Cristina Fallarás. Había una vez un ogro que levantó una cruz de 150 metros

Había una vez un ogro que levantó una cruz de 150 metros

Periodista y escritora

Había una vez un ogro que levantó una cruz de 150 metros | Público

Había una vez un ogro muy malo, muy malo, muy malo que quiso construirse un monumento muy alto que se viera desde todas partes, para que quedara clara su capacidad de hacer daño. Por eso, lo puso encima de un monte, sobre el valle, porque los ogros tienen problemitas de autoestima y necesitan cosas grandes. Cuánto más nuestro ogro, que era pequeño y redondo y triste como una albóndiga. Además, tenía la voz atiplada y le faltaba un huevo. O sea, que si acabaron admitiéndolo en la ogrería, tuvo que ser a fuerza de pura muerte sobre muerte, tortura sobre tortura.

Total, que el ogro albóndiga reclutó a un montón de hombres a los que había hecho prisioneros y los puso a trabajar para levantar su propio monumento. Los iba a buscar por las cárceles. Uno de ellos, procedente del penal de Ocaña, dejó dicho que los habían llevado a “construir una tumba faraónica”, lo cual está bien visto, porque todo ogro pequeño, criminal y acomplejado necesita su gran falo simbólico, y bien vale una cruz de 150 metros de altura. Una vez levantado el adefesio, lo llenaron de muertos y lo llamaron monumento, abadía, basílica y cosas así muy propias de quien tiene un dios llamado Dios, pero lo cierto es que aquello se convirtió en una enorme y pestilente fosa común.

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