El colectivo Besnets per la Dignitat, que agrupa a los familiares, insta a las instituciones a reconocer la existencia de estas víctimas.Casi todos murieron por desnutrición y las malas condiciones higiénicas de las instalaciones, según la investigación impulsada por Memòria Democràtica de la Generalitat.

Àlex Romaguera Barcelona––Actualizado a
Sólo durante la Guerra Civil, entre los años 1936 y 1939, unas 5.700 personas murieron durante su ingreso en alguno de los psiquiátricos catalanes, la mayoría por desnutrición. Así consta en la investigación que el historiador Marcos Robles ha realizado por encargo de la Direcció General de Memòria Democràtica, dependiente del Departament de Justícia de la Generalitat.
Del trabajo de Robles, elaborado a partir de los datos que constan en los registros civiles adscritos a los psiquiátricos, se desprende que más de la mitad de estas defunciones -concretamente 3.200- se produjeron en el psiquiátrico de Sant Boi, una de las instalaciones más grandes del Estado. En él iban a parar la mayoría de las personas diagnosticadas con alguna enfermedad mental en Catalunya y otras zonas del Estado.
Una de las personas que falleció en Sant Boi es Ruperto Blanco García, cuyo nieto, Antonio Blanco, conoció su destino por casualidad. Investigando el árbol genealógico, averiguó que su abuelo había desaparecido, pero nunca pensó que hubiera estado en el sanatorio del Baix Llobregat, teniendo en cuenta que era de una pequeña localidad situada al sur de Soria. “Sólo recordaba que mi padre se había dirigido a Sant Boi porque necesitaba un papel para la boda de mi hermana”, explica.
Pero este detalle, y más tarde una carta de su prima donde narraba que el abuelo había muerto el 18 de enero de 1938, hizo que atara cabos: “Me dirigí al registro civil de Sant Boi y allí me certificaron que el abuelo había muerto por caquexia, diarreas y desnutrición, y que lo enterraron en la fosa del cementerio”.
Si Ruperto había ingresado en el sanatorio de Sant Boi era, simplemente, porque el municipio tenía un acuerdo con la Diputación de Soria para recibir pacientes de esta zona de Castilla y León, ya que entonces no existían más centros psiquiátricos en el Estado. “Había uno en Ciempozuelos, pero era para militares”. Con otros 18 enfermos, Ruperto había sido trasladado a Sant Boi a finales de julio de 1936. “Entonces tenía 44 años y en la última hoja del registro que me facilitó el Archivo del Parc Sanitari de Sant Joan de Déu, fechada de febrero del 39, consta que efectivamente murió el día 18 de enero del 38”.
Con esta información, Antonio Blanco, establecido hace años en Barcelona, se puso en contacto con Besnets per la Dignitat, la plataforma impulsada por el tarraconense Francesc Martínez y otros familiares de personas que vivieron experiencias similares en el psiquiátrico Pere Mata de Reus, en el Instituto Psiquiátrico de Sant Andreu o en el mismo psiquiátrico de Sant Boi, donde durante la Guerra Civil, miles de hombres y mujeres perdieron la vida por circunstancias ajenas a su afección psicológica.
Muertes por desnutrición
De acuerdo con los expedientes obtenidos por Marcos Robles, casi todos murieron por desnutrición y las malas condiciones higiénicas en las que se encontraban las instalaciones, además del abandono del que eran víctimas. Así lo revela la documentación extraída de los respectivos registros, según los cuales la implicación de la Generalitat en la guerra hizo que enviara algunos facultativos al centro logístico y sanitario en que se convirtió el hospital Pere Mata, provocando que el psiquiátrico de Sant Boi quedara escaso de profesionales y no llegaran ni los alimentos ni los medicamentos necesarios para atender correctamente a las personas ingresadas.
Esta desatención, añadido al desorden burocrático que se vivía entonces, propició también que el sanatorio no notificara las muertes a los parientes directos. “Muchas familias ignoran cuál fue el motivo exacto de la defunción y, aún menos, dónde fueron enterrados, ya que el psiquiátrico se inhibía de comunicarlo”, indica Blanco, para quien “sea como sea, todos los expedientes obtenidos prueban que, quienes morían en Sant Boi, eran conducidos directamente a la fosa que hay en el cementerio”.
Antonio Blanco: “Muchas familias ignoran cuál fue el motivo exacto de la defunción”
En el caso de su abuelo Ruperto, los forenses debían notificarlo a su abuela. “Pero el hecho de que el abuelo proviniera de una pequeña población situada a 600 km de distancia y que en la guerra estuviera en manos de las tropas franquistas, probablemente lo impidió”, sostiene Blanco, que tras indagarlo, ha sabido que la Diputación de Soria tuvo conocimiento de ello ya pasado el año 39.
Dignidad sin demora
En el marco de Besnets per la Dignitat, Antonio Blanco quiere relatar el periplo de un colectivo que, por el escaso interés público y el estigma social del que eran víctimas las personas con enfermedades mentales, ha quedado al margen de cualquier política de reparación y reconocimiento institucional.
Ha sido la investigación de Marcos Robles, a instancias de la Dirección General de Memoria Democrática, quien ha desvelado la situación, la cual ha tomado cuerpo después de que Francesc Martínez se dirigiera a los medios para explicar que su bisabuelo Josep, vecino de Tàrrega, también había muerto como el abuelo de Antonio Blanco. “Al ver que no quedaba acreditado que estuviera en el cementerio, hablé con el director del Archivo Histórico Municipal de Sant Boi, Carles Serret, y allí supe que se encuentra en la fosa común y que había muerto en 1938”, ha explicado.
Ante esto, Martínez y otros familiares del Baix Camp fundaron la plataforma Besnets per la Dignitat, la cual ha comprobado como casi todos los internos morían por marasmo, enterocolitis, caquexia, diarreas, colapso físico u otras afecciones derivadas de la desnutrición. En ningún caso, pues, por la enfermedad mental que los había llevado allí.
Besnets per la Dignitat centra sus esfuerzos en que las autoridades difundan esta historia ocultada por el relato oficial
Hoy, Besnets per la Dignitat centra sus esfuerzos en que las autoridades difundan esta historia ocultada por el relato oficial. “No se trata de buscar responsabilidades o culpables, sino sacar del silencio unos hechos que nunca deberían repetirse”, indica Blanco, que valora el papel que está teniendo la plataforma impulsada por Martínez. “De momento, se ha conseguido que el Ayuntamiento de Sant Boi haya acordado dignificar la fosa común del cementerio donde reposan la inmensa mayoría de muertos, y que, junto a la Generalitat, se haya comprometido a señalar este espacio en un acto de homenaje”.
A criterio de Antonio Blanco, reconstruir estos episodios es el objetivo central de los familiares, además de vehicular de forma telemática las peticiones de otras personas que, por una razón u otra, también intuyen que sus parientes murieron en aquellos equipamientos abandonados a su suerte.




