El abrazo entre las nietas de un represaliado y un represor franquista: una conversación para reparar las heridas
“Estar aquí con ellas, con Gloria y Lola, es sanador y reparador”, ha contado Loreto Urraca en este encuentro organizado por la Diputación de Cádiz
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“¿Echáis de menos a vuestros abuelos?”. La pregunta se quedó colgando en el aire de una mañana lluviosa en Cádiz. La realizó Ignacio, de 11 años. La alerta naranja llevó a cerrar su colegio y su madre se lo llevó a él y su hermano al primer encuentro sobre Memoria Histórica organizado por la Diputación de Cádiz. Tres mujeres habían estado hablando durante una hora de sus abuelos y, cuando empezó el turno de preguntas del público, él se atrevió a levantar la mano. “¿Echáis de menos a vuestros abuelos?”, repreguntó ante la cara de sorpresa de sus interlocutoras. Dos de ellas, Lola y Gloria, nunca conocieron a su abuelo. Fue ejecutado tras la Guerra Civil. La otra, Loreto, sí pudo conocerlo. No lo echa de menos. Su abuelo fue quien ayudó a detener y matar al abuelo de Lola y Gloria.
“Se habría sentido reparada”
Un día de 2008, Loreto Urraca leía el periódico y se sorprendió al ver su apellido en un reportaje. Hablaban de un policía franquista que se dedicó a perseguir, acosar y detener en Francia a los exiliados de la España republicana. Se llamaba Pedro Urraca. Era su abuelo. Conoció entonces que, en coordinación con la Gestapo nazi, participó en el arresto del que fuera presidente de la Generalitat catalana Luis Companys, del exministro Julián Zugazagoitia, o un diputado chiclanero llamado Manuel Muñoz Martínez. El abuelo de Gloria y Lola Esteban Muñoz.
A diferencia de Loreto, las dos hermanas sí supieron desde niñas de la historia de su abuelo, gracias al testimonio desgarrado y doliente de su madre. “Mi abuelo era un militar de carrera intachable, condecorado, un hombre inteligente, con inquietudes sociales y republicano”, ha recordado su nieta Lola. Muñoz Martínez llegó a ser diputado electo por la provincia de Cádiz durante la Segunda República y se convirtió en uno de los hombres de confianza de Manuel Azaña. Tras el golpe de estado, consiguió huir a Francia, pero el trabajo instigador de Urraca pudo ser fundamental para su localización, extradición, encarcelación en España y, finalmente, su ejecución. “Mi madre llegó a estar en la celda en la víspera del fusilamiento”, ha rememorado Gloria.
La madre de ambas, la hija de Manuel, fue otra víctima de aquella represión. Niña de reformatorio, señalada, y con la tragedia de perder a un padre de esa manera. Nunca olvidó todo aquello. Y así lo transmitió a sus hijas. “Mi madre no tenía rencor. Tenía mucho dolor, eso sí. Pero nunca rencor. Nunca deseó que a los del otro bando les pasara lo mismo que a ella”, ha contado emocionada Lola. A las dos durante este encuentro solo se les ha quebrado la voz dos veces. Las dos veces que se han acordado de su madre y lo importante que este encuentro habría sido para ella. “Se habría sentido reparada. Seguro”.
“Este encuentro debería repetirse en institutos”
También poder hablar con las familias de las víctimas de su abuelo ha sido reparador para Loreto Urraca. Después de descubrir todo lo que había hecho Pedro Urraca, se sintió parte implicada en sus crímenes. “Se me revolvían las tripas, sentí vergüenza”. Por eso en 2013 abrió una web, www.pedrourraca.info, para transmitir informes y listas de republicanos perseguidos. También ha escrito una novela, ‘Entre hienas’; ha participado en un documental sobre familiares de genocidas, y forma parte del colectivo ‘Historias desobedientes’, un movimiento nacido en Argentina.
“Estar aquí con ellas, con Gloria y Lola, es sanador y reparador”, ha contado Loreto Urraca en este encuentro organizado por la Diputación gaditana, que también ha reflexionado sobre las dificultades de excavar fosas o el papel de la educación de memoria democrática. “Este encuentro debería repetirse en institutos”, ha sugerido al término de la jornada el historiador Santiago Moreno.
Y este relato sobre abuelos es lo que ha movido a un niño, a Ignacio, de 11 años, a levantar la mano y lanzar esa pregunta. “¿Echáis de menos a vuestros abuelos?”. La pregunta ha dejado descolocada a Lola. “Yo no lo pude conocer”, ha resuelto decir. Pero su hermana Gloria le ha recogido el testigo. “Claro que lo echamos de menos. Porque, de haberlo tenido, le habría hecho mil preguntas. Me encantaría poder hablar con él”.
Ignacio ha mirado entonces a Loreto, quien, emocionada, ha tenido que volver a acordarse de un doloroso momento. “Mi abuelo era ciego y un día me dijo que me iba a dictar sus memorias. Yo entonces no sabía lo que había hecho, pero le dije que no, porque no me interesaba qué había hecho un funcionario de su época. Ahora que sé todo lo que hizo, me alegro de haber dicho que no”, ha explicado. No se arrepiente ni echa de menos a su abuelo. Diciéndole que no se ahorró un relato que hoy le habría hecho más daño.
Tras la pregunta de Ignacio, ha tomado la palabra entre el público Ana Julia Muñoz, hija de Gloria, sobrina de Lola, bisnieta de Manuel. “Me siento orgullosa de vosotras tres. Sé lo que habéis pasado y sé lo importante que este día es para vosotras”. Esas palabras han cerrado un acto que se ha sellado con un abrazo. Un abrazo de tres nietas.
