercito glorioso, reanuda el rescate triunfal de la España cautiva», como rezaba un titular de la época.

Jesús Despojado hizo su primera salida desde la iglesia de los Terceros el Domingo de Ramos 6 de abril de 1941, aunque su día previsto por Regla era el Lunes Santo. En el ABC de Sevilla se decía: «Las calles de la ciudad y el pueblo creyente están a punto de recibir con emoción insuperable el paso de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras, nueva cofradía que desfilará esta tarde en primer lugar». Después se destacó «el recogimiento de sus penitentes».

Su segunda y última salida hasta 1977, en que pudo realizar estación a la Catedral, tuvo lugar en 1942, añadiendo un nuevo capítulo a las vicisitudes que ha sufrido la Hermandad. En esta ocasión, la cofradía fue expedientada «por falta de orden y de compostura», al igual que otras cinco hermandades, salvo que éstas no sufrieron descalabro alguno.

Detrás de este infortunio estaba el canónigo José Sebastián y Bandarán -quien , después, en los años 50, dijo: «tengo que hacer un descargue de conciencia, porque por mí se hundió esta hermandad y por mí volverán estas sagradas imágenes al lugar que les corresponde»-; estaban los prejuicios contra sus fundadores falangistas, desechados por el régimen de Franco, y estaba la obsesión que pervivió durante muchos años de que aquellas imágenes estaban «excomulgadas porque las ha hecho un comunista en la cárcel», que persiguieron y señalaron a un artista apolítico, Perea, y a la propia Hermandad.

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+ info:

http://www.todoslosnombres.org/content/biografias/antonio-perea-sanchez

http://estadodesevilla.blogspot.com.es/2012/11/antonio-perea-sanchez-el-reo-que-tallo_10.html