El franquismo en los libros, nuevas vías para el análisis de la dictadura

► El régimen de Franco no fue un sistema de control de la información eficaz

► Hubo mucha delación y complicidad entre el mundo de la cultura y el poder

► La Universidad Complutense y la Fundación Pablo Iglesias han organizado un ciclo de conferencias para analizar las nuevas perspectivas historiográficas en torno al franquismo

El Mundo | Lidia Gómez | 13-02-2015

Casi cuatro décadas han transcurrido desde que el dictador español Francisco Franco falleciera en Madrid el 20 de noviembre de 1975. «Es la hora del dolor y de la tristeza, pero no es la hora del abatimiento ni de la desesperanza», afirmó Carlos Arias Navarro al anunciar su muerte por televisión. Sin embargo, la realidad no reservaba esperanza alguna para quienes creyeron que podría existir un franquismo sin Franco.

El derrumbamiento del régimen sería imparable, pese al empeño de las élites que apoyaron -y sobre las que se apoyó el franquismo- por evitarlo. Tal y como expresó el historiador y profesor de la Universitat de València, Ismael Saz Campos, en Las caras del franquismo, se trataba de «unas élites que solo apostaron por la democracia cuando comprendieron -y les costó- que ya no había alternativa».

El interés por la dictadura franquista y la guerra civil continúa y los trabajos historiográficos al respecto no han dejado nunca de estar en boga. Son muchos los nuevos estudios e investigaciones científicas que intentan alejarse de los mitos y la propaganda política para apostar por el rigor, los temas más novedosos e inexplorados y los enfoques alternativos.

Desde el año 2012, el Seminario Complutense Historia, Cultura y Memoria y la Fundación Pablo Iglesias han organizado el ciclo de conferencias El franquismo en los libros, con el fin de plantear una visión crítica de la historia más reciente de nuestro país a través de recientes e innovadores trabajos historiográficos.

En opinión del historiador y coordinador de esta tercera edición del ciclo, Rubén Pallol Trigueros, el objetivo es «presentar los nuevos caminos que se abren a la investigación y reflexión histórica, además de dar voz a jóvenes valores en el terreno académico que probablemente se conviertan en futuros autores de referencia».

 

Sobre las nuevas visiones acerca de la dictadura, el interés que este período suscita en los jóvenes o la relación entre las autoridades franquistas y los medios de comunicación, entre otros asuntos, ha hablado Rubén Pallol Trigueros con La Aventura de la Historia.

«Sin la complicidad del mundo de la cultura habría sido imposible crear un discurso de legitimación de la dictadura»

¿Cree que está cambiando la visión acerca del franquismo?

Por fortuna sí. Y espero que lo siga haciendo con el tiempo porque cada generación está obligada a reescribir la historia de acuerdo con sus intereses y preocupaciones. Esto no quiere decir que no se hayan producido excelentes obras de historiadores en el pasado, en algunos sentidos insuperables, pero quienes las firmaron eran humanos y no dioses. Siempre hay un terreno inculto que seguir trabajando cuando uno se acerca al pasado y siempre hay nuevas preguntas.

¿Se trata de un tema que sigue interesando a los jóvenes?

Sin lugar a dudas. Basta con observar lo que sucede en las clases universitarias todos los días. Cuando se les propone a los alumnos la realización de un trabajo académico con tema libre, la abundancia de elecciones sobre la guerra civil y la dictadura es abrumadora. Hay otros temas que cada día despiertan más interés también, al menos entre los contemporaneístas, como son la transición a la democracia… pero la guerra civil y la dictadura siguen siendo los temas estrella.

¿Cómo fueron las relaciones entre poder y medios de comunicación de masas durante la dictadura?

Las relaciones fueron complejas y no pueden resumirse en un veredicto claro. Evidentemente la dictadura franquista trató de controlar los medios de comunicación sometiéndolos a su censura y uso propagandístico y, en gran medida, lo consiguió -sobre todo en los primeros años de la dictadura de Franco-. Sin embargo, también hay que tener en cuenta la rapidez con que evolucionaban las tecnologías de la información y la comunicación ya en estos años y la lenta capacidad de respuesta de los colaboradores de la dictadura, además de su torpeza en algunos aspectos.

¿Logró verdaderamente el franquismo el controlar la información?

El régimen de Franco no fue un sistema de control eficaz, aunque fuera cruel y tiránico, y se les escaparon muchas cosas. Un terreno que por ejemplo queda por investigar de manera más intensa es el surgimiento de las empresas periodísticas y la evolución de las ya existentes en tiempos de la dictadura, atendiendo a las pugnas entre las distintas familias franquistas (ACNP, Opus Dei, Falange) por controlar los medios de comunicación, no sólo en la disputa de las distintas cabeceras y emisoras de radio sino también en la formación de nuevos profesionales en las recién creadas escuelas de periodismo.

¿De qué modo se estructuraba la propaganda política?

