Carlos Hernández: «Nos han sometido a un engaño masivo y a una ocultación premeditada con aquello de no mirar atrás y no reabrir heridas, una idea falaz»

REFERENTE EN MEMORIA HISTÓRICA, CARLOS HERNÁNDEZ RESIDE DESDE EL PASADO VERANO EN NAVARRA, REFORZANDO ASÍ EL ELENCO DE INVESTIGADORES SOBRE LA REPRESIÓN FRANQUISTA

JESÚS BARCOS / PAMPLONA / 07.11.2021

Carlos Hernández (Madrid, 1969) es un periodista de amplia trayectoria, instalado en el valle de Baztan desde el mes de julio, con la idea de «quedarse durante bastante tiempo». Autor de sendos ensayos sobre la represión nazi y franquista, participó este jueves a Pamplona en un acto sobre el expolio económico en Navarra desde 1936, junto a César Layana, entrevistado recientemente en estas páginas y Josemi Gastón, director del Instituto Navarro de la Memoria, que Hernández elogia por haber contribuido a que Navarra «haya recuperado parte del terreno perdido» en esta cuestión.

Lleva cuatro meses en Navarra. 

Sí, era una zona que solo conocía a nivel turístico y me apetecía mucho venir a vivir aquí, y por eso me decidí a instalarme en Oronoz.

Ya había vivido en Asturias y en Galicia. El norte le tira.

Hace unos diez años decidí dejar Madrid, que era donde había vivido siempre y desarrollado mi carrera profesional. Entre otras cosas porque me superaba el ritmo y la escasa calidad de vida que se tiene en una gran ciudad. Navarra siempre me había llamado la atención por la gente, por su historia y su belleza, e incluso porque prefiero el frío y la lluvia a cualquier otro tipo de clima. Los cuatro meses que llevo aquí han superado mis expectativas a todos los niveles, y me ha sorprendido gratamente la amabilidad de la gente, la cercanía y la facilidad para conectar y entablar amistad y relación.

Un giro vital en paralelo al que dio a su carrera. Algunos recordamos aún sus crónicas en Antena 3.

–Yo ya no volvería al periodismo diario, de redacción, de tener que estar siguiendo día a día la actualidad. Lo único que alguna vez me da morriña es el periodismo de guerra, porque creo que es el más puro que hay. Contraponiéndolo por ejemplo al periodismo político, que está presionado por los poderes, y tan basado en declaraciones y ruedas de prensa. Sin embargo, la corresponsalía de guerra es un periodismo muy puro, y auténtico, donde la única presión que tienes es la del riesgo físico que puedes correr, pero paradójicamente creo que es donde más libre me he sentido. Esa etapa terminó. También otra de asesoría política y de comunicación empresarial, y decidí dar un giro a mi vida.Y pasó a la memoria histórica.

Fue un cúmulo de circunstancias, y como casi todo en mi vida algo inesperado. Yo tampoco pensé en la vida que iba a ser corresponsal de guerra. Y sin embargo circunstancias profesionales me acabaron llevando a eso, por un cambio de dirección en Antena 3 Televisión, que pasó a ejercer una auténtica manipulación política. A mí se me invitó a irme a Internacional. Fue una intervención para controlar un medio de comunicación, por parte del Gobierno del Partido Popular de José María Aznar, la que me apartó de mi trabajo de siempre, y me abrió una nueva etapa paradójicamente muy interesante. Lo mismo ocurrió con la memoria histórica. Ahora me da hasta una cierta vergüenza la cantidad de años que estuve sin prestarle atención a este tema. Por puro desconocimiento, como le pasa al 90% de la población de este país.

Un día recordó a su tío abuelo.

–Que cuando yo era pequeño venía todos los veranos desde Francia, y escuché que había estado en un lugar llamado Mauthausen. Muchos años después, cuando él ya había muerto, descubrí que aquel hombre era un exiliado que había combatido en el ejército republicano, había acabado en el campo de concentración nazi, y había conseguido sobrevivir. Se me quedó grabado, y en ese parón profesional decidí que era el momento de investigar la historia de mi tío Antonio Hernández. Al principio simplemente para mi familia. Según me fui metiendo en el tema, fui conociendo la magnitud de la deportación española en los campos nazis. Más de 9.000 españoles y españolas que estuvieron ahí, de los cuales 5.500 murieron de la misma manera que los judíos. Y según iba averiguando estas cosas, me iba dando cuenta de todo el desconocimiento que había tenido sobre esto, y me invadió un sentimiento de cabreo profundo.

Por el estruendoso silencio que había imperado.

–Claro, fue una ocultación premeditada además. A mí no me habían contado nada de esto ni en el colegio, ni en el instituto, pero tampoco en la facultad de Periodismo, ni como periodista apenas había visto reportajes sobre el tema. La sociedad no lo conocía. Y decidí investigarlo a fondo.

Con la potencia de dar voz a los olvidados.

–Exactamente. Un engaño masivo al que nos han estado sometiendo, ya no durante el franquismo, sino también en lo que llevamos de democracia. Una ocultación premeditada con aquella idea de no mirar para atrás, de no reabrir heridas, un argumento absolutamente falaz en mi opinión. No puede ser que en un tema de esta extrema gravedad que no supiéramos que personas de Pamplona, de Madrid, de Murcia habían pasado exactamente por el mismo sufrimiento del pueblo judío. E intenté poner un granito de arena en la línea de intentar acabar con esa ignorancia histórica que tenemos en este país.

