Extremadura contra el olvido

Extremadura contra el olvido

FOTO: Visita de familiares a las catas arqueológicas de la fosa común en Aceuchal (2019)

2025 llega a su fin. Ha sido un muy completo y enriquecedor en todos los sentidos. Como me suelen decir por aquí: No hemos parao…Y, siempre, digo lo mismo: Hay que aprovechar ahora que somos jóvenes. Entre unas cosas y otras el año ha sido un suspiro. He continuado dando a conocer la historia de nuestra tierra. Durante estos doce meses, incluso, de manera más profesional impartiendo charlas, algo que, aún hoy, mientras escribo estas líneas, me parece surrealista. He visitado lugares de la mano de profesionales que, durante mucho tiempo, fueron los autores de los libros que estudiaba en la carrera. ¿Quién me iba a decir que Esther Rodríguez me iba a hacer una visita guiada por El Turuñuelo? ¿O que Alonso Rodríguez me iba a dar una auténtica clase de historia en el yacimiento de Hornachuelos? Increíble. Por supuesto no quería olvidarme de los de siempre, de los miembros de La Gaceta Independiente o de Radio Senda, cuyas plataformas son un altavoz muy importante para dar a conocer las historias locales de nuestro entorno. No obstante, no quería despedir el año sin entrevistar a una persona que admiro por la labor perseverante que realiza, poniendo en valor la vida de las víctimas represaliadas de la Guerra Civil. En definitiva, un combatiente tenaz por la justicia social. Me refiero a Ángel Olmedo, acompañado, para la ocasión, por Chema Álvarez.

¡Hola, Ángel!, háblanos un poco de tu trayectoria.

Mi nombre es Ángel Olmedo Alonso, nací en Navaconcejo (Cáceres), en 1965. Soy Historiador, obtuve el Grado de licenciado en la Universidad de Extremadura con la Tesina: El Amigo del Pueblo: Un modelo de prensa obrera. Azuaga, 1930-33. He publicado diversos libros como: El Anarquismo Extremeño frente al poder, (1997). Espacios, Lugares y Personas de la Guerra Civil en la provincia de Badajoz, (2005). Guerra y represión: Las fosas de Escurial y Miajadas, 1936-2009, (2010), (Coord.). Llerena, 1936. Fuentes orales para la recuperación de la memoria histórica, que fue Premio “Arturo Barea 2009”, (2010). Arroyo de San Serván en el contexto de la II República y la represión franquista. Excavación de la fosa de “El Valle”, (2015), (Coord.). Excavación de una fosa común. República, guerra y dictadura franquista en Villanueva de la Serena, (2021), (Coord.).

He sido director de los Campo de Trabajo “Recuperación de la Memoria Histórica” entre 2003/2019. Junto con José Manuel Corbacho, he dirigido el programa Extremadura en el Espejo de la Memoria: 80º Aniversario de la Guerra Civil: Los Yunteros de Extremadura (1936), así como el proyecto Tras las huellas de la Memoria en Extremadura sobre el proceso de recuperación de la memoria histórica en Extremadura que ha recorrido más de 50 localidades. Con Chema Álvarez, he impartido cursos en Centros de Profesores y Recursos (CPR) sobre “memoria histórica y currículo” y organizado “rutas por lugares de la memoria” en Badajoz, Mérida, Medellín, Llerena y Montijo, entre otras.

-¿Cómo comenzó tu andadura en la memoria democrática?

Realicé la licenciatura en Geografía e Historia, en la especialidad de Historia contemporánea en la Universidad de Extremadura. Allí me di cuenta que la mayoría de las veces se estudia a los grandes personajes y los hechos históricos destacados, pero pocas veces se presta atención a las personas sencillas que no han pasado a la historia, pero que vivieron o participaron de alguna manera en aquellos acontecimientos, y que dejaron sus huellas en los lugares donde vivieron, lucharon o murieron.

Yo aún viví el final de la dictadura de Franco y los años de la transición a la democracia, donde unos de los grandes olvidados fueron las víctimas de la dictadura y de la represión franquista. Curiosamente, hasta muchos años después de acabar la carrera de Historia, no supe que mi abuelo materno había estado encarcelado acusado de colaboración “con los de la sierra” con los guerrilleros que se movían por el Valle del Jerte, y que el hermano de mi abuela paterna había sido encarcelado por ser el alcalde republicano de Navaconcejo cuando se produjo el golpe de Estado de 1936. Eran temas que no se hablaban en casa, pero por casualidad con otras investigaciones, di con la documentación de los consejos de guerra a los que fueron sometidos.

– Has participado en aperturas de fosas, ¿cómo se vive algo así?