La propaganda franquista no fue uniforme a lo largo del régimen; los intentos iniciales de crear un sistema moderno de propaganda, a imagen y semejanza de los nazis, quedaron sesgados una vez que Franco expulsó a los falangistas más puros de su gobierno. Y si bien, el ministerio de información y turismo cumplió algún papel al respecto a partir de los años 50, puede que pareciera más el tipo de propaganda institucional que hemos heredado que un sistema refinado de «control de conciencias». No olvidemos que el NODO era quizá lo más eficiente en ese momento, dada la escasa socialización de la televisión hasta finales de los 60.

¿Qué queda de la memoria de este régimen dictatorial en las nuevas generaciones españolas?

Toda generación tiene memoria; no es una cuestión de cantidad sino de calidad y, sobre todo, de significado. En realidad puede que nos encontremos ante las generaciones con más posibilidades de conocer con rigor histórico y profundidad analítica el pasado, por la mayor distancia con los hechos que existe, un abismo en el que las emociones y los recuerdos se van apagando y dejando paso a la historiografía. Pero también, porque en las últimas décadas se ha producido un avance intenso de la investigación, con acalorados y fructíferos debates. Al menos en el terreno de la alta investigación se ha hecho un trabajo excelente y los historiadores extranjeros que se acercan a nuestra historia así lo reconocen, sorprendidos por el nivel de refinamiento técnico y metodológico en algunas investigaciones.

¿El franquismo es un tema bien estudiado por la historiografía o, por el contrario, todavía necesita de un análisis más riguroso y menos contaminado?

Está bien estudiado, en algunas obras. Sucede como con la Segunda guerra mundial, un tema con punch editorial y que por lo tanto genera un amplio caudal de libros y producciones culturales. Claro que hay mucha mala literatura y hasta cierta pornografía que busca el éxito fácil con visiones provocadoras pero superficiales, pero si nos atenemos a la investigación estrictamente académica creo que se puede certificar que el análisis del franquismo no sólo ha mejorado en los últimos años sino que también ha contribuido a generar conceptos, herramientas de análisis y estrategias de investigación históricas que son importantes aportaciones no sólo para conocer ese periodo de la historia española, sino que se pueden aplicar a otras épocas y lugares.

En este sentido, ¿cuáles son los nuevos retos?

El problema, el desafío, es quizá en el terreno editorial y de la divulgación; tenemos que preocuparnos por ganar la batalle entre los best sellers y hacer visibles y más válidos los estudios rigurosos y no los estudios militantes, preocupados más por defender una postura política tomada de antemano que por analizar el pasado, preocupados más por juzgar el pasado (objetivo que no es propio del historiador) que por comprenderlo.

¿Hasta qué punto el mundo de la cultura y la intelectualidad fue cómplice de la dictadura o delator de la misma?

Hubo mucha delación y mucha complicidad. Sin la complicidad de una parte importante del mundo de la cultura habría sido imposible generar un discurso de legitimación de la dictadura; en algunos caso se trató de una adhesión sincera, pero en otras interesada, puesto que se ofrecieron muchas recompensas a los intelectuales y creadores que quisieron cantar las bondades de la dictadura. Demasiadas veces se nos ha presentado a los intelectuales y científicos como personajes desinteresados y ajenos a las luchas políticas, cuando no como luchadores por la libertad, sin matices. Las cosas son más complicadas y lejos de pretender una historia de buenos y malos, que juzgue y clasifique a intelectuales por su adscripción política, deberíamos ser capaces de entender que se puede ser un excelente poeta y un colaborador con una cruel dictadura, o que un liberal de toda la vida, que pudiera haberse presentado como republicano luego era capaz de traicionar sus ideas (o cambiarlas) por otras contrarias a la libertad.

¿Qué nuevos temas y enfoques se están abordando en lo referente al estudio del franquismo?

Las relaciones entre el poder y la cultura, la historia de la ciencia y de los intelectuales en el franquismo, la violencia política y la represión, los mecanismos de control social… son temas cada vez más populares en investigaciones recientes. Personalmente, creo que necesitamos hacer una reflexión sobre la economía; la manera en que la dictadura creó un modelo de desarrollo o modelo productivo que ha lastrado o condicionado nuestra sociedad posteriormente, y con carácter más general, deberíamos ocuparnos de los triunfos de la dictadura, significando esto aquello que Franco logró modificar para siempre en nuestro país, imposibilitando la recuperación de la senda del desarrollo moderno iniciada a comienzos de siglo XX. Con esto último no me refiero tanto a aquellas personas que en la transición no perdieron poder, en virtud de pactos y acuerdos y consensos, sino esa parte de la obra de Franco que todos los españoles hemos interiorizado y asumido y que puede ir desde sus políticas de vivienda hasta la presencia de la religión en la vida pública.

http://www.elmundo.es/la-aventura-de-la-historia/2015/02/13/54dc84ef22601d95228b4574.html