El varapalo a la historia de la maestra zamorana Justa Freire, referente de la pedagogía en España

El varapalo a la historia de la maestra zamorana Justa Freire, referente de la pedagogía en España

4.09.2021
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Desde 2018, el nombre de la maestra zamorana Justa Freire lucía en el popular barrio madrileño de La Latina. El gobierno de Manuela Carmena y Más Madrid decidían cumplir los requerimientos de la Ley de Memoria Histórica y retirar del callejero de la capital al general Millán Astray para sustituirlo por esta pedagoga referente en la educación española y ejemplo de las mujeres emancipadas de la época prefranquista. Pero las sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, tras la denuncia de la Fundación Millán Astray, la Fundación Francisco Franco y la Hermandad Nacional de Antiguos Caballeros Legionarios han borrado de un plumazo la historia de esta vecina de Moraleja del Vino, que formó parte de las Misiones Pedagógicas que llevaron a los pequeños pueblos de la España rural la cultura, a través de las bibliotecas y el teatro. 

Nacida el 4 de agosto de 1896 en Moraleja del Vino, donde sí tiene un parque y un monolito dedicado a su figura y labor educativa, Justa Freire estudiaba magisterio en la Escuela Normal de Zamora, para luego conseguir la plaza de maestra nacional en 1918, mismo año en que comenzaba su andadura como sindicalista en la Unión General de Trabajadores. Muy vinculada desde el primer momento con el mundo de la pedagogía, se dedicó a formar a otros docentes y compartía sus innovaciones a la comunidad educativa mediante publicaciones en la revista especializada en pedagogía ‘Escuelas de España’. La historia coloca a esta moralina como una de las pedagogas más innovadoras de las primeras décadas del siglo XX, en su búsqueda incesante por mejorar las técnicas educativas de la época.

Un afán que la llevó a formar parte de las Misiones Pedagógicas del gobierno de la II República, hasta su disolución con la llegada de la dictadura franquista. Un proyecto educativo y solidario que buscaba llevar la cultura a las zonas rurales a través, fundamentalmente, de las bibiliotecas populares y las representaciones teatrales.  Hasta el 31 de marzo de 1937, se crearon 5.522 bibliotecas, que sumaron más de 600.000 libros. Mientras que el Coro y Teatro del Pueblo realizó 286 actuaciones, y las Exposiciones Circulantes de Pintura del Museo del Pueblo llegaron a 179 localidades españolas. Además, estas misiones tenían una segunda parte de orientación pedagógica con visitas a escuelas para conocer su situación y posteriormente la celebración de cursillos para maestros, en los cuales se les enseñaba cómo dar clases a los niños. Y es que era uno de los grandes afanes de la zamorana, que viajó varias veces al extranjero para empaparse de otras metodologías de enseñanza, para implantarlas en España y que, a día de hoy, aparecen en los libros de pedagogía.
Las Colonias Escolares y posterior condena a prisión

A parte de su colaboración con las Misiones, la zamorana fue la primera directora del Grupo Escolar ‘Alfredo Calderón’, una institución de enseñanza libre, pública, laica y democrática, que siguió las ideas pedagógicas de la propia Justa Freire y donde se convertiría en una de las primeras mujeres españolas en dirigir a un equipo de docentes formado por hombres. Un centro que quedó clausurado en diciembre de 1936 por la Guerra Civil Española y que obligó a la zamorana a evacuarse junto a sus niños a Valencia. 

Fue en el Levante donde el acorralado ya Gobierno de la República pedía a la zamorana su colaboración en la creación y desarrollo de las conocidas como Colonias Escolares, donde la docente, junto a otros compañeros de profesión como Ángel Llorca (impulsor de las mismas), dieron refugio a los niños evacuados a territorios como Levante, Cataluña, el Aragón republicano, Cuenca, Albacete y algunas zonas de Madrid, a causa de los bombardeos, la falta de alimentos y la orfandad. Una institución que, además, cumplió una labor educativa muy importante y donde Freire jugó un papel vital, convirtiéndose en delegada nacional de las Colonias. Junto a Llorca se trabajó en la formación escolar de estos niños en base al ideario de la Institución Libre de Enseñanza y por el movimiento renovador internacional de la Escuela Nueva.

Pero con la llegada de la dictadura, el régimen franquista detuvo a la maestra zamorana, fue juzgada en consejo de guerra por «prácticas laicistas» y condenada a seis años de prisión en la cárcel de las Ventas. Pero ni estando presa se detuvo su ímpetu por educar y enseñó a leer y escribir a muchas de las internas del penal durante sus dos años de encarcelamiento. Y aunque la creencia habitual es que se la coloque como profesora de alguna de las 13 Rosas, también encarceladas en Ventas, su biógrafa María del Mar del Pozo Andrés explicaba en varias publicaciones que solo habían coincidido en el tiempo, pero que había sido la también maestra María Sánchez Arbós quien había formado a algunas de ellas, menores por aquel tiempo.

Tras salir de la cárcel, la docente zamorana trabajó en el Colegio Británico, lo cual compaginaba escribiendo artículos en la revista ‘El Magisterio Español’, hasta su muerte en Madrid a los 69 años de edad. Una vida que finalizó, según su biógrafa, «sin amargura ni odio» por todo lo que la Guerra Civil y la posterior dictadura le habían arrebatado, y que relata en su libro Justa Freire o la pasión de educar. La pasión de una maestra atrapada en la historia de España.

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