Formé parte del grupo de personas que en el año 2002 creamos la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura (ARMHEx), al año siguiente, en 2003, abrimos la primera fosa común con metodología científica, con un equipo de arqueólogos, antropólogos e historiadores. Se trataba de la mina de “Valdihuelo”, entre San Vicente de Alcántara y Alburquerque, donde los testimonios orales señalaban la existencia de un lugar de represión franquista donde fueron arrojadas, entre otras, la esposa del alcalde republicano de Alburquerque, Serafina Roca y Carmen Delgado Vicente, la maestra de dicha localidad. Aquella experiencia fue muy impactante, Rosa Casanova Roca, la hija de Serafina, había vivido en el exilio en Francia y luego en Valencia, desde allí se vio para hablar con el alcalde de aquel momento, Ángel Vadillo, para tratar de recuperar los restos de su madre. En el verano de 2003 entre la ARMHEx y la Dirección General de Juventud se puso en marcha una experiencia novedosa, que se denominó “Campo de Trabajo para la Recuperación de la Memoria Histórica. Un grupo de profesionales contaron con el apoyo de un grupo de jóvenes voluntarios/as que decidían pasar parte de sus vacaciones de forma solidaria para con las familias de las víctimas en tareas de excavación arqueológica e investigación histórica. Una forma de convivencia durante quince días con una lección de historia viva, de ir descubriendo día a día lo que había sucedido y escuchar los testimonios directos. Pensar que esos restos que estábamos sacando era los familiares de esas personas que nos estaban contando lo que había pasado y poder contribuir a reparar su dolor era muy gratificante para todo el grupo. Esa experiencia dio origen a otros campos de trabajo en Talarrubias, Llerena, Mérida, Escurial/Miajadas, Cabeza la Vaca, Santa Amalia, Villanueva de la Serena, Olivenza, Aceuchal…. De esa experiencia han salido luego una gran cantera de personas que, desde la historia, la arqueología, la antropología, el periodismo y otros ámbitos, han seguido peleando en el terreno de la recuperación de la memoria histórica.

– Hace unos meses, Chema Álvarez y tú, presentasteis el libro “Extremadura contra el olvido”, ¿cómo se forjó? ¿Qué se pretende con esta obra?

En las páginas de este libro Extremadura contra el olvido. Historias de memoria y resistencia, publicado por la editorial Jarramplas, se recogen casi una treintena de historias a modo de capítulos breves, como la que la tiene por elemento central la transmisión de la Memoria Histórica a través de los testimonios orales; otras que se centran en los lugares de la memoria como testigos de la Historia. También relatos de extremeños y extremeñas que lucharon en la guerra, que vivieron en la clandestinidad o que tuvieron que exiliarse.

Se trata de diferentes capítulos de la historia de Extremadura, poco conocidos, donde personas de diferentes ámbitos pusieron en marcha iniciativas que buscaban una sociedad más justa, desde el ámbito político, social, de la educación, de los derechos de las mujeres, la lucha por la tierra… dieron un paso adelante. Por desgracia, el golpe de Estado y la dictadura franquista hicieron todo lo posible para borrar de la historia y que no se conociera su trabajo. Así era más fácil hacer creer que los y las extremeñas habíamos sido siempre un pueblo callado y conformista frente a las injusticias. La editorial “Jarramplas” nos propuso la edición de libro y ahí estamos con un gran éxito, vamos por la tercera reimpresión.

FOTO: Ángel Olmedo en la presentación de Extremadura contra el olvido en la Feria del Libro de Mérida 2025

– Ambos sostenéis que, prácticamente, en Extremadura, no hubo Guerra Civil, ¿por qué?

Hay que tener en cuenta que, excepto Badajoz, Cáceres y Plasencia, en Extremadura apenas había tropas del ejército. Es conocido que tras el golpe de Estado del 17/18 de julio de 1936 casi toda la provincia de Cáceres quedó bajo control rebelde. En el caso de Badajoz, a partir de los primeros días de agosto de 1936 los golpistas desde Sevilla inician la conquista militar de la provincia de Badajoz. Contaban con el apoyo del ejército de África, las tropas experimentadas en el control de los pueblos del Marruecos bajo control español y con el armamento más moderno. Era un “ejército de ocupación”, según sus documentos oficiales. En su avance contarán con el apoyo logístico suministrado por Hitler y Mussolini, fundamental para un desarrollo rápido. Las operaciones de la aviación sembraban el terror antes de entrar a sangre y fuego en los pueblos.

