Las tres granadas halladas en el Realejo se podrían corresponder con el intento de acabar con la vida del general Varela en septiembre de 1936, cuando estableció en Córdoba su cuartel general

Desde hace semanas, los obreros remueven las entrañas de un palacio en el corazón del Realejo de Córdoba que llevaba décadas abandonado. La Casa del Marqués de Santa Ana se va a transformar en un hotel de cinco estrellas. En los trabajos de demolición y limpieza, el lunes un obrero se encontró con una granada, con la anilla puesta e intacta. Este miércoles, el mismo obrero se encontró una segunda. Cuando llegaron los Tedax hallaron una tercera.
Son granadas y no bombas de aviación. Y no llegaron a explotar. A falta de una investigación más profunda sobre qué hacían allí, lo que los Tedax de la Policía Nacional tienen claro es que son de la Guerra Civil. Y lo que ocurrió en La Casa del Marqués de Santa Ana del casco histórico de Córdoba es que el Ejército de la II República quiso matar al jefe del Ejército de Operaciones de Andalucía, mano derecha de Queipo de Llano y posteriormente nombrado por Franco ministro del Ejército: el bilaureado general José Varela, uno de los militares golpistas del 18 de julio de 1936.
En los primeros días de septiembre de 1936 el propio Varela se trasladó a Córdoba, donde instaló su cuartel general. La ciudad le donó el antiguo palacio del Marqués de Santa Ana (en cuya fachada hubo una placa que recordaba que vivió allí hasta que fue retirada por orden del Ayuntamiento en el año 2011). En esos primeros días los aviones republicanos sobrevolaron la ciudad y lanzaron varias bombas sobre el palacio. Según la prensa de la época, las bombas cayeron en su jardín. También en zonas de alrededor. No está claro si fue ese el ataque que afectó a varias viviendas de alrededor, ya que constan daños en una casa del Realejo que estuvo años en ruinas (hasta que se reformó la calle y se expropió el solar), en un callejón junto a Pedro López, en la calle Roelas y también en Ruano Girón (hoy Jesús del Calvario).

Los informes de la época no son muy detallados, pero sí que se sabe que en los primeros meses de la Guerra Civil se usaron los pocos aparatos que habían caído del lado de la República y que eran muy antiguos. Tanto que no podían transportar bombas de mucho peso. Sí con entidad suficiente como para causar estragos. Constan graves daños y víctimas mortales en aquellos primeros bombardeos. Y se sabe que de una manera similar a lo que ocurrió en la Primera Guerra Mundial también se arrojaron granadas de mano.
Entonces, eran aviones que volaban bajo y que se aproximaban a sus objetivos a ojo. Y que arrojaban sus municiones incluso con las manos, sin abrir compuertas. Muchas fallaban. Fue lo que ocurrió el 10 de septiembre de 1936, en uno de los bombardeos más conocidos de Córdoba. Ese día se arrojaron más de medio centenar de proyectiles sobre la ciudad. Una bomba cayó en el tejado de la Mezquita de Córdoba, pero no llegó a explotar.
En los primeros días de septiembre, Varela dirigía desde la ciudad la batalla de Córdoba. Son las jornadas en las que Robert Capa y Gerda Taro visitan el frente en Espejo y hacen la famosa foto del miliciano. También cuando pocos días después retratan la huida de refugiados en Cerro Muriano. Las tropas que empujaban eran las de Varela, que trataba de levantar el cerco que el general Miaja había establecido sobre la ciudad, incapaz de tomarla.
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La prensa de la época señala la presencia de espías republicanos en Córdoba que informaban sobre la residencia exacta de Varela. Tanto que los aviones fueron a buscarlo e intentaron acabar con su vida, sin éxito. Varela siguió vivo y Córdoba se mantuvo en manos del Ejército franquista hasta el final de la Guerra Civil. El general participó en innumerables batallas durante la contienda y posteriormente fue nombrado ministro por Franco. Pero acabó dimitiendo, acusando al propio Franco de entregar todo el poder a los falangistas. De hecho, acabó sufriendo un atentado.




