Alonso G. Ojeda. Poema a la apertura de las fosas comunes de Osuna

Poema a la apertura de las fosas comunes del cementerio de Osuna

Alonso G. Ojeda

10/02/2026

 

Los enterraron bien hondo.

Primero, los asesinaron como a perros,

luego, los echaron amontonados como basura

al fondo de un negro agujero.

Y creyeron -¡ilusos!- los asesinos,

los detentadores del poder y de las armas,

los que se creen guardianes de las sacrosantas

esencias y de la verdadera moral –la suya-,

los que viven en permanente cruzada,

los que solamente defienden siempre

-con la cruz en una mano y la espada en la otra-,

sus tierras, sus palacios, sus iglesias, su dinero y sus

                                                                       [privilegios,

creyeron -¡ilusos!-,

que ahí quedarían para siempre

enterrados y olvidados.

 

 

Y la Tierra siguió girando años y años,

día y noche, incansable

alrededor de sí misma y alrededor del Sol,

y, efectivamente, parecía que ya nadie se acordaba

                                                                         [de ellos,

pero la Luna había sido testigo,

testigo de aquello, testigo de todo aquel horror,

y guardaba en sus ojos y en sus oídos amarga memoria

de aquellos sacrificios, de aquellas crueldades,

de aquellos hombres y mujeres que fueron asesinados

                                                                         [sin piedad,

que fueron asesinados por pensar,

por tener ideas propias, por hablar,

por mirar de frente en vez de agachar la cabeza,

por querer un país y un mundo mejor y más justo,

aquellos hombres y mujeres que fueron asesinados

por los devotos del “No matarás”.

 

 

Pero la Luna había sido testigo.

Y un día aparecieron las mujeres y los hombres

de las delicadas manos y las delicadas herramientas

y, con la misma paciencia con que la Tierra giraba

                                                                       [y giraba,

y con la máxima delicadeza, para no maltratar más

aquellos cuerpos ya suficientemente maltratados,

ya suficientemente humillados,

sacaron a la luz sus huesos,

volvieron a darles vida de alguna manera,

les devolvieron la dignidad,

para que pudiesen descansar en paz ellos y sus familias,

para que resplandeciese la verdad

y pudiese de nuevo sonreír la Luna.

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