¿Qué otra idea guarda de aquello?

–De las cosas que más me impresionaron, más allá de todo el horror que narraban estos supervivientes, es como sin tener resentimiento hacia España, porque seguían amándola profundamente, sentían que se les había olvidado e incluso traicionado varias veces, principalmente después de la muerte de Franco. Creían que entonces al igual que en el resto de Europa se iba a conocer su historia, la realidad de lo que ellos pasaron y sufrieron, y se les iba a reconocer. No sucedió nada de eso. Cuanto más investigas, más sentimiento tienes de frustración como país. Yo he crecido como niño, como casi todos, viendo películas donde los americanos eran unos héroes porque peleaban contra los nazis, y sin embargo se me ha ocultado que había españoles combatiendo exactamente igual contra los nazis en las filas de cualquiera de los ejércitos aliados o como miembros de la resistencia.

¿Frustración o avería democrática de origen?

–Yo creo que en nuestro país estamos pagando a día de hoy, 2021, las consecuencias de haber hecho una Transición en la que nos obligaron a olvidarnos de nuestro pasado. Tú puedes intentar enterrar y ocultar lo ocurrido, pero por mucho que lo hagas ahí sigue estando. Esa estrategia tras la muerte de Franco nos ha lastrado como democracia. No vamos a tener una democracia de plena calidad hasta que no solventemos esa asignatura pendiente, que es nuestra Historia. Franco tergiversó durante 40 años y manipuló el periodo que empezó en 1931 y terminó con su muerte. Esa reescritura era necesario corregirla después de 1975. Y sin embargo, los distintos gobiernos utilizaron aquel discurso de la reconciliación, necesaria, aunque habría mucho que hablar.

¿Por qué?

–Tú te reconcilias con alguien que para empezar te pide perdón por cosas que ha hecho. Aquí nadie ha pedido perdón por los crímenes del franquismo. De tal manera que esto de la reconciliación me parece que es otra de las falacias constantes. Aquí no hubo reconciliación, sino un borrón de lo ocurrido y un blanqueamiento absoluto durante la dictadura y de los asesinatos que habían cometido los franquistas. Dejar las cosas como estaban, lo dice la propia frase, era dejarlas como las había dejado Franco. Y no es entendible que a partir de mediados de los ochenta, no se corrigiera eso. Era el momento a partir de entonces de corregir lo que no se pudo hacer en la Transición por las amenazas de los herederos de Franco. La Transición se hizo con la pistola de los militares franquistas en la cabeza de los políticos democráticos. La amenaza era constante de un golpe de Estado bajo la advertencia del ‘no os paséis’, y de hecho cada vez que se daba un paso que era considerado excesivo ya volvía a haber ruido de sables. En Chile o en Argentina, por ejemplo, se aprobaron leyes poco más o menos que de punto final, pero pasados unos años en ambos países se derogaron esas leyes de punto final, y a día de hoy, con todos los problemas, peros y matices que hay, Argentina y Chile nos han dado una lección de cómo se hacen estas cosas. Y al menos han juzgado o encarcelado a algunos de los responsables, se han incautado bienes a la familia de Pinochet en Chile…

Su segundo libro se tituló ‘Los campos de concentración de Franco’.

–El primer libro me llevó al segundo. Un par de los supervivientes españoles de Mauthausen, después de entrevistarles, me instaron a investigar los campos de concentración en España, porque es un tema todavía más desconocido, y decidí recoger el guante. No sabía la magnitud del tema. Estuve 3 años dedicado en exclusiva a investigar este tema, para poder reconstruir lo que fue el sistema de campos de concentración franquista que eran oficiales. Es decir, no es un término subjetivo que me inventase yo, sino que era el término que utilizaban los propios militares franquistas y la propia dictadura una vez terminada la guerra. Creó un sistema de campos de concentración y de batallones de trabajos forzados que formaban parte del mismo esquema, por el que pasó cerca de un millón de españoles.

Se dice pronto.

–De hecho el propio Franco decidió crear un organismo para centralizar todos estos campos y lo llamó ‘Inspección de Campos de Concentración de Prisioneros’. He podido documentar trescientos campos diseminados por toda España, comenzaron a surgir desde 1936, y los dos últimos no cerraron hasta 1947. Los objetivos eran un exterminio selectivo, no masivo como en los campos nazis, investigar a los prisioneros, además de explotarles laboralmente, reeducarles y doblegarles ideológicamente, y un último objetivo que era el castigo puro y duro.

Y la investigación fue como componer un puzle.

–De hecho la mantengo abierta, por su magnitud y porque quedaban flecos, y de que seguirían apareciendo nuevos documentos. Reconstruir este sistema de campos supone tener que visitar decenas y decenas de archivos. Y esto no es casual, esta falta de medios humanos y materiales a los archivos, esta dispersión, ha dado lugar a mucho material sin analizar o mal analizado, y material que todavía oculto por la Ley de Secretos Oficiales. A mí me ha costado muchísimo más investigar sobre los campos de concentración franquistas que los nazis, pese haber tenido que visitar en este caso archivos en Polonia, Austria, Alemania, Estados Unidos y Francia.

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