Sevilla. Queipo de Llano en la Macarena: la incógnita sobre la última tumba franquista

La hermandad asegura que acatará la nueva Ley de Memoria a pesar de que la norma andaluza de 2017 ya hacía posible su exhumación. «Su presencia es un insulto», apunta Isidoro Moreno, catedrático de Antropología

Por la basílica de la Macarena, en el barrio sevillano del mismo nombre, pasan cada año entre 800.000 y un millón de personas. Al menos así era antes de la pandemia, según datos de la hermandad que posee este templo. Y todos ellos, al entrar, dejan a su izquierda una capilla dedicada a San José que, además, alberga dos tumbas: las de Gonzalo Queipo de Llano y su mujer, Genoveva Martí. Él fue el responsable de una represión brutal en los primeros meses de la Guerra Civil en Sevilla y va camino de convertirse en el último dirigente del golpe de Estado enterrado en un lugar público. Aunque eso está cerca de cambiar.

La nueva ley de Memoria Democrática, aprobada recientemente en el Senado, entrará en vigor la semana próxima, según dijo el viernes el ministro Félix Bolaños. Unos días antes, tras recibir luz verde en la Cámara Alta, el titular de Presidencia afirmó que los restos del general, igual que los de José Antonio Primo de Rivera, serían exhumados para cumplir con el texto. Y tras las declaraciones de los descendientes del fundador de Falange, que anunciaron su intención de trasladar a su familiar, queda por saber qué ocurrirá con Queipo de Llano, que tiene una situación distinta.

En su artículo 38.3 deja claro que los restos mortales de los militares franquistas «no podrán permanecer en lugares preeminentes de acceso público». La redacción del texto hace pensar directamente en este militar castellano que instauró un régimen de terror en Sevilla, pero que está enterrado en un edificio que es propiedad de la Hermandad de la Macarena. La entidad presidida por José Antonio Fernández Cabrero reaccionó a las palabras de Bolaños afirmando su «voluntad de cumplir escrupulosamente, tal y como ha venido haciéndolo la legislación vigente». Pero este posicionamiento no impide que el viejo debate que hay sobre la idoneidad de la presencia del general golpista en la iglesia donde está «el referente devocional más importante de Sevilla».

 La frase, en referencia a la Virgen de la Macarena, es de Isidoro Moreno, catedrático emérito de Antropología de la Universidad de Sevilla y uno de los mayores estudiosos sobre la cultura popular de Andalucía y la Semana Santa sevillana. Este experto admite que nadie va a la basílica a «honrar a Queipo de Llano», pero se trata de un sitio público donde «no pueden estar los restos de sujetos con esa trayectoria». «Es un insulto a Sevilla, al barrio de la Macarena y a los hermanos de la cofradía», zanja Moreno.

Eso no significa, explica este antropólogo, que los hermanos de la Macarena —16.000 según la entidad— y la propia directiva vean con buenos ojos la presencia de estos enterramientos. «Estoy convencido de que es algo incómodo en amplios sectores de la hermandad y en la propia junta de gobierno es algo tremendamente incómodo», apunta Moreno, quien, no obstante, admite que introducir abiertamente un «tema conflictivo» en el seno de estas organizaciones es muy difícil.

Desde la Macarena explican incluso que en los órganos de participación de la hermandad, los cabildos, no se alude a la situación de los restos de Queipo de Llano desde hace años. «Pertenecer a una hermandad en Sevilla y tener determinadas devociones religiosas o identitarias es una cuestión fundamentalmente sentimental», desgrana Isidoro Moreno, que hace una comparación con los equipos de fútbol de la ciudad: «los escudos del Betis o del Sevilla están por encima de quienes sean sus dirigentes, aunque sean contrarios o incompatibles con la ideología de cada uno».

La relación entre Queipo y la Macarena

Gonzalo Queipo de Llano fue, de facto, el principal responsable de la Hermandad de la Macarena. La basílica que hoy alberga a la corporación fue construida bajo su patrocinio sobre los restos de una casa en que había un bar frecuentado por anarquistas. «Fue un genocida, pero fue muy listo; se apropió de la devoción principal de Sevilla», relata el antropólogo, que recuerda cómo convenció a la hermandad para vender la corona de oro de la imagen mariana para sufragar la Guerra Civil.

«Después obligó a la gente a pagar para rescatarla», ilustra Moreno, que asegura que hubo intentos porque la virgen no volviera al barrio y se quedara en la iglesia de la Anunciación, donde estuvo mientras se construía el nuevo edificio. «Llegaron a escribir que su barrio no se merecía tener a esa virgen», señala el catedrático sevillano. La zona de la Macarena, junto con San Julián y San Marcos llegó a ser conocida como el Moscú sevillano, una zona popular donde se presentó una mayor resistencia a los golpistas en julio de 1936.

«Es una contradicción permanente casi desde la construcción de la basílica», reconoce Isidoro Moreno, que cree que la hermandad debió haber retirado los restos «hace tiempo». Esa preocupación existe en el seno de la corporación. La actual junta de gobierno se comprometió a instalar un columbario en la basílica donde podrían ser trasladados los restos del general. En 2009 se eliminaron las alusiones al golpe de Estado de 1936 y el cargo de teniente general que ostentaba Queipo. Ahora, en la lápida solo se cita su cargo de hermano mayor honorario de la corporación. Estos gestos se compaginan con una posición más conservadora que se centra en la aplicación de la ley.

La ley andaluza de 2017

Hasta que la nueva norma entre en vigor, la presencia de los restos de Queipo en la basílica de la Macarena es absolutamente legal. Muchas de las personas que defienden la necesidad de sacar al general golpista del templo confiaron en la ley andaluza de Memoria Democrática, aprobada en marzo de 2017 por el Gobierno de Susana Díaz. Pero la norma se quedó a medias, ya que no llegó a desarrollarse el «catálogo de elementos contrarios a la Memoria Democrática» que habría permitido a la Junta a ordenar la exhumación del militar para dejar de ocupar «un edificio de carácter privado con proyección pública».

Sí hubo una consulta al gabinete jurídico de la Junta en julio de 2017 en la que el letrado aseguró que era necesario crear «un comité técnico» para determinar si la tumba del general incumplía la norma. Después, se puso en marcha la elaboración de un decreto con el citado catálogo que estuvo a punto de aprobarse a finales de 2018.

El PP, al llegar al Ejecutivo, no desarrolló ese decreto y optó por elaborar una orden que, por el momento, no se ha desarrollado. Hay que recordar que Vox y el PP pactaron el desarrollo de una ley de concordia para sustituir al actual texto autonómico. La condición que pusieron los populares para cambiar la norma es alcanzar un consenso mayor. Esto es un imposible, teniendo en cuenta que la norma de 2017 se aprobó con el apoyo de PSOE, Podemos e IU y la abstención de PP y Cs.

Pero todo este laberinto está a punto de terminar con la entrada en vigor de la ley estatal, que en el citado artículo 38.3 alude casi de forma inequívoca a la situación de la tumba de Queipo de Llano. Además, fuentes del Gobierno desvelan que la potestad para activar su cumplimiento es del Ministerio de Presidencia. Y así lo hará, como anunció Félix Bolaños en los micrófonos de la Cadena Ser. Paradójicamente, los mismos que el general utilizaba para propagar su terror en los primeros meses de la guerra a través de sus tristemente célebres arengas.