¿Cómo enseñar Memoria democrática en los institutos?

Pamplona será, por unos días, el centro neurálgico de la memoria histórica en la enseñanza. El I Congreso Internacional Historia con la Memoria en la Educación reunirá a diversos docentes que ya están llevando a cabo iniciativas para que los más jóvenes puedan conocer el pasado más reciente de su país.

Por primera vez en España, una ley educativa habla expresamente de la obligación de explicar la historia contemporánea del país en las aulas. La LOMLOE y la recién aprobada Ley de Memoria Democrática abren las puertas de los institutos para que un aire nuevo entre en ellos. Un aire que, por otro lado, ya soplaba gracias al esfuerzo individual de docentes conscientes de que construir un mejor futuro es casi imposible si se desconocen los errores y aciertos del pasado. Más de 460 inscritos de 15 comunidades y 31 provincias serán los testigos de una nueva andadura en la enseñanza durante el I Congreso Internacional Historia con la Memoria en la Educación, organizado por el Instituto Navarro de la Memoria, en el que se presentarán 150 experiencias educativas.

César Layana es miembro del Instituto Navarro de la Memoria, dependiente del Gobierno foral. Él sabe bien que, hasta ahora, las iniciativas educativas para acercar la memoria histórica en los institutos partían más del interés propio del profesorado que de algo estipulado a nivel normativo. «Este Congreso es un encuentro en el que conoceremos, por parte de docentes que ya están llevado a cabo experiencias en sus centros, las formas que hay de explicar nuestro pasado más reciente para ver qué tienen en común y qué pueden aprender unas de otras», en sus propios términos.

Más allá del debate social que acarrea el tema de los currículos escolares, lo que sería la parte dura del temario de una asignatura, este I Congreso Internacional Historia con la Memoria en la Educación será una viva muestra de todo lo que decenas de profesionales de la educación vienen haciendo en sus centros. Para ello, los proyectos de investigación, la visita a los lugares de memoria, la recopilación de testimonios y el uso de lenguajes artísticos son claves para que las iniciativas lleguen a buen puerto. «Todo esto permite un diálogo entre generaciones distintas, encontrar las historias escondidas del entorno del estudiantado. Queremos mandar el mensaje de que todas estas experiencias no son complicadas de realizar, que el profesorado se atreva a realizarlas para que vea la buena acogida por parte de sus estudiantes», se explaya Layana. Y es que, en realidad, se trata de un ámbito en el que los más jóvenes sintonizan perfectamente por esa concepción de lo justo y lo injusto, parafraseando las palabras del miembro del Instituto Navarro de la Memoria.

Desde su punto de vista, el denominador común de los obstáculos que se han encontrado los institutos para hacer realidad estos proyectos de memoria en la enseñanza es el «freno» que encuentran para tratar los temas más relacionados con el presente, más controvertidos. Por eso, según Layana, es importante el enfoque y la reflexión pausada, también la formación del propio profesorado, e implicar a los alumnos en los proyectos para que creen su propia representación de la historia.

Localizar en el barrio la historia del país

Eso es lo que lleva haciendo algunos años Rosa Rodríguez, integrante del grupo de profesores Eleuterio Quintanilla y docente de Geografía e Historia en un instituto de Gijón, el IES Padre Feijoo. «A partir de nuestro grupo, centrado en la educación intercultural y antirracista, y tras trabajar la acogida de refugiados de 2015, llegamos a la conclusión de que mucha población española menor de 30 años no conocía su propio pasado como refugiados o migrantes», comenta.

Ligando ese prisma más general con la realidad social del barrio en el que se encuentra el instituto, comenzaron en 2018 con un proyecto denominado «sufrir la guerra, buscar refugio». Así lo explica: «Abordamos la caída del frente del norte de Asturias en la Guerra Civil y los más de 70.000 exiliados que produjo entre febrero y octubre de 1937». Además, en el Congreso también presentarán otro proyecto ideado entre cinco centros educativos y centrado en una propuesta didáctica tras el visionado de la película de animación Josep, que cuenta la vida del dibujante y pintor catalán que terminó exiliado en Francia. Por el momento, en torno a unos 400 alumnos y alumnas ya han trabajado esta propuesta, a la que se suma otra que presentarán sobre los españoles deportados a los campos de trabajo forzado y exterminación nazis.

«La memoria democrática no solo está centrada en la Guerra Civil y la represión del primer franquismo, sino también en la fundación de los primeros sindicatos, o las huelgas de reconversión industrial de Asturias, que nos toca muy de cerca», aduce esta profesora. «Gracias a la LOMLOE estaremos más amparados para llevar a cabo estos proyectos tan necesarios sin tanto temor a que una asociación de padres y madres del alumnado pueda criticarnos o ciertos grupos políticos hagan lo mismo. Estas iniciativas potencian la empatía de los chavales y consiguen que identifique que lo que les pasaba a esas personas en 1937, les sigue afectando ahora», se explaya Rodríguez.

Lo hacen mediante proyectos en los que el alumnado interviene activamente. Tal y como explicita esta profesora de Gijón, una buena idea son los podcast de recreación. «Tú les das una biografía de un exiliado o su familia, y deben recrearla en formato radiofónico. Puede ser un reportaje, una biografía o una falsa entrevista», concreta.

