Villafranco del Guadalhorce (Málaga). El último «pueblo» del caudillo

En Málaga todavía hay una población con su nombre dedicado al dictador: Villafranco del Guadalhorce, una pedanía de Alhaurín el Grande creada hace unos cincuenta años

Málaga Hoy | José M. Botello | Cártama | 10-4-2016

En la provincia de Málaga todavía hay una población con su nombre dedicado al dictador Franco, Villafranco del Guadalhorce, una pedanía de Alhaurín el Grande creada hace unos 50 años. El objetivo del Ministerio de Agricultura de la dictadura era la explotación de grandes extensiones de regadío, tipo de cultivo que se presumía más productivo, donde antes sólo había secano. Para ello se construyeron los embalses del Guadalhorce y el Guadalteba y una red de canales y acequias, pero también se necesitaba mano de obra, por lo que se crearon diversas poblaciones de agricultores, lo que se ha conocido como pueblos de colonización agraria, entre ellos, Villafranco.

Pero mantener esta toponimia, como indica el abogado Eduardo Ranz, es «ilegal» si se tiene en cuenta la Ley de Memoria Histórica. Así, este jurista se ha propuesto cambiar la denominación de las 11 «entidades territoriales» que todavía mantienen referencias al franquismo, entre las que está Villafranco del Guadalhorce: «No existe mayor exaltación de la Guerra Civil y la Dictadura que mantener el nombre de sus máximos exponentes en el apellido del pueblo, y por tanto, no existe mayor incumplimiento de la norma», sentencia. El cambio de nombre, además precisa Ranz, no debería venir de una consulta a los vecinos, «sino directamente del cumplimiento de la Ley». Para ello el pasado 11 de febrero el abogado remitió un escrito a la Federación Española de Municipios y Provincias y también a la Diputación de Málaga pidiendo la «redefinición» de esta pedanía, documento que, según precisa, no ha tenido respuesta. Por su parte, el Ayuntamiento de Alhaurín el Grande, que tiene la competencia para la modificación de esta denominación, asegura que no tiene constancia de ninguna petición de cambio de nombre y que, por el momento, no está entre sus planes la modificación de la denominación de Villafranco del Guadalhorce.

También desde las asociaciones de memoria histórica en la zona se lamentan de que todavía Franco viva en el nombre de esta población. «Es impensable que un pueblo se pueda llamar Villa de Hitler o Villamussolini» se escandaliza José Sánchez, presidente de la Asociación contra el Silencio y el Olvido de Málaga. Asimismo Sánchez, que está involucrado con su entidad en una comisión para el cambio de calles en Málaga capital, resalta que administrativamente sería más fácil alterar el nombre de «un pueblo» antes que modificar denominaciones de vías urbanas.

En cuanto al procedimiento de cambio, que tendría que involucrar al menos al Ayuntamiento, la Diputación, Correos y Hacienda, debería haber un tiempo de convivencia entre las dos denominaciones, para luego dejar sólo la nueva. «Es un proceso lento, porque la gente se tiene que ir acostumbrando, no es automático» admite Sánchez. De la misma forma, desde el Foro por la Memoria Histórica de Málaga, Miguel Cerón, su secretario general, también muestra su disconformidad: «Muchas veces son los propios municipios quienes ponen más obstáculos, porque la Ley [de Memoria Histórica] tampoco se ha desarrollado y no los obliga a cumplirla», incidiendo en que «el Ayuntamiento de Alhaurín el Grande nos ha puesto siempre muchas trabas», a la vez que reconoce que «muchas reticencias suelen venir de los propios habitantes de estos pueblos y pedanías que se niegan a cambiar el nombre».

Así, precisamente el cambio de denominación de Villafranco del Guadalhorce no es algo que preocupe a los vecinos, al menos no lo ven como algo prioritario. «No sé, es el nombre con el que lo he conocido siempre, no creo que sea lo más importante, serán leyes pero hay cosas más urgentes», asegura Rafael, que regenta un bar en la pedanía y que pone como principal problema la ausencia de un centro de salud y que no haya un ramal hacia la pedanía de la nueva variante que une el Valle del Guadalhorce y la Costa del Sol.

«Nosotros cuando decimos Villafranco no pensamos en Franco, aquí nadie piensa en Franco», dice Guadalupe, una monja dorotea pontevedresa que lleva casi 30 años en la pedanía. «Pues si le cambian el nombre que no le pongan el de otro por si hay que volver a cambiarlo, mucho mejor nombres de árboles o de plantas, como están haciendo con las calles nuevas», exhorta la religiosa.»Para nosotros, aunque le cambien el nombre, siempre será Villafranco, lo hemos conocido siempre así. Además, es la Historia, que ese hombre fuese más malo o menos… el pueblo se construyó por su gobierno», explica Fernando González, quien fue alcalde pedáneo durante los 90. Él llegó a la población alrededor de 1970 cuando en el poblado de colonización sólo vivía media docena de familias llegadas en el año 1968, cuando se inauguró el pueblo.

«A los que vivíamos en el campo el Instituto de Reforma y Desarrollo Agrario (Iryda) nos decía que nos viniéramos para acá, que nos iban a tirar nuestras casas. Yo vivía en el Cortijo de Pajares y nos vinimos los últimos, al día siguiente fuimos a recoger unas cosas que nos habíamos dejado y ya habían derruido todo», recuerda el antiguo alcalde pedáneo, pero añade que la mayoría de los pobladores venían de pueblos como Alhaurín el Grande, Cártama o Coín. A estos colonos se les proveía de una casa rodeada de patio, cuadras, corrales y cobertizos, y además, recibían entre dos y cinco hectáreas de terreno que debían dedicar a cultivos de regadíos como perales, ciruelos, cítricos o melocotoneros. «Todo esto se iba pagando sobre la propiedad, y después, en la década de los 90 o así empezaron a darnos escrituras a todos los que teníamos los pagos al corriente» subraya Fernando.

Pero el tiempo pasó y el objetivo inicial del Ministerio de Agricultura franquista fracasó, de esta forma los colonos y sus familias abandonaron el trabajo en el campo como actividad principal por el bajo precio de los productos agrícolas. «Cuando yo era pequeño ya la mayoría de la gente tenía su trabajo fuera, en la hostelería o en la construcción, y luego echaba los ratos libres en la parcela y conseguía una ayudita, pero ahora ya ni eso» destaca Bonifacio González, actual presidente de la asociación de vecinos de Villafranco, que nació en la pedanía en el año 1979. Además, explica que el espacio de los antiguos patios, corrales y cobertizos se ha ido convirtiendo con el paso de los años en las casas de las nuevas generaciones de villafranquenses. Pero con respecto a la polémica del cambio del nombre, recalca que no es algo que preocupe a los vecinos: «Estoy seguro de que no se ha pedido desde el pueblo».

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