Hallados en la estación de San Roque los restos del farmacéutico, su familia y la empleada, ejecutados
Ayer, fueron localizados en la Estación de San Roque, los restos del farmacéutico Diego Pitaúa Infante, junto con los de dos de sus hijos e Inés, la limpiadora de su establecimiento. El investigador Ignacio Trillo, que seguía la pista de este represaliado por los golpistas, en 1937, se desplazó ayer hasta la fosa, junto a la que el arqueólogo Jesús Román, que ha llevado a cabo la excavación, le trasladó algunos de los pormenores que se reflejan en los cadáveres, «como las gafas que llevaba puesto el boticario o los impactos de los disparos que recibieron».
Los tres cuerpos de los varones se encontraban posicionados en una orientación y la de la mujer, en la contraria. Como documentó en su día Juan Ignacio Trillo Huertas, en su libro «Memorias antropológicas sobre la sanidad campogibraltareña (1910-1960)», publicado en 2023 por la Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar y la Diputación Provincial de Cádiz, Diego Pitaúa Infante (Estepona, 23 de febrero de 1879— Estación de San Roque, 3 de febrero de 1937),
Su familia procedía de Estepona y se estableció en Jimena, junto a su esposa, María Troyano Marmolejo, con la que tuvo cinco hijos (José, nacido en 1909; Francisco, en 1912; María, en 1915; Antonio, en 1918 y Diego, en 1923): «Supuestamente, durante la II República, la familia simpatizaba o militaba en Izquierda Republicana, partido de don Manuel Azaña», apunta Trillo.
«Todo un halo de misterio envuelve lo que le sucedió a esta familia tras el golpe de Estado de julio de 1936, ya que tres de sus miembros fueron asesinados. Ningún descendiente ni familiar, hasta ahora, ha querido dejar huella de lo que aconteció, y quienes actualmente viven de segunda y tercera generación tampoco se han abierto para relatarlo», comentó Trillo, en dicha obra.
Las investigaciones, a partir de numerosos testimonios, llevan a creer que, ante la toma de Jimena por los insurrectos dirigidos por Francisco Franco, «esta familia huyó a su pueblo natal de Estepona y, disponiendo de casa y parientes, allí se quedó por sentirse seguros, incluso tras la toma de esta ciudad malagueña por las tropas franquistas, sucedida el 14 de enero de 1937».
«A continuación, la pista se pierde cuando, al parecer, un allegado a la familia que bien conocían llamó a la puerta del domicilio esteponero y requirió, con cierta urgencia e insistencia, al boticario y a los dos hijos que se hallaban en ese preciso momento almorzando, a que los esperaba un amigo, posiblemente de Jimena, en la calle para decirles una cosa muy importante. Atendieron la petición y, a partir de ese instante, no se volvió a saberse nada de los tres que bajaron. El siguiente paso lleva a los paredones del cementerio de la Estación de San Roque, donde son ejecutados tanto el padre, técnico de farmacia, como el hijo mayor José y el que le sigue, Francisco, al igual que la encargada de la limpieza del establecimiento, Inés Parra Rondón, vecina de la Estación de Jimena, viuda, de 43 años, que dejó tres hijos huérfanos: José, Andrés y Lola. Tuvo lugar sin formación de causa judicial alguna. Sucedió el tres de febrero de 1937, lo que indica que no fue producto de la toma de la capital malagueña, sucedida cinco días después, ni tampoco del retorno posterior a Jimena cuando, conforme fueron regresando, serían numerosos los jimenatos que irían siendo ejecutados, pero en el paredón lateral a la entrada del cementerio del Castillo de Jimena; ninguno en la Estación de San Roque».
A partir de ahora y siguiendo el protocolo al efecto para asegurar todos estos extremos, se procederá a la toma de muestras a sus descendientes ya localizados en la Estación de Jimena, en Estepona, Jerez y Madrid.