Microrrelatos que unen el pasado con el presente

Patxi Abasolo es profesor en el IES Mendillorri, en Pamplona. Aunque con los proyectos educativos ligados a la memoria histórica comenzaron hace unos seis años, desde hace tres los llevan a cabo de manera interdepartamental en el que ya se han implicado un millar de jóvenes y hasta 120 docentes. «Algo clave fue que el proyecto se asimilara como un proyecto del centro, no solo de un departamento», declara.

Esto se materializa en una formación en pedagogía de la memoria histórica a todo el profesorado del instituto de unas 12 horas. «Por desgracia, el nivel de interinos es muy alto y perdemos bastantes profesores, pero digamos que son semillas que se van extendiendo», reflexiona. Uno de sus proyectos consistía en la escritura de un microrrelato por parte del alumnado de 4º de la ESO, el curso al que van dirigidos principalmente estas actividades.

«Buscamos imágenes de la represión franquista y de la Segunda Guerra Mundial, vinculado todo con el fascismo, y luego buscamos otras imágenes reales de hoy en día de forma paralela, como de campos de refugiados para migrantes. El estudiantado tenía que hacer un ejercicio de empatía con esas realidades y escribir un pequeño texto que presentar al concurso. Con ello hicimos una exposición en el centro y luego en la casa de cultura del barrio», desarrolla Abasolo.

El año pasado trabajaron la situación de las mujeres bajo el franquismo. «Partían de una entrevista a un abuelo o abuela, o cualquier generación anterior, para a partir de ahí ver cómo fue su experiencia bajo la dictadura y así poder contrastar lo que supuso aquella sociedad con la de nuestros días», agrega el docente. Y sucedió lo mismo: primero una exposición en el centro con el resultado, y luego una muestra para el barrio. Este año están enfocados en las hermanas Josefa y Elisa Úriz Pi, para poner en valor la «renovación pedagógica que se dio durante la República que el franquismo frenó».

De los conflictos internacionales a la Guerra Civil

Sergio Riesco también defiende que lo mejor es que el instituto haga suyo el proyecto sobre memoria histórica. Él es profesor en el IES La Cabrera, en el norte de Madrid, y así abordó el tema de los traumas que ocasionó la Guerra Civil y la dictadura: «En cada asignatura tenían que hacer algo específico. En lengua y literatura investigaban sobre los autores y autoras que habían escrito sobre la contienda, y así descubrieron a Orwell y Hemingway; en matemáticas intentaron desencriptar claves numéricas que aparecían en documentos secretos; y los de Historia nos centramos en actividades puramente relacionadas con la memoria», desarrolla.

Tras darle continuidad al proyecto, crearon un taller de memoria en el instituto que tiene cinco años en su haber. «Yo explico primero otros conflictos, como el Holocausto, el genocidio de Ruanda, las matanzas en Camboya o la persecución a los Rohinyás en Birmania. Ahí investigan y hacen algunas exposiciones en clase», relata Riesco. Al final, tratan el caso español y les explica que aquí aún no se ha superado el trauma de la memoria porque no había un consenso sobre cómo recordar los acontecimientos.

«Es muy útil coger la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, explicar qué son crímenes de lesa Humanidad, y empezar a trabajar desde ahí», comenta. Por su parte, trabaja para que los mensajes no se banalicen. «Los temarios son muy largos y nunca tocábamos estos temas, y eso es hacer el trabajo a la extrema derecha que lanza mensajes vacíos y simplificadores sobre nuestra historia», continúa. Además, su centro parte con una ventaja: a 15 minutos en coche del centro se ubica el destacamento penal de trabajo forzado franquista de Bustarviejo, el único en España que sigue en pie, un enclave ideal para explicar a los más jóvenes qué significó todo aquello.

Resolver los problemas históricos en el aula

Antoni Santisteban, profesor de la Universitat Autonoma de Barcelona (UAB) y especialista en didáctica de las Ciencias Sociales, y también se pregunta cómo enseñar memoria democrática en los institutos: «Los franceses lo llaman cuestiones socialmente vivas. Es evidente que o enseñamos nuestra historia más reciente, o es imposible comprender el presente y construir un mejor futuro», en sus propias palabras.

Por primera vez, dice, en una ley educativa se habla de memoria, conciencia histórica. «Esto siempre genera debate. Nadie discute sobre lo que hay que enseñar en Matemáticas o Química, pero sí en Historia. Es curioso, porque en clases de Matemáticas enseñan a resolver problemas matemáticos pero en las de Historia no se resuelven problemas históricos», enuncia.

Esa es la clave para Santisteban: «Debemos formar el pensamiento histórico del alumnado, y para ello hay que ponerlo frente a las fuentes. La memoria democrática no se debe enseñar haciendo un relato por parte del profesor, porque si no llegaría como algo ajeno al estudiante». El experto apostaría por la historia oral para acercar el pasado más reciente al alumnado, aprovechando que se trata de historia aún viva.
«España no se explica sin mirar atrás, a su historia contemporánea. Tenemos que tener una mirada crítica, de franqueza, para analizar todas las perspectivas sin miedo a que haya una acusación contra los docentes por adoctrinamiento», remarca el propio profesor universitario. Y para esto, concluye, es esencial una formación del profesorado.

https://www.publico.es/sociedad/ensenar-memoria-democratica-institutos.htmMH en Instit