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“Cuando un familiar es un genocida no hay que honrarle”: las nietas de un represor y de un represaliado hacen un emotivo ejercicio de Memoria Histórica
Gloria y Lola Esteban, nietas del republicano Manuel Muñoz Martínez, y Loreto Urraca, nieta de su represor franquista Pedro Urraca, se han reunido en ‘La Ventana’ para reflexionar sobre la Guerra Civil y la Memoria Histórica
La Ventana a las 16h | Una reflexión sobre la Memoria Histórica
Álvaro García
Madrid
13.11.2024
Que el lector se imagine a sí mismo en la siguiente situación: un día cualquiera descubre que un familiar, ya sea su padre o su abuelo, fue un delator, un represor o un asesino. Eso es lo que le ocurrió a Loreto Urraca Luque cuando descubrió por azar, leyendo el periódico, la verdadera identidad de un abuelo que apenas conocía llamado Pedro Urraca, apodado ‘El Cazador de Rojos’.
Urraca era un agente franquista en la Francia ocupada por los nazis dedicado a cazar a republicanos exiliados que luego eran ejecutados. Fue responsable de la detención, entre otros, del presidente de la Generalitat catalana Lluís Companys y de Manuel Muñoz Martínez, parlamentario de la provincia de Cádiz en la Segunda República, que terminaron sus días ante pelotones de fusilamiento. Las nietas de Muñoz Martínez, las hermanas Lola y Gloria Esteban Muñoz, y la nieta del represor Urraca, Loreto Urraca, se han sentado juntas en La Ventana a reflexionar sobre esta historia.
Loreto Urraca, nieta de Pedro Urraca, ha relatado el impacto de descubrir que su abuelo fue uno de los agentes franquistas más activos en la persecución de republicanos exiliados. Al descubrir el oscuro pasado de su abuelo en 2008 a través de un artículo periodístico, quedó profundamente afectada. “Después de esa primera gran sorpresa siento una vergüenza tremenda. En aquel momento no supe gestionar qué iba a hacer luego. Casi esperaba que la información no fuera a más. Y durante un tiempo no hice nada más que sentir vergüenza y suponer que alguien vendría a pedirme cuentas. En mi familia nunca tuve la información porque mi padre se fue muy pequeño. Yo conocí a este abuelo brevemente con 18 años y no supe nunca cuales eran sus funciones. Pensaba que era un funcionario del Ministerio de Exteriores”, ha contado Loreto.
En 2013 decidió abrir la web pedrourraca.info, donde recopila documentos históricos y listas de republicanos perseguidos. Cinco años después publicó la novela Entre hienas, en la que reconstruye la red de espionaje y represión del franquismo en Francia, apoyándose en archivos de ambos países. Ha explicado que está muy agradecida por el encuentro que ha mantenido con las hermanas. “Quiero darle las gracias a ellas dos por haberme acogido, porque voy con ese miedo de que no se me acepte. Le da sentido a lo que hago, que es denunciar a un genocida de mi familia”, ha dicho.
Por su parte, Lola y Gloria Esteban Muñoz relatan cómo la historia de su abuelo dejó una marca profunda en su familia. Tras la detención de Muñoz Martínez, toda la familia sufrió el rechazo y el desprecio de la sociedad gaditana al regresar del exilio, enfrentando arrestos y represalias en su propia ciudad. Su madre tenía apenas diez años cuando la detuvieron y separaron de su familia. Fue enviada a un reformatorio, sin saber si volvería a ver a sus padres. Finalmente, lograron reunirse en un dramático canje por familiares de Queipo de Llano, pero el dolor de la pérdida quedó grabado en sus vidas, especialmente al enterarse de la muerte de uno de los hijos de Muñoz Martínez, Agustín, que falleció en prisión a los quince años.
Gloria ha recordado cómo su madre jamás pudo sanar del todo esas heridas: “Ella procuraba no hablar del tema. Cuando salía, era con un profundo dolor porque mamá terminaba llorando y decía que tenía un dolor que le acompañaba siempre porque el recuerdo la perseguía. Son episodios que una niña no puede gestionar bien”. También ha elogiado a Loreto Urraca por su valentía al denunciar los actos de su abuelo. “La admiro porque encontrarse con una noticia así y empezar una reconstrucción de la identidad tan profunda es un trabajo de categoría. La investigación que ha hecho, la publicación de su libro. Es un ejemplo muy bonito, porque en este país que está tan polarizado, ya es hora de que pongamos una semilla para difuminar esa línea que nos separa unos a otros”, ha contado Gloria.
La implicación de Loreto en el colectivo Historias Desobedientes, que reúne a descendientes de genocidas en España, Argentina, Alemania y otros países, le ha dado un nuevo propósito, aunque también ha recibido algunas críticas. “Durante mis años de investigación y cuando he publicado la novela he recibido críticas diciéndome que a la familia no hay que deshonrarla. Eso me reafirmaba más. Cuando un familiar es un victimario, un genocida, no hay que honrarlo”, ha explicado Urraca.
Este encuentro simboliza el esfuerzo de muchas familias que buscan justicia no desde la confrontación, sino desde la comprensión y el reconocimiento mutuo. El acto oficial, que tendrá lugar el próximo jueves 14 de noviembre en el Primer Encuentro de Memoria Democrática de la Diputación de Cádiz con mesas redondas y testimonios de otras familias, tratará de ser una oportunidad única de reconstrucción histórica, donde las voces de las víctimas y sus descendientes contribuyan a, como ha afirmado Gloria Esteban Martínez, “poner una semilla para difuminar esa línea que nos separa unos a otros”.