Enfrentamientos de cierto calibre solo hubo el intento republicano de parar el avance rebelde en las cercanías de Los Santos, aunque las milicias republicanas tuvieron que retirarse. Monasterio, Llerena, Zafra, Villafranca de los Barros, Almendralejo, Mérida… fueron cayendo una tras otras y dejando cientos de víctimas. Quizás la más conocida fue la ocupación de Badajoz por la transcendencia que tuvo a través de los periodistas como el portugués Mario Neves o las imágenes del francés René Brut que dieron cuenta de la brutalidad con la que actuaban.

Tras la ocupación y consiguiente avance a la siguiente localidad, en la retaguardia se quedaban encargadas las fuerzas locales afines a los golpistas para las tareas de “limpieza”, es decir, más muerte y represión: alcaldes, concejales, sindicalistas, maestros/as, esposas e hijas…. Cualquiera que pudiera cuestionar el nuevo régimen o fuera familiar, podía acabar en una cuneta. Es conocido el trabajo de nuestro paisano Francisco Espinosa sobre la “Columna de la muerte” (Crítica, 2003), ya el nombre es sintomático del objetivo de estas fuerzas.

A partir de agosto, casi toda la provincia de Badajoz estaba bajo control rebelde, solo una parte de La Serena y de La Siberia quedaban bajo dominio republicano. El número de víctimas de la represión franquista ascendió a 14.000 (cifras que siguen aumentando a medida que aparecen nuevas investigaciones, puesto que muchas de estas muertes no fueron inscritas en los registros civiles). En la zona republicana se cifró en 1.600 personas (estas cifras prácticamente no se han movido, pues son conocidas ya que le franquismo en los años cuarenta puso en marcha la “Causa General” para culpabilizar a los republicanos y buscar/reparar a las víctimas causadas por la represión republicana). Estas víctimas fueron enterradas en los cementerios con honores, sus nombres se inscribieron en placas y se dedicaron calles, fueron recompensadas sus familias con empleos y ayudas públicas. En cambio, las otras víctimas, hasta el final de la dictadura no se pudo empezar a romper el silencio sobre la represión franquista, familias obligadas al silencio por un régimen de terror que nació y murió matando.

– ¿Qué supone para Extremadura la aprobación de la Ley de Concordia y la derogación de la Ley de Memoria Histórica y Democrática?

Es un grave paso atrás en lo que habíamos avanzado hasta ahora. Es una copia de otras leyes similares en otras comunidades autónomas que tratan de traer al presente el revisionismo franquista. La propia ONU ha señalado que las leyes de “concordia” podrían invisibilizar las graves violaciones de derechos humanos” cometidos durante la dictadura. Esta ley aprobada en Extremadura por el PP y VOX es buena prueba de ello, no condena el golpe de Estado, ni la dictadura, y equipara a las víctimas con sus verdugos. Amplía el marco temporal desde 1931 hasta la actualidad, lo cual es una barbaridad, equiparar a un régimen democrático como el de la II República con un régimen fascista como el de Franco. Esta ley de “concordia”, impone trabas a las exhumaciones, como tener que pasar por una especie de tribunal que se reúne cada tres meses y otros obstáculos. Ya no se perseguirá la apología del franquismo, elimina la perspectiva de género y la represión específica sobre la mujer y otros colectivos como el LGTBI. La enseñanza de la memoria histórica sale de las aulas y desaparece toda referencia al estudio, conocimiento y reparación a las víctimas. Por otro lado, han metido con calzador en esta ley a las víctimas del terrorismo (cuando ya existen leyes específicas). Por el contrario, excluye y margina a las asociaciones y colectivos memorialistas y quedan coaccionadas para acatar la nueva ley. Esto contrasta con el papel fundamental del movimiento social construido durante años en torno a las asociaciones memorialistas y cientos de familiares en el movimiento.

– ¿Dónde reside la importancia de la memoria histórica para el presente y las nuevas generaciones?

Nosotros decimos que la cuestión de la “memoria histórica” no es una cuestión de partidos políticos, es una cuestión de derechos humanos, de conocer nuestra historia más reciente, de prestar el necesario apoyo a las víctimas y como garantía para el mantenimiento de las libertadas democráticas. La memoria histórica no es simplemente un ejercicio de recordar datos o fechas, ni tampoco es un acto de nostalgia. Es, fundamentalmente, una herramienta cívica y ética que conecta el pasado con el presente para construir un futuro más sólido.

– ¿Dónde os podremos ver próximamente presentando Extremadura contra el olvido?

Pues estamos recorriendo muchas localidades de nuestra región, en enero estaremos en Ribera del Fresno, Villafranca de los Barros y otras localidades próximamente.

Muchísimas gracias, Ángel. Estaremos atentos a las futuras presentaciones y allí estaremos, por la memoria de las víctimas. Verdad, justicia y reparación.

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